L’année dèrnier á Marienbad (Alai ns Renais, 1960): La película de Schrödinger

Digo de Schrödinger porque “El año pasado en Marienbad” es, y no es a la vez, una obra maestra y una tomadura de pelo/anuncio de perfume de dos horas. Ambas opciones coexisten y ninguna se convierte en certeza hasta que se abre la caja, es decir, hasta que el espectador se expone a su celuloide y el gato aparece muerto o vivo.

Yo la he visto varias veces en un fin de semana y he llegado a ambas conclusiones: es muy posible que el asunto sea menos profundo de lo que nuestras mentes calenturientas de cinéfilos pertinaces pueden construir rellenando los huecos, pero sin duda es un ejercicio fascinante de narrativa y, por encima de todo, una pilotada sublime de puesta en escena que quizá no se pudiera haber hecho en una película de argumento tradicional, trabada por las necesidades lógicas de una historia lineal. Y lo que es más, permite tantas interpretaciones que es un cheque en blanco para nuestra imaginación: el pistoletazo de salida para que los lugareños anti cabos sueltos saquen las antorchas y las horcas a pasear, y para que los soñadores echemos a volar.

Marienbad pour femme!

Antes de entrar en interpretaciones, al César lo que es del César: si algo se puede sacar en claro de este viaje en travelling onírico y surrealista a través de los recuerdos y los deseos, es que el tiempo no existe: todo está ocurriendo siempre de manera simultanea y en bucle.

Dicho esto, que no es poco, se  habla bastante de su legado (desde “El ángel exterminador” de Buñuel a “Inland Empire” de Lynch; y yo añado “In the mood for love” de Wong Kar-Wai) y sin embargo, no he visto por ahí (tampoco me he leído todo el Internet, claro…) que se la compare con una película anterior: “Vértigo”, de Alfred Hitchcock.

Y a partir de aquí mi teoría podría ser un spoiler (si tal cosa es posible con esta obra compleja y extraña), así que ved primero este imprescindible de la historia del cine, aunque sólo sea para reíros de mi teoría, que para eso sirven las teorías principalmente: para que otros las desautoricen.

Y es que a mí, “El año pasado…” me ha recordado sobre todo a “El lago de los cisnes”. Nuestro protagonista, el atribulado X (y al que yo llamaré Sigfrido), conoció hace un año a una mujer vestida de blanco a la que llamaremos A (parece que casada pero cuya relación con M, ese personaje siniestro que de alguna forma la domina, no está en absoluto clara) y con la que tuvo un affair en un extraño balneario y ahora intenta un año después que esa misma mujer, pero vestida de negro, recuerde su promesa de huir con él. Me vais a perdonar, pero la mujer de la que él se enamoró era Odette, y a la que trata de persuadir ahora no es otra que Odile (lo que convierte al tío siniestro en Rothbart).

¿Y qué tiene todo esto que ver con “Vértigo”? Pues todo, porque tanto en la película de Resnais como en la de Hitchcock, Odile quiere quedarse con Sigfrido, pero tiene mala conciencia: le está engañando haciéndose pasar por otra (que está muerta y de cuya muerte ella es cómplice), y quisiera ser amada por él tal y como es, cosa que nunca ocurrirá.

La muerte del cisne

Podría haberme extendido dando detalles que justifiquen mi teoría, pero lo considero innecesario ya que estamos ante una película en la que la forma importa más que el fondo, en la que el juego de espejos y simetrías entre escenas siempre inspira una dualidad, y en la que el juego de las cerillas puede esconder un enigma aritmético asociado a la trama  o ser simplemente un McGuffin muy molón.

Pero eso sólo lo sabréis si abrís la caja.

Crónicas de Seminci

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Mi tercer año consecutivo en Seminci y en Valladolid me ha dejado, como siempre, el buen sabor de boca que deja el Ribera del Duero. Llegué a la capital castellano-leonesa el jueves a la hora del aperitivo, donde Gizmo Pucela, uno de los personajes estrella de la ciudad (detrás de ese pseudónimo también hay un pedazo de tío con un gran corazón y un talentazo de escritor), que me recibió con los brazos abiertos y las copas llenas, y me propuso probar unas deliciosas carrilleras en Nuestro Bar.

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Más tiernas que el día de la madre.

En plena polémica por la declaración como cancerígena de la carne roja, decidimos completar la comida con sendas raciones de rabo de toro en Los Zagales, uno de los restaurantes más recomendables de una ciudad en la que casi todo es recomendable.

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Me ahorro los chistes, ¡mentes sucias!

Después de amenizar la sobremesa con unos gintonics, acudimos a la gala del ciclo “Cine y Vino” de Seminci que tenía lugar en el LAVA. Una mesa redonda en la que se comparó ambos placeres, mucho más próximos de lo que podríamos pensar a primera vista.

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Después de la gala, pensamos que una cena ligerita sería mejor digerida, así que nos dirigimos hacia Estación Gourmet, un espacio cercano a la estación en el que, a la manera del madrileño Mercado de San Miguel, se han habilitado diferentes opciones gastronómicas en un ambiente moderno (sí, de ese estilo hipster tan de moda), y allí probamos las croquetas de rabo de toro y las de boletus y trufa de La Croquetería Gourmet de Alberto Soto, un puesto en el que podéis encontrar una variedad impresionante de estas pequeñas delicias tan españolas.

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Crujientes y doraditas por fuera, y con una bechamel suave y llena de sabor en el interior.

El viernes por la mañana tocó peli en los Brodway. Dentro del ciclo dedicado a Finlandia, como país invitado al festival, pude ver “Open Up To Me”, un interesante drama sobre la transexualidad (y algunos otros aspectos sobre la sexualidad humana) totalmente alejado del folcrosismo con se suele abordar el tema en otros lares. Una historia emotiva que demuestra que todos somos muy parecidos a pesar de nuestras obvias diferencias.

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De vuelta al centro, tuve la oportunidad de ver la exposición “Iconos del Cine” de Sam Levy en la Sala Municipal de Exposiciones de las Fracesas. Setenta fotografías en las que los mayores iconos del cine, de Ingrid Bergman a Brigitte Bardot, exhiben su belleza casi inhumana desde un tratamiento de la luz “caravagiesco”. Una auténtica gozada y muy recomendable.

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Los vallisoletanos son así: convierten su legado religioso arquitectónico en salas de exposiciones.

Para el vino previo a la comida, un clásico pucelano: La Solana, un local de esos de toda la vida con decoración tipical Spanish, donde acompañamos el vino con un torrezno (eso como lo conozcan los americanos, a Homer Simpson lo tenemos infartao en dos temporadas).

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Para comer Guizmo escoge un asturiano, “Chigre” donde nos apretamos con ganas unos solomillos al cabrales y un secreto ibérico. Todo aderezado por supuesto con buen vino, como es de ley. Me temo que me bebí el vino antes de hacer las fotos…

Por la tarde otra película, esta vez una española, “El país del miedo”, dentro del ciclo de Cine Español. Es una producción extremeña que incide en las consecuencias del miedo, como actitud paralizante. A pesar de la buena interpretación de su actor protagonista, José Luis García Pérez, la historia está bastante lastrada por un metraje en mi opinión excesivo y redundante y por la propia actitud del personaje principal, abofeteable en grado sumo.

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Por la noche en lugar de cine tocó teatro. El estreno de “Sesión de medianoche”, un texto de Elena Pizarro, en la LaBienPagá Espacio Escénico, donde  me harté de reír con estas tres locas maravillosas (la propia Elena Pizarro, Eva Valdespino y Anahi Santos).

Tres amigas se vuelven a reunir después de muchos años sin verse en un viejo caserón en una noche de tormenta. Greta, la anfitriona, es una hippy loca perdida que empezará a comportarse de forma extraña para estupor de sus dos amigas; Sonsoles, una maruja y madre con blog de cocina y Luci, una de esas mujeres emprendedoras y hecha a sí misma. Diálogos chispeantes y muy actuales aderezados de morcillas descacharrantes y tres actrices que no pueden ser más naturales para una función divertidísima.

Después, unas cervezas y buena charla sobre cine y “películas bonitas” (hay que decirlo más) con la encantadora y talentosa Bea Hérnandez, locutora de radio y presentadora de la televisión de Castilla y León y con otro par de clásicos de Pucela: Marta y Luis. Buena gente donde la haya. Ya de madrugada, muchas risas con los hermanos Pizarro y su troupe.

El sábado por la mañana y de nuevo en los Broadway tocó una francesa: “Olivier, Olivier”. Dentro del ciclo Femenino Singular, esta película de Agnieszka Holland de 1992 ya la conocía, aunque no la había visto entera. Es curioso porque había visto parte en Canal + en mi juventud, y la recordaba porque uno de los protagonistas se parecía bastante a un chico que me gustaba en aquel entonces. Como veis, un criterio muy cinematográfico.

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Basada en hechos reales, narra la desaparición de un niño en una aldea francesa y su reaparición años después como un chapero adolescente. En principio parece un argumento truculento y propio de gustarle a mi madre, pero la película tiene un punto de realismo mágico que me gustó mucho. También me gustaron las interpretaciones, tanto las de los adolescentes, como las de los padres, típicos histéricos franceses (en serio, ¿qué pasa en el Hexágono que están todos como cabras?).

Tuve un rato para pasarme por la calle de la Pasión (me super encanta, aunque sé que se refieren a la de Cristo y no a la otra…) para ver la exposición ‘SEMINCI: Una historia de cine (1956-2015)’ en la que se podía ver un recorrido por la historia del festival.

Para quitar la sed que dan los paseos, más vino de la tierra con un pincho de anchoa en La Tahona que no tiene nada que envidiar a los que he probado en el norte.

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La combinación de boquerón, tomate seco y queso crema en el pan tostadito no puede ser más brutal.

Para comer volvemos a Los Zagales para probar otro par de pinchos premiados: la hamburguesa de lechazo y el Tigretostón, un trampantojo con forma de pastelito pero que tiene una sorprendente mezcla de texturas y sabores. No os desvelo de qué está hecho porque sería un spolier y la verdad es que merece la pena probarlo sin saber qué nos espera. Es una delicia culinaria de altísimo nivel. Tuve la suerte de poder felicitar a Toño, el chef de Los Zagales, en persona. Es un tipo de lo más afable que se ha formado con Ferrán Adriá y practica con soltura las técnicas más modernas sin perder la esencia de la tradición culinaria de la tierra.

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Tras una siestecita porque una es humana, me preparo para la Gala, a la que me acompañará el insigne Chuchi: un señor al que deberían fabricar en serie para que todas las mujeres pudiéramos tener uno. Un honor contarle entre mis amigos. En la gala y desde el palco, sesión fotográfica para que todo quede documentado.

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Presentada por Mara Torres y Melina Mathews (esta chica está abonada a los Festivales, porque también presentó en Sitges…) y amenizada con música de la pianista y cantante Cloe Bosco, la gala fue ágil y nada aburrida. Lo único que eché en falta es que en las pantallas se mantuvieran los nombres de los galardonados y sus películas (hay un montón de premios distintos y al final uno se hace un poco un lío). Más que nada para no tener que tener abierta una web con el Palmarés.

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La Espiga de Oro fue para la islandesa “Rams (El Valle de los Carneros)” y su productor, un tío muy majete,  se marcó un discurso en español muy divertido sobre las mutuas exportaciones de bacalao y vino. La espiga de plata recayó en “Mustang”, una peli sobre la situación de la mujer en Turquía con unas muchachas muy en plan “Las vírgenes suicidas”, pero con más razones para la rebeldía.

El momento hiper glamour de la noche lo puso Madame Binoche, con toda la clase de una gran estrella.

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Después de la gala, unas rondas más de vinos y pinchos, en particular os recomiendo los “Miguelitos” del Jabuguito. Bueno, en realidad el sitio se llama oficialmente “Sarmiento”. Unas deliciosas tostas de virutas de lacón y jamón (pero virutas en abundancia, no esos suspiros que te ponen en algunos sitios) con deliciosa salsa holandesa. No hay foto, pero es que la conversación estaba muy interesante y una no puede estar al sesgo de atribución disposicional y a las tajás…

El domingo era el día de vuelta, pero antes de coger el tren a Madrid, hubo tiempo de tomar un café con mi compañera de taxi, la actriz Ana Otero, que había presentado un premio durante la gala. Una mujer estupenda a la que le deseo la mejor de las suertes en sus próximos proyectos.

En fin, un año más una experiencia enriquecedora de la que me considero afortunada de haber podido disfrutar. Gracias desde aquí a Javier Angulo, director de Seminci, a la Sociedad Mixta para la Promoción del Turismo en Valladolid, a Guizmo Pucela y su equipo y a todos los amigos que me reciben con tanta hospitalidad en esa ciudad maravillosa a la que espero volver pronto y llevar a toda la gente que pueda, porque ciertas cosas se han de compartir.

¡Hasta siempre, Valladolid! (Hasta mayo, sin ir más lejos…)

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SEMINCI, 60 Semana Internacional de Cine de Autor (24-31 Octubre 2015): Películas destacadas

La Seminci homenajea en esta edición a Francis Ford Coppola, premio Princesa de Asturias de este año (que ha recogido hoy mismo en Oviedo). Mañana se podrá disfrutar en Valladolid de un maratón titulado “Coppola y alrededores” que consta de  “Finian’s Rainbow” (El valle del arcoíris) y “The Rain People” (Llueve sobre mi corazón), ambas dirigidas por Coppola, y “THX 1138”, de George Lucas, y “Hammett” (El hombre de Chinatown), de Wim Wenders, producidas por Coppola a través Zoetrope Studios.

Tanto Carlos Saura como Isabel Coixet presentarán en el festival sus últimas películas, dentro de la sección oficial pero fuera de concurso.

Saura estrenará “Zonda, folclore argentino”, otra aproximación a un estilo musical como ya hiciera con “Flamenco” o “Tango”, y con la participación de algunos de los grupos y músicos más destacados de ese país hispanoamericano.

Isabel Coixet hará lo propio en la Clausura con “Nadie quiere la noche”, con Juliette Binoche encarnando a Josephine Beary, la protagonista de una expedición al Polo Norte en 1908, cuando ésta fue en busca de su esposo, el explorador Robert Peary (más vale que el capullo lo mereciera…).

También fuera de concurso se presenta “Incidencias”, la tercera película de José Corbacho y Juan Cruz, una comedia negra en la que Lola Dueñas, Ernesto Alterio, Aida Folch, Imanol Arias y Rossy de Palma entre otros, será un grupo de pasajeros del AVE tendrán que pasar la Nochevieja en mitad de la meseta castellana por un corte de luz.

En competición, Pére Vilá presentará “L’Artèria invisible”, con Alex Brendemühl y Nora Navas interpretando a una pareja que retoma el contacto con un chico al que tuvieron en acogida y al que hacía tiempo que no veían.

Nora Navas hace doblete en competición al protagonizar también “La adopción”, de Daniela Fejerman, un drama sobre otra pareja que viaja hasta un país del Este para cumplir su sueño de ser padres.

Pero la joya de la corona será la película inaugural: “Dheepan”, la ganadora de la Palma de Oro en Cannes este año, dirigida por Jacques Audiard, el director de “De óxido y hueso”, que en esta ocasión narra una historia de un ex soldado que al ver próxima la derrota de su bando en la guerra civil de Sri Lanka, decide huir llevando consigo a dos extrañas (una mujer joven y una niña) con la esperanza de que le faciliten conseguir el asilo en Europa.

Un tema de máxima actualidad, por tanto, en este momento en que vivimos, para vergüenza de eso que llamamos humanidad, la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

La Seminci strikes back!

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Después de la sobredosis de maricas contra zombies de Sitges, del que no os he contado gran cosa porque sinceramente, no tengo tiempo, pero donde he disfrutado (la palabra es gozado, pero es que se usa taaaaaaaaaaaan poco este término fuera del contexto sexual, que da como corte) como una enana del regreso a ese pueblo de mi adolescencia donde descubrí la concupiscencia y los gofres belgas: once pelis de todo tipo y condición (por si al final no hablo de ella, no os perdáis “Le tout nouveau testament”, que es maravillosa), risas, buenas conversaciones y cervezas (no necesariamente en ese orden) con mi socio y room mate, Guardia Oscura, y hasta un bañito nudista en mi Mediterráneo de mi alma, en uno de esos momentos de comunión con la naturaleza que son casi espirituales (sin ser yo nada de eso). ¿Qué más se puede pedir?

Pues como soy una tía afortunada donde las haya, que además después te inviten a la Seminci para volver a disfrutar de Pucela, de sus preciosas calles y sus acogedores teatros, del buen vino y la buena comida de una oferta gastronómica impresionante, de la buena gente con cosas interesantes que contar y que además las cuentan con el mejor acento castellano que hayáis escuchado (el leísmo ocasional se les perdona si ellos me perdonan a mí mis ejques) y, como no, del mejor cine. Las cosas como son: yo soy más del cine de autor intimista que se podrá ver en Valladolid a partir del viernes que del cine ¿fantástico? de Sitges.

Pocas cosas hay que os pueda recomendar con más garantía de acierto que una visita a Valladolid en cualquier momento del año, y en particular en estos días de festival: me atrevo a decir que si lo probáis repetiréis. Si os animáis y estáis por allí ente el 28 y el 31, llamadme y nos tomamos algo.

Sitges 2015 – Love (Gaspar Noé, 2015): Je t’aime, moi non plus

La pretensión de Noé con “Love” es, ni más ni menos, señores y señoras, la de captar en el cine la esencia del sexo sentimental (el sexo con amor, pero dicho más pedantemente), cosa que jamás se ha conseguido (éste no ha visto “Dirty Dancing”…).

Esto se verbaliza tal cual os lo cuento en la propia película, por boca del protagonista, un aspirante a cineasta norteamericano, un gilipollas egoísta añado yo, del que casi lo único bueno que se puede decir es que tiene un buen rabo.

Prototipo del típico gilipollas que no sabe lo que tiene hasta que lo pierde en su momento “llorar en la ducha”.

Como Noé además de pretencioso y narcisista (el director galo -que igual es normando, vaya ud. a saber- se autoreferencia varias veces en la peli  hasta se da un papel para poder unirse a la orgía), es muy de contar historias con la cronología alterada, que eso siempre epata mucho al personal (ya lo hizo con “Irreversible”), el típico chico-conoce-chica empieza por chico-vive-una-vida-de-mierda-desde-que-perdió-chica y de a ahí vamos un viaje invertido con doble tirabuzón y corridas en 3D hacia el origen de esta histeria (sic) de amor entre Murphy, el gilipollas ya mencionado, y un cliché de mujer francesa cinematográfica de toda la vida: bella, sexy y espontánea, pero a la vez pura carne de psicoterapia (se llama Electra, no os digo más), excesiva e histérica. Vamos, lo que viene siendo la puta loca francesa que todos conocemos de cientos de películas.

Ya desde su estreno en Cannes quedó claro que la pretensión de Noé no se había hecho realidad, pero lo que no me imaginaba es que una película con tanto sexo explícito iba a ser tan mortalmente aburrida (y eso que me lo debería de haber olido después de aquello de “9 Songs”).

Para empezar es larga, pero larga nivel pesadilla y tenemos que aguantar toda las variedades de polvo que os podais imaginar entre esos dos insufribles, pero tanto en la ejecución del sexo en sí como en la forma de rodarlo, de la forma menos imaginativa posible (polvo pasional, polvo tierno mirándose a los ojos, polvo en el pasadizo donde violaron a la otra, polvo cabreado o polvo con rabia, polvo aquí te pillo aquí te mato en lavabo de discoteca, polvo ahora vamos a hacer un trío con la vecina que es nuestra fantasía de toda la vida, polvo orgía en plan ya nos volvemos locas, etc.). No sé, no creo que hiciera falta y un poco de capacidad de síntesis hubiera sido muy de agradecer después de dos horas de película.

¿A que no hay huevos a hacer un trío en modo estrellas de mar?”

En mi opinión, este melodrama pseudoerótico tampoco consigue que empaticemos con el protagonista y su agonía por haber perdido a la mujer amada (por gilipollas y por egoista, todo hay que decirlo). A mí lo único que me hizo algo de pupa en todo el metraje fue volver a ver cierto lugar muy concreto de la geografia parisina, a la sazón donde los dos tarados de marras se conocen y comienza su romance, para nuestro sufrimiento. Aunque obviamente de ese dolor no se le puede adjudicar el mérito a Noe, sino a otro gilipollas egoísta del que casi lo único bueno que se puede decir es que… ;p

Lo peor: 

A) Que no da para paja. Igual será que estoy en la cuarta glaciación, pero a mí me ha excitado entre poco y nada.

B) La utilización  abusiva de la música de Satie. Si en “Magical Girl” daba la pincelada que aportaba en un momento muy concreto una gran inquietud a la escena, aquí acaba agotando por su omnipresencia sin criterio aparente.

Lo mejor:

Que aunque por momentos os parecerá que no, al final se acaba.

Programación Sitges 2015 Vol. 1

No soy ninguna eminencia en el género fantástico y aún menos en el de terror (para eso ya está Guardia Oscura que será mi flamante cómplice de correrías en Sitges este año), pero como soy empollona y gafotas, pues hago los deberes para llegar preparada al festival y poder fingir que sé de qué va la vaina.

Maggie (Henry Hobson)

La temática zombie parece no estar agotada. Ahora nos llega en formato drama y con un sorprendente protagonista para este género: Arnold Schwarzenegger. ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Meryl Streep haciendo una de kung-fu? La verdad es que a la tía ya es casi lo único que le falta…

La peli, que ya se ha exhibido en varios festivales, ha recibido críticas diversas, pero en cualquier caso será interesante comprobar si Zunzunegui posee un registro dramático verosímil.

The Gift (Joel Edgerton)

Pues resulta que hay una productora llamada Blumhouse y que está especializada en pelis de terror como las sagas Paranormal Activity o Insidious, entre otras muchas (y una que no se podría considerar de terror pero que da bastante miedito y que es una mis favoritas del año pasado: el películón Whiplash) y que son los responsables de la producción de la primera película como director de Joel Edgerton, un actor australiano (también la protagoniza) si habéis visto Zero Dark Thirty o El Gran Gastby. Yo la verdad es que conozco mucho mejor al otro protagonista: Jason Bateman, al que pocas veces (vamos, ahora mismo me obligan los nazis a mencionar una y no sería capaz) hemos visto fuera de la comedia pura y dura.

Este thriller psicológico se me parece a esos típicos de los noventa con un amigo cabrón que primero es guay pero que luego te fastidia la vida a tope de gama. A ver qué tal…

Victoria (Sebastian Schipper)

Me apetece horrores esta peli alemana con protagonista española y rodada en un plano secuencia de 140 minutos. Se llevó el Oso de Plata en el pasado festival de Berlín y está siendo la sensación. Qué curioso que prácticamente haya coincidido con Birdman… Tengo que decir que me enloquece un plano secuencia: lo que implica de necesidad de planificación y ensayo los convierte siempre en un gran reto.

Life (Anton Corbijn)

Otra que seguro merecerá la pena es la última creación del ínclito Corbijn, ya sabéis, el famoso fotógrafo y director de videoclips que marcó estilo en los noventa, trabajando con los más grandes del pop-rock y siendo emblema de la imagen de Depeche Mode.

Con cuatro largometrajes en su haber (si no tenemos en cuenta sus películas puramente musicales), en esta ocasión dirige este drama sobre la amistad del fotógrafo Dennis Stock (Rober Pattinson) y el mítico James Dean (Dane DeHaan, que lo tiene difícil para emular su carismática y magnética personalidad) . No espero ninguna obra maestra, pero seguro que será interesante.

Cooties (Cary Murnion y Jonathan Milott)

Otra de zombies, aunque esta vez en clave de comedia (ya sabéis, zombedy!), con Elijah Wood y siendo los infectados los críos de un colegio y los protagonistas un puñado de profesores tratando de salvar sus vidas. ¡No me digáis que la metáfora no se las trae!

Espero que sea una gamberrada cachonda y políticamente incorrecta, francamente.

Continuara…

Sitges Film Festival 2015 (9-18 octubre 2015): “What’s in the fucking box?!”

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No se me ocurre mejor manera de aliviar este largo y gélido verano que con una terapia de choque superintensiva: inmersión salvaje en el cine fantástico y de terror, porque cuando se tiene mucho miedo, poco espacio queda para otros sentimientos, desde el vacío existencial al agobiante calor que no da tregua. Y de paso, me sirve de entrenamiento y preparación para el Festival de Sitges, que este año no se me escapa.

El inquietante cartel de esta edición, la 48ª del Festival Internacional de Cinema Fanàstic de Catalunya, homenajea a “Se7en” con ese trozo de cartón de la cajita-regalo con la que el adorable psicópata John Doe provoca la ira del Detective David Mills. Un peliculón al que siempre hay que volver y con el que Fincher creó escuela.

Ir desgranando la programación del festival, que se celebrará en octubre en esta ciudad catalana a la que guardo un cariño muy especial y recuerdos maravillosos de adolescencia y besos con sabor a gofre belga, y hacerme un ciclo con películas relacionadas me ocupará las próximas semanas. De momento os dejo con el teaser del festival para que se os vayan afilando los colmillos.

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Es oficial: Se me ha ido la olla a Camboya.

¿No os parece una banda sonora maravillosa para la transformación de una linda y dulce mujercita en la  implacable villana Furibunda, con super poderes psíquico-hormonales capaces de doblegar la voluntad de las tristes criaturas que se interponen en su camino? ¿Quién necesita super fuerza o la capacidad de volar si puede persuadir al bobo de Superman para que lo haga por ella con el sólo batir de sus pestañas? ¿Para qué esforzarse por controlar los metales si puede hacer que a Magneto le estallen las pelotas de deseo con la mera exposición a sus feromonas? Pobre, me lo imagino haciéndose unos calzoncillos de vibranium…

Tampoco son desdeñables sus capacidades para alterar la química orgánica de sus enemigos, como cuando provocó un síndrome premenstrual agudo en masa a sus archienemigos de la Moustache Gang (una organización criminal machista que actúa internacionalmente, os aviso), que acabaron llorando a lágrima viva con “Moulin Rouge” mientras comían helado de cherry cake. Fue una masacre.

Es viernes: os perdono la vida. Pero tened cuidado con lo que deseais.

Magical Girl: el cine pesadilla

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En definitiva el valor artístico de una obra no está sino en lo que deja en nosotros, lo que despierta, lo que conmueve (o lo que remueve). Esas puertas que se abren, aún en contra de nuestra infantil racionalidad que se niega incluso a aceptar su existencia, y después ya nada vuelve a ser igual. Así esta película de Vermut es un espejo que nos muestra el lado más oculto de nuestra propia perversa humanidad, una llave de la caja fuerte del subconsciente colectivo.

Como siempre que os hablo de una película que considero imprescindible, os recomiendo no pasar de aquí si aún no la habéis visto porque, aunque en este texto no haya spoilers, cualquier cosa podría condicionar el visionado y eso es algo que no me perdonaría. Especialmente en este caso.


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Into the Wooaaaahhhhhh [bostezo gigante]

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¿Alguna vez habéis ido a trabajar de empalmada y con resaca y los minutos se os han hecho horas y habéis tenido la impresión de estar atrapados en un infierno de bostezos en vuestra lucha por mantener los ojos abiertos? Pues es exactamente lo que se siente viendo este musical en el que nada tiene sentido.

Ni el argumento (es, oficialmente, la clse de película que “no saben cómo terminar”, hubiera sobrado con una hora para una crítica con ensañamiento, pero lo que es ensañamiento es alargar absurdamente algo hasta las dos horas cuando ya no le importa a nadie nada de lo que está pasando y, de querer algo,  sólo quieres que llegue el Apocalípsis para tener una excusa para dejar la película sin terminar), ni el tono (que carece de consistencia y uno no sabe si las cosas que ve van en serio o es ironía o le dio una apoplejía al guionista  y empezó a escribir escenas a boleo a ver si colaban -me la suda muy fuerte que esto sea un musical de Broadway maravillosísimo: como película es un truño memorable, ladrillo infumable y todo lo able que os podías imaginar-), ni las canciones (¿soy yo o en realidad es la misma única canción que se repite como una paranoia de ácido?) y ni la salva el volver a ver a Johnny Depp en la enésima y estomagante interpretación de extrafalario personaje con el que puede llevar su propia ropa de tarado excéntrico (pero ¿por qué no se casa de una vez con Helena Bonham-Carter y se mudan los dos a Loquilandia?????).

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“Quita, quita… Nada de diseño de vestuario, Rob. Ya tiro yo de fondo de armario y verás que bien queda…”

Por Dios, que nadie cometa el error de torturar con esto a su progenie. No sólo es un tostonazo traumático sino que dos horas de subtítulos es mucho pedir a un crío por muy listo que sea, (mejor llevadles a ver “El alcalde de Zalamea” que les hará más ilusión). Por no hablar de que os van a hacer preguntas incómodas porque hay cosas que un cerebro pre-púber es incapaz de asimilar.

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“Cari, vamos a ir acabando, que esta gente se querrá acostar…”

Muy mal, Rob Marshall. Fatal. Con “Nine” ya me decepcionaste. Yo que te veía como la gran esperanza blanca del musical tras “Chicago” y ¡va a resultar que eres un boicoteador dispuesto a cargarse el género! Dios, qué mal estoy de la conspiranoia…

En conclusión, que si tuviera que formular un deseo, sería este: “I wish…” olvidar este espantoso rollazo cuanto antes para no acabar odiando a Meryl Streep.