NBA All-Star Game: Ya no es lo que era

Me he enterado hoy de que estamos en el All-Star weekend. Hace una barbaridad de años que dejó de interesarme el tema del basket y, cuando he mirado las alineaciones de los equipos que se disputarán esta noche el trofeo en Los Ángeles, apenas me sonaban nombres más allá de Lebron James por la conferencia Este y Kobe Bryant y Gasol por la Oeste, así que los aficionados al baloncesto no esperéis que os haga una predicción sobre el ganador basándome en un análisis de la temporada que está haciendo este año cada cual y sus promedios.

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“¿Ves qué pinta de malotes? Pues verás cuando nos arranquemos con el Tango del Pabellón: Pop! Six! Squish! Uh-uh Cicero Lipschitz!”

Pero sí me ha recordado esa época de mi vida en la que me quedaba muchos viernes con mi hermano a dormirme en el sofá mientras él veía “Cerca de las Estrellas”, más que nada para tener algo que comentar después con los compañeros de la Escuela de Baloncesto: sí, aunque parezca difícil de creer, estuve varios años aprendiendo fundamentos de este deporte para el que, como os podéis imaginar por mi físico privilegiado, no estaba muy dotada (aunque os advierto que mejor no me retéis a una carrera porque soy muy rápida…)

Como recordaréis, en aquel entonces todo se decidía siempre entre Lakers y Celtics (y más tarde Pistons, hasta que los Bulls de Jordan lo acapararon todo durante unos años…). A mí me encantaba el equipo angelino y hasta estuve coladita por Magic Jonhson durante un tiempo y fantaseaba con casarme con él, vivir en L.A. e invitar a cenar a Charles Barkley (habría tenido más sentido Isiah Thomas, pero yo me decía que a mi mansión californiana invitaría a quien yo quisiera…).

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Aquí, posando cual comparsa: Los Ninios de los Ángeles, en el Teatro Falla

Todo esto fue bastante antes de que se supiera lo que le había pasado al pobre por ser un Follarín de los Bosques a Pelo (y de dejar a su esposa como Cornuda Universal: Shame on you, Earvin, shame on you…!).

Johnson & Isiah

“Muy amigos y to lo que tú quieras, pero te voy a meter un puro por lo de los tres chiítas que te vas a cagar…”

Pero ser de los Lakers era como ser del Real Madrid: demasiado fácil. Así que yo, que soy del Al’leti por un extraño impulso que me lleva a identificarme con aquellos que pocas veces consiguen lo que quieren (vamos, que Beck cuando escribió su “Loser estaba pensando en mí más que en él mismo…), me hice de los Hawks (y por ende, fan de Dominique Wilkins). Y así acabé hermanada con la bonita ciudad sureña que se quemaba en “Lo que el viento se llevó”, y no me hizo poca ilusión tener que hacer escala allí cuando viajé a San Francisco, aunque sólo pude verla al aterrizar y conocer su aeropuerto, claro (“So why don’t you kill me…?”).

Imaginaos la tensión durante los concursos de mates, siendo mi hermano tan del Madrid como de Jordan…

Lo que venía a contaros antes de que se me fuera la olla a Camboya es que, a día de hoy, la NBA a perdido mucho glamour. Igual soy yo, pero ya no hay gente tan carismática como entonces: Julius Earving, Larry Bird, Abdul Jabar, los mismísimos Magic Johnson o Jordan, o el equipo de los chugos Pistons al completo… Y eso se nota.

Pero yo sé la verdadera razón por la que la NBA (y el baloncesto en general) ya no me motivan: las equipaciones modernas.

comparativa

Vamos, que con el cambio de pantorrilla por muslo hemos ido muy a peor.