El don

Sara no siempre había sentido que era distinta a los demás. Cuando era muy niña pensaba que los otros veían las mismas cosas que ella. Pero según fue creciendo se dio cuenta de que todos los que la rodeaban estaban ciegos, carentes de ese sentido que a ella le permitía ver más allá, ver el interior de aquellos que la amaban, saber lo que esas personas sentían y anhelaban. Saber lo que las hacía infelices y lo que necesitaban para que sus vidas cobraran sentido. Nunca se lo dijo a nadie porque al principio temía que dejaran de quererla. Después, cuando supo toda la verdad, porque sabía que se sentiría sola: para que esas personas pudieran ser felices tenían que apartarse de ella.

Ese era su don y su maldición.

La mañana de su quinto cumpleaños su padre las abandonó. Eso decía su madre. Pero Sara sabía que no era verdad. Ella sabía que él tenía que irse porque la quería demasiado. Desde que podía recordar su papá había estado triste: cuando la cogía en brazos para abrazarla sentía su amor, y también su melancolía, podía verla, tocarla y notar cómo iba creciendo poco a poco consumiéndole. Hasta que un día supo que él se iría muy lejos, donde su don no pudiera destruirle. Así que su padre dejó en el suelo la maleta en la que había metido unas pocas cosas y se arrodilló frente a ella. La miró a los ojos, esos ojos de una niña que parecía tener más de cien años, y le dijo adiós. Ella supo que jamás volvería a verle. Puso cada una de sus manitas en las mejillas de su papá y le sonrío: así pudo ver como él sería feliz algún día. Tan feliz que olvidaría que había tenido esa niña, y eso la consoló. Sin embargo su madre creía, mientras lloraba desesperada, que no entendía lo que les estaba pasando. Estaba tan ciega…

Por eso su madre nunca la dejó. Por eso y porque nunca la quiso tanto como su padre, por eso la maldición tardó más tiempo en hacerle mella. Siguió con su hija hasta que esa pena oscura acabó llegando y se apoderó de ella hasta convertirla en un ser amargado, hundido en su desesperación e incapaz de hacer nada en su vida que la satisficiera. A Sara le hubiera gustado alejarse de ella, pero no podía. Sólo era una niña y necesitaba a su madre.

Cuando ésta por fin murió Sara tenía veinte años y apenas había tenido amigos. Para ella era imposible: cada vez que conocía a una persona podía ver en su interior y ante ella se mostraba con todo detalle eso que la gente llamaba “su alma”. Podía saber si esa persona podría quererla y, si era así, lo que tarde o temprano ocurriría y no quería hacer sufrir a nadie, aunque con ello pudiera darles después la felicidad. Tampoco quería sufrir ella. Así se convirtió en una chica solitaria que apenas hablaba y esquivaba a los demás. Pero sabía escuchar, y eso le ayudó a encontrar un trabajo como operadora en una línea de ayuda psicológica. Desde la primera palabra ya sabía lo que la persona al otro lado del teléfono estaba sufriendo y lo que necesitaba, así que le resultaba muy fácil darles consejo con unas pocas palabras.

Después volvía al piso que había sido de sus padres y pasaba las noches sola. Pero una tarde, en su camino de regreso en el metro vio a ese chico sentado frente a ella que no dejaba de mirarla. Normalmente evitaba ver dentro de la gente con la que se cruzaba, pero esta vez no pudo. Era como si no pudiera desconectar su poder, así que dejó que el alma de él le contara cómo era, lo que tenía y lo que le faltaba. No sólo descubrió que él podía quererla, sino que se estremeció al darse cuenta de que ella era lo que él necesitaba para ser feliz. No quiso oír su propia voz interior que le preguntaba “¿por cuánto tiempo?”.

Aunque Sara sabía que aquello no podía durar, nunca había estado enamorada y dejó que aquellas sensaciones crecieran dentro de ella y disfrutó cada segundo que le tuvo cerca jugando a que ella también era una persona normal. Una persona que puede ser amada.

Y él la amaba tan intensamente que un día, apenas unos meses después de conocerse, Sara empezó a ver como su amor empezó a destruirle. Comenzó como una pequeña mancha oscura que crecía rápidamente y con la misma intensidad con la que hacían el amor y supo que no debía retenerle o acabaría matándole porque él nunca tendría fuerzas para apartarse. Así que le dejó antes de que él mismo se diera cuenta de lo que estaba pasando. Él le suplicó que no se fuera, pero Sara ya había visto su futuro: sería feliz algún día ahora que la había amado y tendría una vida plena y maravillosa lejos de ella.

Volvió a su solitaria vida, pero entonces le resultaba mucho más difícil. Había descubierto esa pasión desbordante así que ya sabía todo aquello que nunca podría tener. Pocos días habían transcurrido cuando se dio cuenta de que estaba embarazada. Simplemente sintió que había una vida en su interior porque pudo escuchar la voz de su pequeña y diminuta alma. Eso la aterrorizó porque entendió que el amor de su bebé sería el mayor y más desinteresado que jamás nadie le hubiera dedicado y no sabía cómo podría soportar sentir también su sufrimiento. Pero ¿cómo podía deshacerse de una vida que ya le hablaba desde su propio vientre?

Cuando Sara dio a luz a su hijo lloró. “Como todas las madres”, pensó la matrona que creía que no era más que la emoción de ese momento mágico. Pero eran lágrimas por lo que, nada más ver la carita tierna y todavía amoratada de su bebé, supo que tendría que hacer algún día. Nunca sabía cuando ocurriría, pero temía que el intenso amor que sintió en aquel instante acelerara el proceso.

Sin embargo nada ocurría. Cada día veía en el alma de su hijo cómo este la necesitaba, pero no podía presentir nada más. Era como si su felicidad se encontrase donde ella estaba, y por más que escrutaba en su interior no era capaz de ver esa sombra acechando. Su hijito era feliz con ella. Aunque no le resultaba fácil criar a su hijo ella sola jamás se quejaba, porque temía no poder estar con él para siempre. Así que vivía cada día como si fuera el último, tratando de no pensar en un futuro que parecía no existir.

También le consolaba darse cuenta de que el niño era normal. No parecía haber un atisbo de ese don que a ella le había costado tan caro. Crecía ajeno a las preocupaciones de su madre, sano, confiado, alegre… Poco a poco Sara se fue relajando y casi pudo olvidar que una sentencia podía estar acercándose lentamente. Una tarde mientras cocinaba y miraba a su hijo jugar éste se volvió y le dedicó un sonrisa y su bonita alma se iluminó como un millón de estrellas. Sara se dio cuenta de que aquello era la felicidad verdadera. Una felicidad tranquila y sin apasionamientos, un sentimiento dulce y reposado y supo que le gustaría sentirse así para siempre.

Durase eso lo que durase.

Que no te pille en un ascensor…

El mes pasado os conté los 5 actores que menos sex appeal me parece que tienen (a pesar de ser supuestamente atractivos) y a los que, por tanto, no tocaría ni con un puntero láser. A cambio de soportar semejante horror, os confieso mi “lista de polvos sin compromiso”, o como se dice en Zaragoza: que mi cari tendría que aceptar un desliz con cualquiera de estos señores.

Jeff Bridges

Sí, ya sé que podría ser mi padre, pero es que es que para mí siempre será Starman, y eso no se puede olvidar… En “Los Fabulosos Baker Boys” es un auténtico Dios y en “La última película” ya no puedo ni pensar, porque sería casi delito…

También me encanta en su versión “The Dude” Lebowski y hasta digitalizado y eso que les ha quedado con un poco de cara de búfalo… Por cierto, “Tron: Legacy” no está tan mal como decís (vale, me fui a dormir a los veinte minutos, pero si la comparamos con “Tron: A Secas”, que me parece peor que el cloroformo y nunca me ha dado tiempo a irme a la cama por mi propio píe, es bastante entretenida…)

Jeff Bridges

Mother Nature! Si es que lo tendrían que fabricar en serie…

Colin Firth

Aunque casi siempre pone cara de “mamá, me han quitado la merienda en el cole”, en sus papeles Darcy (tanto en la famosísima y ultra recomendable “Orgullo y Prejuicio” de la BBC –que es lo más parecido a leer la novela de Austen- como en las imprescindibles pelis de mi amiga Bridget Jones) representa al hombre honesto y sincero en el que se puede confiar. Que doble los calzoncillos antes de meterse en la cama es algo que podría perdonar…

Cuando además lo combinamos con el Hugh Grant canalla y niñato de mediana edad adicto al sexo y embustero, pues la verdad, una no sabe con cual quedarse…

Colin Firth

“Mi sonrisa podría provocar el nacimiento de una super nova. Es por eso que siempre hago cara de pena: por el bien del planeta. Soy un buen chico, es lo que tengo…”

James McAvoy

Este escocés ha venido a sustituir en mi lista a Edward Norton, que no es que ya no me guste, pero es que de vez en cuando hay que actualizar la lista, que yo no la tengo plastificada…

Ahora eso sí, en lugar de en un ascensor creo que me lo tendría que encontrar en una biblioteca porque parece ser su hábitat natural, sobre todo para temas eróticos, ya sea en su versión dialéctica o literal

Os diré que yo frecuento bibliotecas más que bares, y os juro que en la vida me ha pasado ni lo uno (que sería arriesgado porque las bibliotecarias tienen una mala follá legendaria y te fulminan con la mirada como te pongas a charlar sobre la reproducción de los pájaros…) ni lo otro (pues menuda se iba a liar montándoselo contra la estantería de Ciencias Aplicadas: saldríamos en la Quincena del Henares por lo menos… Aparte de que me quitarían el carnet de la biblio, menudo trauma, no no no, mejor dejarlo…)

James Mcavoy

Mira qué carita de haberse leído el “Ulises” de Joyce y de haberlo entendido y todo…

Jason Statham

Para cubrir el cupo de cachas chungos he puesto a este buen hombre. Que conste que Vin Diesel sigue siendo el puto amo, pero en realidad éste es mi favorito: es más europeo, más sofisticado… Además, que con todo lo que ha trabajado con Guy Ritchie algo se le habrá pegado, ¿no?

Y oye, que es un gran ejemplo de lo sexy que puede llegar a resultar un calvito de voz profunda con six pack…

Jason Stathan

“Pelo no tendré mucho, pero como te dé una hostia te visto de torero.”

Flynn Rider

Claro que soy consciente de que no es real, pero francamente, ¿qué probabilidades tengo de encontrarme a cualquiera de los anteriores en un ascensor? Las mismas que a éste…

Y no me he podido resistir porque es guapo a rabiar (mucho más cuando no va de chulito y hace poses bacilonas), encantador y… le gustan las morenas!

Flynn Rider

Aquí iba un píe de foto ingeniosísimo, pero me he desconcentrado con esa mirada y se me ha ido… Disculpen las molestias.

Monidala Jones y el Templo Sudadito

GIMNASIO (1)

No pensaba yo escribir una entrada hoy, pero es que he vuelto a vivir uno de esos momentos Bridget Jones que tanto me caracterizan y claro, lo tenía que compartir. Me lo podría callar, pero es que entonces sólo me reiría yo, y además que esto que yo llamo “Maketing Inverso” es muy útil para ahorrarse admiradores de esos pesaos que te regalan diamantes auténticos y te ponen pisos en la Castellana, puagh, qué ascazo, oye…

Como cada mañana, he ido a dejar a la peque en el cole y después iba con mucha prisa hacia el gimnasio porque sabía que había una clase de Mejoramiento Físico pero no estaba muy segura de a qué hora era. ¿No os habéis fijado en que cuanto más prisa tengáis más veces tendréis que parar en cedas y pasos de cebra? Yo hoy he tenido que parar en absolutamente todos los pasos de peatones desde el cole a mi casa y desde mi casa al gym. Os juro que me he sentido como en “El Show de Truman” y me he imaginado a un maquiavélico realizador diciendo: “Anciano Decrépito Con Un Píe En La Tumba preparado para cruzar en… tres, dos, uno y… ¡ahora! Despacio, despacio, sin prisa”. Y yo lo único que podía pensar es: “Por Dios, que no se muera el viejo en mitad del paso de cebra, porque entre que viene el forense y levantan el cadáver… entonces sí que no llego a la clase!”

Total, que me ha dado tiempo a llegar justito porque al salir del vestuario la clase acababa de empezar, así que he entrado con el consiguiente corte de ser “la nueva que además llega tarde”, me disculpo, me busco un hueco, me coloco y, cuando miro a mi alrededor, me doy cuenta de que todos los demás son mujeres de sesenta años para arriba. “Bueno, digo yo que estas señoras también querrán mejorar…” Se ve que me he perdido en esta Disneylandia del Sudor y me he confundido de clase, pero como soy medio tío y me da vergüenza preguntar, me he comido enterita la clase de las yayas, que por cierto luego me he enterado que se llamaba “La Edad de Oro” ¿no es lo más surrealista y buñueliano que habéis oído?

Jo, me ha recordado a aquella vez en un resort de Puerto Rico que me apunté a una clase de Aquagym porque el profesor estaba más macizo que los leones de Las Cortes y acabé teniendo que darle un masaje en los hombros a la señora más gorda que he visto en mi vida. Toma, eso por rijosa…

La cara del monitor al verme salir de esa clase era un poema (yo he pensado: “Ya me conocerás, que estas cosas me pasan a mí últimamente muy a menudo…”) , pero vamos, que os diré que las abuelas, ahí donde las veis, están de un en forma que asustan, y ha habido un par de momentos que he estado a puntito de rilarme. No quiero ni pensar qué va a ser de mí mañana en una cosa que se llama GAP, que sólo espero que no sea Gilipollas A Porrillo, que yo hoy ya he dado la nota bastante…

gimnasio

Después me han pasado a la Zona Torquemada y me han sentado en distintos aparatos de tortura con diferentes niveles e intensidades de dolor. Uno de ellos no lo entendía y he pensado que me iban a poner a planchar (horror! prefiero la muerte!), pero no. Resulta que había que ponerse mirando a Cuenca y en posición de “Va a ser Ud. sodomizado. Relájese y disfrute”. La verdad es que me ha costado mantener la dignidad en una sala con espejos por todas partes y aguantar el tipo para hacer los ejercicios sin poner mi cara de sexo… Por suerte una de las primeras cosas que he comprobado es que allí no conocía ni a Dios. Uf, menudo alivio, que no habría nada peor que encontrarse allí a algún ex o similar…

Y para terminar, me han subido en la Cinta Transportadora Humana y me han puesto a andar como si llegara tarde a misa. En un momento dado, he visto de refilón una cosa que temblaba como si fuera gelatina Royal y me he querido dar la vuelta para comprobar si aquello era mi culo (que lo era, por cierto), pero entonces he pisado fuera de la cinta, me he desestabilizado y todo mi cuerpo se ha precipitado hacia delante… Menos mal que en el último momento mis reflejos de Kunoichi me han permitido agarrarme y no me he llegado a caer; pero ha sido demasiado tarde, he tenido que escuchar las risitas mordaces de un par de cachas de esos que la tienen pequeña. Qué asquerosos. Ya me gustaría verlos a ellos haciendo… no sé, algo que yo haga bien y ellos no. HIjosdeputa!

Aunque por otra parte se me ha ocurrido pensar que debo de ser diurética, porque todo el mundo se mea conmigo… ;p

Llegó el destape!

pin up scale

El viernes por la noche caí en que había llegado la primavera. No porque lo diga El Corte Inglés, sino porque los hombres ya están cardiacos. Iba en el metro y me daba cuenta de que los pobres, que ya están empezando a ver chicha, no saben dónde mirar, llevan los ojos fuera de las órbitas y caras de: “Por Dios, ¿por qué nos hacéis esto?”. Esto es sólo al principio, chicos, luego os acostumbráis y ya podemos ir desnudas que ni os alteráis…

El caso es que todo esto implica que comienza la Operación Bikini y yo en plena crisis de pánico por el deterioro físico! Pues un 50% por esto, un 50% por hacer algo diferente que me obligue a salir de casa y a compartir tiempo con otros congéneres, como que me acabo de apuntar a un gimnasio. A ver qué sale de esto que estas cosas las carga el diablo…

El caso es que yo siempre he hecho ejercicio por mi cuenta y hace ya un tiempo que me lo estoy tomando en serio, que el otro día sin ir más lejos fui a repostar y sólo necesité una mano para apretar la pistola de la manguera y de lo más relajada, oye, y no como antes oprimiendo esforzadamente con las dos manos y mirando fijamente el contador para, con mis superpoderes, hacer que el depósito se llene más rápido porque estoy a punto de desfallecer (ostras, es que son 60 litros…). Sí, amigos, yo es que siempre he sido muy moñas, pero ya os digo que me estoy poniendo cachas. Todo será que me dé por repartir hostias, que ganas de eso nunca me ha faltado.

Lo malo que tiene esto del gimnasio (porque lo bueno ya sé que va a ser: que fijo que me va dar para unos posts de lo más suculentos…) es que a la que te descuidas vas y te pones buenorra. Creeréis que eso no puede ser negativo, pero ya os digo yo que sí. Yo sólo he estado buena una vez en mi vida: en el verano de 2003 que me leí la bibliografía completa de Marian Keyes mientras pedaleaba en la bici estática. Y debe de ser que aquello me aumentó el coeficiente intelectual, porque sino no se explica que muchos tíos con los que hablaba me acababan diciendo lo “lista” que era. Y yo me quedaba pensando “¿no querrás decir culo?, porque ahí donde miras no está el cerebro precisamente…”

Marian Keyes

“Hola, soy Marian Keyes y mis novelas no solo entretienen, sino que además te ponen el trasero como el de una cheerleader de los Lakers.”

A lo que voy es que, aunque es cierto que existe cierta sensación de poder en estar buena (de poder tirarte a quien te plazca, claro…), la cosa tiene unas desventajas que te complican la vida a la que te descuidas. A mí me dio por bajarme a un parque cercano a tomar el sol (en pantalón corto y camiseta de tirantes, no os creáis que hacía top less ni nada de eso) y estaba allí una tarde sentadita en un banco con mi librito cuando veo pasar un chico en bicicleta (no podría identificarle en una rueda de reconocimiento pero apuesto a que no tendría más de 20 años…) y cuando estaba a unos 20 metros el tío se baja de la bici y la deja tirada en el suelo y se arrima a un arbusto. Yo pensé que estaba haciendo pis (“mira, tan joven y con problemas de próstata, porque sino ¿esa urgencia como te la explicas?”), pero cuando al cabo de un rato vi que el muchacho seguía allí, sacudiéndose esa última gotilla que no terminaba de caer, empecé a sospechar que no era la vejiga precisamente lo que estaba aliviando…

No era la primera vez que me topaba con un exhibicionista de estos,(que una vez mi amiga Andy (McDowell), que es fina pero cuando quiere puede ser muy chunga, puso al orden a uno que nos cruzamos y que, la verdad, se quedó en nada el pobre…) pero aquella tarde en el preciso momento en que me percaté de lo que estaba pasando sentí auténtico y genuino pánico. Me duró poco porque por suerte apareció un grupo de chavales y yo me dirigí hacia ellos sin querer ni mirar a la Mano del Rey, así que no sé en qué quedó la cosa…

Andy McDowell

“Ahí donde la veis, toda dulzura, es el azote de los degeneraos.”

Lo peor del caso es que por la tarde se lo estaba contando a un amigo escandalizada, más que nada porque me parecía tremendo que un chico tan joven sufriera semejante falta de autocontrol (por Dios bendito…), y va el tío y me dice: “Normal, es que estás muy buena.” Vivir para ver.

El año siguiente, que ya no estaba yo tan buena, donde va a parar… (aunque la que tuvo, retuvo ;p), y que ya se me había medio olvidado el incidente, se me ocurrió volver a ese parque a correr. De nuevo estaba yo sola en mitad de ese idílico paraje rodeada de pinos cuando oigo las pisadas de otro corredor que se acerca por detrás, veo como me adelanta un chico joven corriente (jo, nunca mejor dicho…) y moliente y cuando ya está a unos 10 metros el tío se para, se da la vuelta, se saca el tema y se pone a lo suyo. Esta vez ya tuve más sangre fría: tal cual y sin perder mi pose de digna corredora me di media vuelta y me esfumé por el primer camino que encontré. No sé si sería el mismo elemento u otro, pero yo desde luego no he vuelto por ese parque a comprobarlo.

El caso es que ahora mismo ya no tengo tan claro si lo peligroso es estar buena o estar sola, aunque sea en pleno día, en un lugar solitario a merced de cualquier esclavo de sus impulsos… A mí de todas formas esto no me va a disuadir de ir al gimnasio y ya os contaré como evoluciona la cosa, porque tengo la pretensión de hacerme con un six pack de esos que pegan con todo y que son el complemento ideal para la próxima temporada. Ya os lo enseñaré…

“Buenas, soy la crisis de los 40”. “Pero… si todavía no toca!” “La obsolescencia programada es lo que tiene: los 30 ya no duran como antes…”

Os prometo que yo estaba dispuesta a escribir un post sesudo y super concienciado en el que pensaba mencionar a Ahmadineyad (o como se llame el ojos de mico ese), el tema de la amenaza nuclear (“nucelar”, la palabra es “nucelar”, vía el insigne Jos) y la condescendiente ignorancia de los americanos, pero es que no me quito de la cabeza una cosa que me ha pasado recientemente y, bueno, pues ya sabéis que cuando se me mete algo en la cabeza, me lo tengo que sacar a golpe de blog…

Resulta que en una conversación de lo más inocente me hacen caer en la cuenta de que no tengo 35 años como pensaba en ese momento (soy fatal para los números) sino que, de hecho, en unos cuatro meses me voy a poner en la fatalísima cifra de 37. Lo primero que piensas: He perdido un año de mi vida! (Como Phoebe cuando llegó a los 30). Y lo siguiente: Ya es oficial. Soy vieja.

Lo bueno es que no estoy sola (sí, ya sé que mal de muchos, consuelo de ancianos prematuros), porque esta sensación de pánico a envejecer se está extendiendo como una plaga entre mi entorno. Y resulta que no es sólo el tema de ser conscientes de que dentro de muy poco llegaremos al, en el mejor de los casos, paso del ecuador de la vida; sino que además la palabra “crisis” acapara las conversaciones, como lo hacían en otras épocas “parciales de Febrero” o “pedo gordo”.

Ashton y Demi

“Demi Moore: ¡maldita seas, te odio a muerte!”

Resulta que llevábamos un montón de años luchando para hacernos un hueco en el mundo y construyéndonos ladrillo a ladrillo nuestra propia vida, y ahora que ya tenemos la independencia económica a través de un empleo estable (vale, quizá no es el trabajo de tu vida pero sí tienes un sueldo decente que paga las facturas holgadamente y un cargo rimbombante, que, aunque no es lo que parece, queda super fardón en las tarjetas de visita), un lugar que puedes llamar tuyo (vale, que seguramente sea del banco o del arrendador, pero mientras pagues, nadie vendrá a desalojarte con bombas de gas lacrimógeno y eso, quieras o no, pues da tranquilidad), una relación sentimental satisfactoria (vaaaaaaaaaale, que a lo mejor hace ya un rato que “Pasión” decidió fugarse con “Sexo a Cualquier Hora” a vivir su romance desenfrenado en Bahamas, pero oye, que estos desertores fueron sustituidos por “Cariño Sincero” y “Complicidad a Espuertas”, un matrimonio tranquilo pero bien avenido…) y unos hijos preciosos (vale, vale, vale: no es como te lo pintaban esos amigos desleales que te decían que era lo más maravilloso que les había pasado en su vida; en realidad se parece mucho más a una cadena perpetua con abrazos muy dulces), empezamos a preguntarnos si todo eso es lo que queremos para el resto de nuestra vida, y si estaremos a tiempo de hacer todas aquellas otras cosas que ya hemos olvidado que soñábamos.

Así que allá donde voy los trending topics son: a) la horrible sensación de que tu carrera profesional se basa en los sólidos cimientos de la inercia, b) el piso en propiedad: una forma complicada y muy cara de suicidarse lentamente, c) la extinción de la monogamía en la sociedad de consumo actual, y d) este niño no me come.

Es cierto que hay algunos afortunados que se escapan a este paradigma (o es que simplemente no se paran a pensar lo suficiente en sus propias vidas como para sentir como ese desagüe los atrae como un agujero negro succionador de energía).

Y da mucha congoja compartir momentos con gente de la generación posterior, sí, esos lozanos, entusiastas y extrañamente lúcidos sujetos de veintitantos que todavía andan montados sobre la vida antes de que ésta se les encabrite, les tire al suelo y les haga correr tras de ella con cara de idiotas (aunque francamente, a veces pienso que a ellos ya les han enseñado de otra manera y se han asegurado de ponerle un localizador para encontrarla por GPS cuando se les despista).

¿Cómo saber si estás en la crisis de los 40 anticipada? Pues si acumulas varios síes a estas preguntitas:

1. ¿Te has despertado alguna vez en mitad de la noche gritando “¡El euribor, el euribor, noooooooooooooo!” o tienes pesadillas recurrentes en las que Pepín Blanco anuncia una nueva subida en las tarifas de la electricidad?

2. Especialmente si eres hombre ¿has empezado recientemente a practicar algún deporte o actividad de riesgo como el parapente, el esquí extremo o el salto en paracaídas, cuando lo más arriesgado que habías hecho en tu vida es cambiar del Eurosport al Teledeporte?

3. Especialmente si eres mujer ¿llevas en tu cartera un papelito con la inquietante y misteriosa palabra “Xhekphon” escrito en él?

4. ¿Perteneces a la siniestra secta del Naturhouse, y añoras la época no tan lejana en la que lo único que tenías que hacer para adelgazar era salir de marcha un par de findes seguidos?

5. ¿Te estás planteando seriamente la idea de hacerte algún tipo de operación de cirugía estética y todavía no tienes muy claro que te urge más arreglarte, si la cara o el culo?

6. ¿Te descubres a ti mismo pensando en las ganas que tienes de ir a bailar, pero cuando te das cuenta de que no tendrías ni la menor idea de dónde ir te recuestas en tu sofá y te tapas con tu mantita con placidez mientras agarras el mando del disco duro?

7. Especialmente si eres mujer ¿has empezado a sentir que la lujuria está dejando paso a la ternura cuando te cruzas con impresionantes señores de autoridad uniformada que tienen como 10 años menos que tú?

8. Especialmente si eres hombre ¿ahora miras de reojo en lugar de con todo descaro (y sintiéndote un viejo verde) a las chicas jóvenes que encima te llaman “señor” cuando te piden la hora?

9. Si eres mujer ¿no evitas pasar por una obra y maldices la crisis del ladrillo porque cada vez hay menos oportunidades de recibir un piropo, por bestia que sea, que te suba la autoestima durante las próximas cinco manzanas?

10. ¿Te has sonreído leyendo este post?

No te preocupes, tiene solución. La receta: Repítase a sí mismo tres veces al día la siguiente frase a modo de mantra hasta su perfecta asimilación: “Los 40 son los nuevos 20. Los 40 son los nuevos 20. Los 40 son los nuevos 20”.

La Femme Fatale en el Cine (IV)

Pequeños míos:

Creo (la certeza es un don que brilla por su ausencia últimamente, así que…) que ésta será la penúltima entrega de esta gloriosa recopilación sobre mujeres fatales y malas, malas, más malas que el veneno. Parece ser que con ella he destapado algún rincón del subconsciente de más de uno (y de alguna otra, ains, cómo estamos de lesbianas últimamente, hijasmías…) así que ahora me toca cumplir y, como vuestros deseos son órdenes, intentar no dejarme ninguna de vuestras perversiones inconfesables.

Oye ¿por qué al releer este párrafo me parece que o: a) está escrito para que lo pronuncie Sam Elliot; o: b) lo he escrito bajo los efectos de enormes cantidades de Jack Daniels? Ah, ya sé, es porque mientras lo escribía estaba escuchando “Black Mud” de The Black Keys, mi último flechazo musical. Mirad, si dais al play y volvéis a leer el párrafo anterior notaréis ese cambio de tono que os decía… No lo haréis, es por eso que no triunfará el Experimental Blogging… (cuando queráis me podéis dar en la cabeza con el ladrillo que venía de regalo con este post, eh?)

No os olvidéis de que a partir de aquí os puede apuñalar un spoiler a traición.

Lola Lola en “El Ángel Azul” (“Der Blaue Engel”, Josef von Sternberg, 1930)

Qué la hace fatal: Tener la cara (y los muslos) de Marlene Dietrich ya fataliza bastante de por sí, pero esta cabaretera de extraordinario nombre (Lola es per se un gran nombre, pero dos veces ya raya lo divino; Monidala Monidala no queda igual, de hecho, resulta ligeramente oligofrénico) no estaba satisfecha con ello y, para demostrar lo tóxica que puede llegar a ser, se casa con el Profesor Rath (Emmil Jannings), obsesionado con ella. Lo arruina, lo humilla y finalmente lo abandona.

Cómo acaba: Pues tan ricamente. El Profesor no, él acaba muriendo miserablemente, pero ella sigue su vida sin inmutarse, que para eso es “Die fesche Lola” (la “salada” Lola).

Lola Lola “¿Tú ves esta pose enseñando cachamen con ligueros y sombrero de copa, Compañera Fea y Bigotuda? Pues esto no lo van a superar en 100 años, y si no, al tiempo…”

Dolores Haze (Lolita) en “Lolita” (Stanley Kubrick –uy mirad que cosa graciosilla he encontrado sobre sus pelis-, 1962)

Qué la hace fatal: Otra con nombre estupendo (Monidalita ya sí que suena a boba sin remedio…) que consiguió además que pasase a la historia como el apelativo genérico para estas adolescentes sexys y un poco frescas que gustan tanto a los hombres, sobre todo a partir de cierto rijoso momento de sus vidas (bueno, o por lo menos a partir de ese momento no se cortan en decirlo…). Aunque el personaje original de Nabokov tenía 12 años, en la peli lo subieron a 14 y Sue Lyon tenía 16 (así que os podéis relajar, que no sois tan pervertidos XDD).

Lo que la hace fatal es seducir a James Mason (interpretando al novelista Humbert Humbert, otro con nombre doble pero este no queda tan guay) y volverle loco de remate de celos y lujuria. Se casa con su madre para estar cerca de ella y casi la mata. Al final acaba liquidando al tipo con el que Lolita se escapa y acaba siendo condenado a muerte (la pena de muerte me parece atroz, pero hay que reconocer que como final para una peli es bastante impactante…) pero muere antes de trombosis coronaria, irónicamente.

Cómo acaba: Embarazada de un tercero pero con 13.000 dólares en el bolsillo que le da su “padrastro” Humbert (bis), que quizá la ayuden a esquivar un destino de white trash como una casa…

Lolita “Mira que es aburrida la adolescencia en los ‘60 sin móvil, Tuenti ni una mísera Nuevo Vale…”

Matty Walker (a.k.a. Mary Ann Simpson) en “Fuego en el Cuerpo” (“Body Heat”, Lawrence Kasdan, 1981)

Qué la hace fatal: Kathleen Turner es la Mantis Definitiva en este thriller altamente erótico (madre mía, esto es un calentón y los demás somos putos aficionados…) en el que seduce al abogado Ned Racine (un William Hurt con unos biceps más que aceptables ;p) para que asesine a su rico esposo y la ayude con ciertos problemas con el testamento.

Cómo acaba: Al final se sale con la suya y deja al tonto de Ned con un palmo de narices y cargando con la culpa mientras a ella la dan por muerta y se escapa con todo el pastizal a algún lugar exótico, lo que siempre soñó desde que era la “vamp” del instituto.

Matty Walker“No deberías llevar esa ropa.” “¿Por qué? Sólo es una blusa y una falda.” “Entonces no deberías llevar ese cuerpo”. El mejor cumplido de la historia de la humanidad.

¡Cómo está el patio!

Twitter-negro (Shovelling Hijo via Flickr)

Foto: Shovelling Hijo (vía Flickr)

[Con la racha que llevo de jugar a la ruleta rusa de la vida, apuesto a que esto me cuesta lectores y hasta algún insulto, pero… qué demonios, hoy me siento punky!]

Hoy andan los usuarios tuiterinos alterados a vueltas con este reportaje de El País titulado Twitterrevolución en el que se habla largo (demasiado largo, ¿es que no os dais cuenta de que somos todos adictos a la inmediatez y ya no nos interesa nada que requiera una concentración superior a 20 segundos desde que nos comunicamos con 140 caracteres?? ;p) y tendido sobre la red social de los Guays del Momento (muchos son ex pringados que disfrutan del anonimato que les permite este sitio en el que no se ven las marcas de acné y si al leer esto te ofendes, pues ya sabes…).

Así que uno de los hashtags más utilizados es [imaginaos que aquí hay un símbolo de “almohadilla” que yo no sé ponerla en Windows Writer]elpationoeseso y la gente no para de despotricar sobre el articulito de marras. No sé que tanto les molesta de él, la verdad es que yo hace como un año que estoy en esa jaula de grillos (con distintos niveles de intensidad y participación, claro, porque al principio cuesta bastante enterarse de qué va la vaina y hay que dedicarle mucho tiempo para que la cosa empiece a tener gracia…) y me parece que el artículo se ajusta bastante a lo que hay.

Me da la sensación de que algunos tienen un concepto de Twitter que casa más con la definición convencional de secta subversiva que con otra cosa y se lo toman todo demasiado en serio…

Independientemente de para lo que se haya diseñado el artefacto éste (que supongo yo que para hacer dinero, que es para lo que cualquier empresa del mundo dedica esfuerzo y presupuesto), cada uno que lo utilice para lo que le venga en gana, vamos digo yo, como el que se compra una bici y le quita el sillín: los geeks del “¿llevas un iPhone en el bolsillo o es que te alegras de verme?” para que sepamos en todo momento qué hacen y dónde están, como si nos importara…(que creo que más les vale no engañar a sus parejas porque les ahorran el detective); los Communty Managers (y wannabes) para sermonear y linkear cosas aburridísimas del palo de “pero qué metido estoy en el mundillo”; las empresas para incrementar su intensidad comercial por todos los medios: es el buitreo del futuro; los famosos para ser pesaos, que yo no hay día que no unfollowee a alguno que no para de querer dar envidia con su “wonderful way of life”; los gurús, pues para sentar cátedra si son serios y para diseñar the best joke de la década (ya ves tú, de 20 a 40 minutos va a durar como mucho) si van de graciosos; los hay que lo usan para conocer gente, que es como se llama ahora a intentar ligar; y así hasta el infinito porque habrá tantas razones para utilizar Twitter como usuarios tenga la red.

A mí personalmente me sirve de desahogo porque es muy fácil expurgar demonios en 140 caracteres y casi siempre hay alguien que se identifica contigo y hasta te ofrece su apoyo sin conocerte, con lo que no te juzgan como lo harían tus íntimos que conocen el background de tu despotrique y que te podrían poner las peras al cuarto por el morro que le echas.

Por otra parte, para conseguir nuevos lectores para el blog, y oye, que ayer tuve la orgásmica alegría de descubrir que los Standstill habían tuiteado mi crónica de su espectáculo con el subidón de ego y visitas que ello representa, así que, si me tengo que tatuar Amor de Twitter en una nalga, para luego es tarde.

Pero aún así, no nos tomemos a nosotros mismos tan en serio que si un día chapan esa web, todos los profundos y extremadamente ingeniosos pensamientos que compartimos allí se irán por el wáter para siempre (sí, ya sé que los hay previsores y los exportan, ains, pronto nos encontraremos libros publicados con los tuits más faveados de la historia. Pues menudo coñazo.)

Me voy, que tengo hora en el estudio de tattoos.

Monidala en “Rooom”: Espectáculo de Standstill basado en Adelante Bonaparte (Círculo de Bellas Artes, 09/03/2011)

Standstill (1)

Pues sí, estoy standstillizada… (que no es una forma pija de decir que se me está poniendo un cuerpazo, que también, que la otra noche mientras corría cual gacela Gran Vía abajo, tras haberme encomendado a Mother Monster para no matarme con los tacones entre los turistas, me vi reflejada en un escaparate melena al viento, toda de negro con mallas, botas altas imposibles y una chupa muy macarra que me he pillado en el Bershka –por Dios, cuando empiece a parecer la Obregón pegadme un tiro…- y pensé: mira, Catwoman!)

El caso es que el miércoles entré oficialmente a formar parte de la secta de los tíos barbudos y por todo lo alto. [Está claro que el hombre de esta temporada viene hirsuto, ya sea en Chueca o en territorios gafapastiles…] Tras mi sprint nocturno y alevoso en los 1.500 metros petardos, llegué al Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes a tiempo de encontrarme con JmRod (a la sazón cronista de la banda a golpe de cámara, pero que anoche estaba allí en calidad de fan) y Luar (todos a cuadrarse que hablamos de la autoridad!) y comentar la gran expectación por el momento, antes de que empezara el espectáculo.

Cuando por fin se apagan las luces, el grupo aparece en el escenario en el que ya estaban esperando los instrumentos y las tres pantallas listas para la proyección. Enric nos da la bienvenida a “su casa” y las gracias por estar allí y espera que pasemos todos una noche tan agradable como las dos precedentes (o más) antes de sentarse al teclado.

Stanstill Rooom

Así se ve “Rooom” desde el punto de vista del documentalista y realizador JmRod…

Empieza la primera parte: “Algunos recuerdos significativos de B.” (Totalmente de acuerdo con JmRod en que es la más abstracta) Y ¿quién es B.? Os preguntaréis… Pues B. es Bonaparte, el protagonista de esta historia (un perro, el propio Enric Montefusco –compositor y alma de la banda- o cualquiera de nosotros: porque ya sabéis que cuanto más particular y local es la historia que se cuenta más universal se vuelve).

“Todos de pié (Prefacio)” nos habla de la muerte de su padre y de cómo convertimos algo tan definitivamente trascendental y significativo en un cliché con nuestra torpeza y nuestras convenciones rancias y sin sentido. Para entonces yo ya estoy llorando, y ya no pararé hasta que acabe la primera parte (no os imagináis lo que ganan en emoción su voz y todos los sonidos que envuelven su música al escuchados en directo…), porque los que hemos sentido el cataclismo que implica una llamada en mitad de la noche que supone un antes y un después en la vida (propia o de la gente que nos importa) tenemos un botón que se activa solo al recordarlo y nos reiniciamos con facilidad para volver a ese momento de angustia, vacío, pérdida e impotencia.

La vida es domingo, canción sin fin
Noche de estrellas, y un rato en el jardín
Dije para mi.. allí
Y así me despedí

Con “Hombre Araña” seguimos recordando la infancia mientras la música nos va adentrando más y más en esa atmósfera íntima de confesiones y terapia colectiva. Seguimos con “La familia inventada”, con esos redobles tan solemnes y esa guitarra que se clava en el alma, combinados con imágenes setenteras que nos llenan de nostalgia…

¡Ay niña, que nos vaya bien!
¡Ay niña, que nos vaya bien!
Que Dios insiste.
Que Dios insiste
en probar con nosotros
y nuestra ilusión

En este punto, la emoción del público ya electriza el teatro y los aplausos se funden con los primeros sonidos de órgano de “Cosquillas No (Esta Niña Me Gusta)” y las risas de niño mientras en las pantallas empezamos un viaje para acabar volando con el mismísimo Astroboy. La banda está concentrada y tocan con energía frenética (aunque de forma mucho más acústica que en el original).

Enlazamos con “Vida Normal”, en uno de esos momentos de doble percusión que se repetirán en todo el show y que resultan espectaculares. En las pantallas, imágenes de tecnología obsoleta y publicidad añeja que acaba con la pirotecnia de “Observa los fuegos artificiales”, y la delicada y brevemente minimalista “Madre Ternura” (sin que falte la voz de Balbín presentándonos “La Clave” con esa sintonía tan inquietante, sí, esa que cuando la oíamos nos daba todo el bajón porque sabíamos que esa noche nos íbamos a perder el “Un, dos, tres”; aunque luego reconoceremos que algunas de las mejores películas que vimos en nuestra infancia son de aquellas noches de viernes…).

Termina la primera parte con “Adelante Bonaparte (I)” en todo su esplendor y con un Ricky Lavado pletórico y disfrutando de su batería como un enano. En serio, no he visto nunca a un músico tan feliz de hacer lo que hace…

Me voy a inventar un plan para escapar hacia adelante
Me voy a inventar un plan para escapar hacia adelante

Tras unos segundos de pausa dramática, entramos en la segunda parte (mi favorita): “Pasa de querer comerse el mundo a esconderse en una pequeña parcela”. Ya no hay lugar para la ternura de la infancia así que nos vamos despojando de la inocencia porque empieza la vida de verdad, esa de la que nos quisieron proteger y lo que consiguieron es que no estuviéramos preparados para ella…

Con Enric a la acústica y sus compañeros marcando el ritmo con palmas, arranca “Adelante Bonaparte (II)” para poco después meter la batería atronadora como un martillo neumático que contrasta con la dulzura de los coros. Para mí esta canción (las dos, en realidad) simboliza la necesidad de tener en la vida el coraje para hacer aquello que sea preciso para ser feliz, aunque cueste, aunque duela y le pese a quien le pese…

Aunque no lleguemos a ninguna parte
Sabes que esto es lo único importante

De nuevo las propias manos empiezan marcando el ritmo y, como en el original, el ukelele lleva el peso de “Cobarde Pecador”, mientras en las pantallas vemos unas imágenes tan siniestras como es la propia canción. Y siniestra porque trata sobre la inmovilidad que nos paraliza y nos coarta y nos impide ser aquello para lo que estamos llamados.

No me escuchas.
Y lo que es peor,
no te escuchas

Rooom (David Ruano)
Foto por David Ruano

Con “El Resplandor” vuelve la emoción profunda y no puede ser de otra manera con un temazo tan intenso y onírico y que empieza de esta forma tan demoledora:

Una vez al año
Algo me empuja a pensar en dejarlo todo
Otro desengaño más
Y me voy a lanzar al New Age
Y a tomar por culo

¿Habéis estado alguna vez en la casa de “El Resplandor” durmiendo con una hacha en el pecho? Pues yo sí. Y no es agradable. Se te quitan las ganas de volver a bajar la guardia…

Por cierto, para aquellos que en alguna ocasión sintáis que necesitáis cariño, respeto o atención, pasaos por la web de la banda y colaborad en su mapa sonoro. ¿Qué creíais, que os lo iba a ofrecer yo? No, no, como bien dice la canción “habrá que buscar en otro lugar”, aquí de momento no nos quedan hasta que nos llegue el próximo pedido…

“La hora del acuario” es otra canción minimalista y aparentemente dulce en su primera parte, pero que a mí me lleva a lugares demasiado nihilistas de vacío e irrealidad.

Ok. Si nada es nada,
nada vamos a perder.
Y al mirar atrás,
todo será un sueño.

En la segunda parte, esa guitarra acústica potente y el oleaje hacen que su mensaje me resulte contradictorio y desasosegante, como si fuera el canto de una sirena cuya misión no es otra que hacer que nos estrellemos contra las rocas:

Venid aquí que aquí se está bien.

Y así llegamos a “Moriréis todos los jóvenes”, que marca el inicio de la apoteosis de esta segunda parte… La canción empieza con una gran melancolía para ir sufriendo una progresión constante hasta llegar al delirio (ganas de bailar y saltar y gritar ese “Vayan Pasando”…), mientras la letra disecciona los diferentes roles que vamos acumulando y superponiendo como capas hasta dificultarnos el conocimiento de nuestra propia y auténtica personalidad. Hasta que nuestro yo íntimo y verdadero queda tan diluido que ya no se escucha su voz.

El niño de mi dice hola
La madre de mi dice no te acerques
El joven de mi no sabe donde ir
El peatón de mi es una hormiguita
El señor de mi dice a trabajar
El motor de mi solo quiere bailar

Me sorprendió especialmente la versión que hacen en directo de “Sálveme Quien Pueda”, mucho más épica y apocalíptica, operística. Brutal.

Llegamos a la tercera parte: “El corazón de B. despierta”, en la que se trata el amor y su reverso, la pareja. (Esto parece contradictorio, pero si lo pensáis un poco he dado en el puto clavo…).

“Cuando ella toca el piano” es una declaración de amor. No convencional, claro, son Standstill… En las pantallas un fuego de hoguera, el símbolo de aquello que podríamos estar contemplando siempre sin cansarnos y, por primera vez, podemos ver la cara de Enric, así que, yo que soy muy lista y vosotros que no sois tontos ;p, deducimos que esta canción es muy importante para él.

Continuamos con “Ayer soñé contigo”, tema de arreglos dulces que transmite muy bien esa pureza del amor, del de verdad.

Y llegamos a otra de mis favoritas: “Hay que parar”, en la que los xilófonos del original pierden protagonismo en el directo en favor de las baterías sincopadas y con un punto marcial. Toda la letra es maravillosamente ambigua y explícita a la vez (me contradigo de nuevo, sí, y albergo multitudes, me duele la boca de decirlo…), imposible que no te llegue porque ¿quién puede decir que no lo ha intentado, pero no puede parar?

Esta historia empieza en un final feliz.
Esta historia no tenía que ocurrir.
Dime que no es así.

Nos ponemos serios con la llegada de “El Elefante” y su tuba de ritmo circense. “La vida es como un elefante que sólo sabe ir hacia delante”, y cuando una pareja ha acumulado unos años de convivencia suelen quedar muy pocas alternativas: o romper o tener un hijo. La mayoría se decanta por lo segundo: es lo que tiene la continuidad de la especie (y la extinción del individuo como tal, aviso para navegantes).

“El Caminet” nos hace de breve interludio para llegar al final con “Canción sin fin (Epílogo)”. Se cierra el círculo que comenzara con “Todos de píe”, pero esta vez, por suerte, es un canto alegre por la llegada de una nueva vida. (Y sí, también es emocionante porque también tengo ese botón que me traslada de inmediato a aquella tarde de agosto en la que vi por primera vez ese “algo que respira, algo que me mira”. El que no sienta nunca esa sensación será un individuo como tal, pero estará incompleto de alguna manera, aviso para navegantes).

Y mientras repiten una y otra vez el estribillo (si podemos llamarlo así ya que las canciones de “Adelante Bonaparte” no suelen tener una estructura clásica) vuelvo a tener la sensación que me ha acompañado en varios momentos durante el espectáculo de haberme colado en el local de ensayo de un grupo que disfruta con lo que hace, sin mayores pretensiones que el mero placer de tocar juntos. De hacer música. Les envidio profundamente.

La vida es domingo, canción sin fin
Noche de estrellas, y un rato en el jardín
Dije para mi.. allí
Y esa fue la bienvenida.

Cuando por fin termina, la ovación es clamorosa. Varios minutos de aplausos de píe para estos señores a los que ya les tengo mucho que agradecer. Ha sido un pedazo de experiencia que recomiendo a todos aquellos que estén dispuestos a abrir su alma y dejar que les inunde todo aquello que, por lo general, ocultamos. Aunque sea por un par de horas merecerá la pena.

Tengo unas ganas terribles de poder disfrutar de las imágenes que JmRod ha grabado durante estas sesiones tan especiales para poder rememorar como es debido todas las sensaciones y placeres sentidos.

Y ansío ver a Standstill en un concierto más convencional donde poder cantar, saltar, bailar y sentir (de otra manera), su música.

Ahora a por “Viva la Guerra” y “1, 2, 3… Standstill”. Ya me estoy frotando las manos.

Si os apetece leer mis impresiones de la primera escucha de Adelante Bonaparte, haced click aquí.

Tutto l’universo obbedisce all’amore

[Basado en una historia original de Vince, Herr Brühl et moi.]

Final del verano de 1991. Un pueblo mediterráneo de esos en los que la luz es tan brillante que deslumbra y hace refulgir las hojas de los árboles.

Vemos a una chica caminando al lado de la tapia del cementerio. Por su figura de incipiente mujer estupenda envuelta en un ligero vestido veraniego diríamos que ya tiene casi veinte años, pero en realidad acaba de cumplir los diecisiete. Cuando la cámara se asoma a su rostro descubrimos que tiene toda la radiante belleza de la juventud enmarcada por un espeso cabello negro y que sus impresionantes ojos de color ámbar están vacíos. Sólo el bien formado arco de sus oscuras cejas parece darle algo de expresión a su mirada.
Tan joven y ya le han roto el corazón. A su alrededor hace un tiempo que todo está difuminado por la monotonía del color sepia. Pobre. Todavía no ha aprendido que esto también pasará. Que ese dolor que le atenaza el pecho desparecerá y llegará un día en que apenas recuerde qué era aquello que le parecía el fin del mundo. Y aunque esta experiencia dejará un poso en ella y en su personalidad adulta, olvidará ese sentimiento. De hecho lo olvidará de tal forma que no podrá evitar que vuelva a ocurrir. Todos estamos indefensos ante el olvido. Así debe ser.
De repente dos figuras doblan la esquina por la misma acera enfrente de ella. Apenas tiene tiempo de percatarse de lo que está viendo y, aprovechando que la puerta del cementerio está abierta, se cuela como un relámpago y se apoya al otro lado de la tapia. Era ÉL. Iba hablando y riendo con alguna otra chica. Ni siquiera la ha visto.
No puede evitar que sus ambarinos ojos se llenen de lágrimas y echa a andar entre las primeras lápidas antes de que el nudo que tiene en la garganta la ahogue por completo. Se dirige apenas sin ver hasta un rincón discreto porque por el rabillo del ojo ha intuido un pequeño grupo de personas en el otro lado del camposanto: están enterrando a alguien. Y a ella le parece que es ella la que ha muerto, así que se deja llevar por el morboso pensamiento de estar en su entierro mientras las lágrimas se derraman blandamente por su cara.
De su pequeño bolso saca su walkman y se pone los cascos: un buen entierro debe de tener una música apropiada. Bien hecho pequeña, si hay que vivir un drama, hagamos que sea teatral…

Entonces ve a ese chico. Para ella es un crío, aunque en realidad está a punto de cumplir trece años y eso para él es casi ser un Hombre. O eso creía hasta hace un par de días, cuando la vida no le había robado a la persona a la que más ha querido en su vida, la única que le hacía sentirse en casa y con la que no se sentía juzgado, censurado, incomprendido: su abuela. Él no lo sabe, pero también está llorando. Él cree que sólo está golpeando con el pie esa lápida como si fuera la culpable de lo que le ha pasado y, en ese momento, parece que apenas tiene nueve años.
Ambos se miran. Ninguno de los dos sabe por qué el otro está triste. ¿Acaso eso importa? La empatía es un sentimiento que no podemos detener. Fluye y nos inunda creando un vínculo inmediato. Ahora ya no se sienten tan solos, ahora su desgracia es, de alguna forma, compartida…
Ella se sienta sobre la tumba cuya lápida él pateaba, se quita los auriculares y se los ofrece sin decir una palabra. Entonces el chico se sienta a su lado y ambos acercan sus cabezas para escuchar la misma música a la vez. Un pequeño bálsamo para el alma.
Mientras escuchan la música no se miran, cada uno fijo en sus pensamientos, pero sienten el consuelo de sentir el calor del cuerpo del otro tan cerca, como un abrazo invisible. Para el chico es lo más cerca que ha estado nunca de una mujer. Y en ese momento ella le parece la mujer más hermosa que ha visto jamás. Puede sentir el olor de su pelo y, sin atreverse a mirarla directamente, se da cuenta de que si clava su mirada en el suelo puede ver de reojo la bronceada piel de sus rodillas. Fugazmente siente como en su maltrecho corazón aparece un sentimiento nuevo y sorprendentemente opuesto a lo que sentía hasta entonces: no lo puede definir pero está hecho de una mezcla de esperanza y fortaleza, como si hubiera recuperado ese valor que creía haber perdido.
Entonces se oye una voz de hombre que viene desde el grupo de personas que ya se dirigen a la puerta del cementerio. Es el nombre de él que, al escucharlo, mira hacia allí y luego a la chica. Durante una fracción de segundo se queda atrapado por esos ojos que ahora sí tienen una ligera expresión de curiosidad y por esos labios en los que se dibuja una imperceptible sonrisa. Él retira su mano de los auriculares que sujetaban juntos y, sin decir una palabra, se levanta con decisión y echa a correr. La muchacha se queda sola con su música viendo como el chico se aleja. Un chico que, en ese momento, casi parece de su edad.

¿Continuará?

Adelante Bonaparte (Standstill)

adelantebonaparteportada

Se podría pensar que es imperdonable que no le haya prestado hasta ahora a Standstill la atención que merecen (sobre todo teniendo en cuenta que uno de mis colegas de más antiguo es fan acérrimo y el realizador del documental “1, 2, 3… Standstill”). Pero, como cada vez estoy más convencida de que las cosas son como son porque así deben ser y que lo que sucede, nos guste o no, es lo que conviene, entiendo que hasta ahora no estaba preparada, sino intelectualmente, a nivel emocional para aprehender (y nunca he sido más consciente de esa “h”) la intención en la obra de estos catalanes.

Desde los primeros compases de “Todos de píe (Prefacio)” es como si se hubiera abierto una espita que estaba atascada (y sabe Dios –y vosotros- que yo no soy de las que se guardan nada…) y se hubiera liberado un torrente imparable de emoción, lágrimas y carne de gallina que estremece. Y no parar de preguntarte por qué Enric Montefusco dice tus frases. Pero no esas frases que dices por decir, no. Tus frases importantes. Las que definen TU VIDA de AQUÍ y AHORA. Las que duelen y asustan.

Prácticamente no había escuchado nada de Standstill hasta esta mañana, así que soy una virgen conversa. Me consta que han sufrido una gran evolución desde el hardcore hasta este, no sé ni cómo llamarlo, ¿pop-rock conceptual? Qué gilipollez, la palabra pop suena ofensiva en este caso. Tiene más del clasicismo de René Aubry o la experimentación de Pink Floyd, a veces minimalista, otras teatralmente orquestado, pero siempre muy cinematográfico…

Standstill

Me niego a etiquetar alto tan puro, tan grandioso. Algo que trasciende la propia música (que es puro sentimiento y verdad en cada arpegio) o las letras (pullas hirientes, mantras reconfortantes, llamadas de auxilio, enigmas que se autoresuelven). Un triple álbum circular que empieza con una muerte y acaba con una nueva vida. Y todo lo que hay en medio es lo que somos. Ahora sé que no se pueden escuchar “temas” de Standstill. Se ha de escuchar cada álbum como un todo y de principio a fin, y éste especialmente.

Sorprende y reconforta escuchar algo tan revelador, inspirador, que ha empatizado contigo desde antes de conocerte. No tengo palabras. Menos mal.

Standstill van a presentar su espectáculo audiovisual “Rooom” en el Circulo de Bellas Artes de Madrid esta noche, mañana y pasado mañana. Yo el miércoles estaré allí y os contaré esa experiencia que ya intuyo intensamente catártica.

Aunque me parezca como mostraros la mano amputada del David de Miguel Ángel, no me resisto a dejaros este video con un maravilloso fragmento de esta obra compleja y profunda. Escuchadlo con cariño, hacedlo por mí…