Llegó el destape!

pin up scale

El viernes por la noche caí en que había llegado la primavera. No porque lo diga El Corte Inglés, sino porque los hombres ya están cardiacos. Iba en el metro y me daba cuenta de que los pobres, que ya están empezando a ver chicha, no saben dónde mirar, llevan los ojos fuera de las órbitas y caras de: “Por Dios, ¿por qué nos hacéis esto?”. Esto es sólo al principio, chicos, luego os acostumbráis y ya podemos ir desnudas que ni os alteráis…

El caso es que todo esto implica que comienza la Operación Bikini y yo en plena crisis de pánico por el deterioro físico! Pues un 50% por esto, un 50% por hacer algo diferente que me obligue a salir de casa y a compartir tiempo con otros congéneres, como que me acabo de apuntar a un gimnasio. A ver qué sale de esto que estas cosas las carga el diablo…

El caso es que yo siempre he hecho ejercicio por mi cuenta y hace ya un tiempo que me lo estoy tomando en serio, que el otro día sin ir más lejos fui a repostar y sólo necesité una mano para apretar la pistola de la manguera y de lo más relajada, oye, y no como antes oprimiendo esforzadamente con las dos manos y mirando fijamente el contador para, con mis superpoderes, hacer que el depósito se llene más rápido porque estoy a punto de desfallecer (ostras, es que son 60 litros…). Sí, amigos, yo es que siempre he sido muy moñas, pero ya os digo que me estoy poniendo cachas. Todo será que me dé por repartir hostias, que ganas de eso nunca me ha faltado.

Lo malo que tiene esto del gimnasio (porque lo bueno ya sé que va a ser: que fijo que me va dar para unos posts de lo más suculentos…) es que a la que te descuidas vas y te pones buenorra. Creeréis que eso no puede ser negativo, pero ya os digo yo que sí. Yo sólo he estado buena una vez en mi vida: en el verano de 2003 que me leí la bibliografía completa de Marian Keyes mientras pedaleaba en la bici estática. Y debe de ser que aquello me aumentó el coeficiente intelectual, porque sino no se explica que muchos tíos con los que hablaba me acababan diciendo lo “lista” que era. Y yo me quedaba pensando “¿no querrás decir culo?, porque ahí donde miras no está el cerebro precisamente…”

Marian Keyes

“Hola, soy Marian Keyes y mis novelas no solo entretienen, sino que además te ponen el trasero como el de una cheerleader de los Lakers.”

A lo que voy es que, aunque es cierto que existe cierta sensación de poder en estar buena (de poder tirarte a quien te plazca, claro…), la cosa tiene unas desventajas que te complican la vida a la que te descuidas. A mí me dio por bajarme a un parque cercano a tomar el sol (en pantalón corto y camiseta de tirantes, no os creáis que hacía top less ni nada de eso) y estaba allí una tarde sentadita en un banco con mi librito cuando veo pasar un chico en bicicleta (no podría identificarle en una rueda de reconocimiento pero apuesto a que no tendría más de 20 años…) y cuando estaba a unos 20 metros el tío se baja de la bici y la deja tirada en el suelo y se arrima a un arbusto. Yo pensé que estaba haciendo pis (“mira, tan joven y con problemas de próstata, porque sino ¿esa urgencia como te la explicas?”), pero cuando al cabo de un rato vi que el muchacho seguía allí, sacudiéndose esa última gotilla que no terminaba de caer, empecé a sospechar que no era la vejiga precisamente lo que estaba aliviando…

No era la primera vez que me topaba con un exhibicionista de estos,(que una vez mi amiga Andy (McDowell), que es fina pero cuando quiere puede ser muy chunga, puso al orden a uno que nos cruzamos y que, la verdad, se quedó en nada el pobre…) pero aquella tarde en el preciso momento en que me percaté de lo que estaba pasando sentí auténtico y genuino pánico. Me duró poco porque por suerte apareció un grupo de chavales y yo me dirigí hacia ellos sin querer ni mirar a la Mano del Rey, así que no sé en qué quedó la cosa…

Andy McDowell

“Ahí donde la veis, toda dulzura, es el azote de los degeneraos.”

Lo peor del caso es que por la tarde se lo estaba contando a un amigo escandalizada, más que nada porque me parecía tremendo que un chico tan joven sufriera semejante falta de autocontrol (por Dios bendito…), y va el tío y me dice: “Normal, es que estás muy buena.” Vivir para ver.

El año siguiente, que ya no estaba yo tan buena, donde va a parar… (aunque la que tuvo, retuvo ;p), y que ya se me había medio olvidado el incidente, se me ocurrió volver a ese parque a correr. De nuevo estaba yo sola en mitad de ese idílico paraje rodeada de pinos cuando oigo las pisadas de otro corredor que se acerca por detrás, veo como me adelanta un chico joven corriente (jo, nunca mejor dicho…) y moliente y cuando ya está a unos 10 metros el tío se para, se da la vuelta, se saca el tema y se pone a lo suyo. Esta vez ya tuve más sangre fría: tal cual y sin perder mi pose de digna corredora me di media vuelta y me esfumé por el primer camino que encontré. No sé si sería el mismo elemento u otro, pero yo desde luego no he vuelto por ese parque a comprobarlo.

El caso es que ahora mismo ya no tengo tan claro si lo peligroso es estar buena o estar sola, aunque sea en pleno día, en un lugar solitario a merced de cualquier esclavo de sus impulsos… A mí de todas formas esto no me va a disuadir de ir al gimnasio y ya os contaré como evoluciona la cosa, porque tengo la pretensión de hacerme con un six pack de esos que pegan con todo y que son el complemento ideal para la próxima temporada. Ya os lo enseñaré…