En el Planetario

Planetario

La verdad es que llevaba toda la santa vida queriendo ir al Planetario para quitarme ese trauma de que no me llevaran allí de excursión con el colegio (no, allí no fuimos pero una vez nos llevaron a la fábrica de Bimbo y después nos dieron Panteras Rosas, que es el bollo que más asco da de la tierra…), así que el sábado nos fuimos a Méndez Álvaro a ver con qué nos encontrábamos.

Jo, pues resulta que está molón! Está muy bien para llevar a los críos y aprender un montón de cosas sobre Astronomía. También me pareció un sitio muy chulo para una cita romántica (¿hay algo más romántico que ver las estrellas?), ya sabéis, una de esas que dice “vamos a hacer algo bonito juntos”, no de las que dicen “estoy más caliente que el cenicero de un bingo”; siempre y cuando no te pongas en plan enteradillo porque entonces diría “soy más friki que Sheldon Cooper y esta es mi última oportunidad de perder la virginidad”.

Primero vimos una proyección, concretamente “El cielo y sus historias”, en la que te explican divinamente cómo encontrar la Estrella Polar (una cosa que todo el mundo sabe, al parecer, menos yo) que es muy útil para localizar siempre el Norte (algo que no viene nada mal a los estamos desnortaos). También te cuentan cómo diferentes culturas ven y denominan a la constelación del Escorpión (para nosotros y nuestra herencia del mundo clásico es un arácnido que se cargó Orión, pero para los hawaianos es un anzuelo mágico y para los bolivianos una honda; interesantísimo todo, oiga).

¿Sabíais que las constelaciones que podemos ver bien durante las noches primaverales son las de Cáncer, Leo, Virgo y la del Boyero (me voy a abstener de hacer gracietas)?

Leo

La Constelación de Leo (según este gráfico que he encontrado en el estupendo blog “La Bitácora de Galileo”), para que veáis lo fácil que somos “las leonas” de encontrar localizando la Osa Mayor…

La verdad es que me pareció genial eso de ver “una peli” en la cúpula del techo de manera que el hombre elefante no te pueda jorobar parte de la pantalla. Y la proyección de estrellas es una auténtica pasada, sobre todo para los que no estamos acostumbrados a verlas en esa cantidad gracias a la estupenda contaminación lumínica de que podemos disfrutar en esta nuestra ciudad… Al Hombre Tecnológico y a mí nos encantó, aunque la verdad es que Victoria se aburrió bastante; creo que la próxima vez que la llevemos a un sitio en el que se apaguen las luces más vale que aparezcan Pocoyó o Bob Esponja o se nos va a levantar en rebelión la pobre…

Después estuvimos viendo varias exposiciones:

  • “Paisajes de Marte”, de la que lo que más nos gustó es el módulo de simulación de tornados. A mí me hubiera gustado poder pararme a leer los carteles y ver las fotos (que son impresionantes) con más detenimiento, pero la verdad es que los niños son un coñazo milagro de la naturaleza y no se les puede tener quietos más de dos segundos.
  • “Viaje a Saturno” también es muy interesante. No sabía yo que Saturno, al igual que Júpiter, Urano y Neptuno, no tiene una base rocosa sino que está formado sólo por gases. También nos pareció muy friki el tema de sus satélites y los intentamos memorizar: sólo se me quedó Titán, mi cabeza no da para mucho últimamente…

¿Sabíais que el mayor satélite del sistema solar es Ganímedes y orbita alrededor de Júpiter, siendo incluyo mayor que Plútón y Mercurio? (Seguro que hay algún listillo que está pensando “pues claro que lo sabía ¿por quién me tomas”?)

  • También había otra exposición llamada “Arte en el Universo” con fotos espectaculares de toda clase de maravillas del Cosmos.
  • Pero la que nos triunfó a todos fue “De la manzana a los agujeros negros”, una exposición interactiva sobre la gravedad en la que había multitud de módulos en los que experimentar con este fenómeno. Se podían hacer cosas tales como lanzar objetos en los simuladores de agujeros negros o comprobar tu peso en diferentes planetas, así que tuvimos a la niña entretenida bastante rato (vamos, de hecho tuvimos que engañarla para salir de allí), así que pudimos enterarnos bastante bien de cosas muy curiosas.

¿Sabíais que el punto de no retorno, es decir, del que nada escapa, de un agujero negro se llama “el horizonte de sucesos” y su vórtice se conoce como “la singularidad”? (Qué conceptos tan estupendos, creo que los voy a utilizar la próxima vez que vea a un tío con la bragueta abierta…)

Para culminar la visita, un paseo por el Parque Tierno Galván (como ya sabéis, prócer de La Movida madrileña) desde el que se pueden contemplar unas vistas de Madrid de lo más bucólicas y castizas.

Si alguno se queda con ganas de más, están muy cerca tanto el Museo de Ángel Nieto, (que no lo vimos, pero que me parece difícil que pueda estar mejor que el Museo de Motos que tiene mi tío en la Puebla de Montalbán (Toledo), al que recomiendo acudir a todos aquellos moteros de pro que quieran disfrutar con los trabajos de reconstrucción de motocicletas antiguas y con una colección realmente fabulosa) y el Imax, al que también quiero ir desde hace mucho tiempo, pero que me temo que habrá que esperar a que la niña sea un poco más mayor.

El ataque

Parece ser que esto, por mucho que nos guste, no sería posible: con ese tamaño la fuerza de la gravedad que ejercería la tierra sobre esta bella dama no permitiría que sus huesos la sostuvieran. (Yo me puedo permitir hacerme la sabionda porque hace ya bastante que perdí la virginidad).