Dedicatoria de los viernes: “Tears in Heaven”

Me temo que la de hoy no es una dedicatoria alegre: Hace unos días recibí una de esas llamadas que te paran el corazón en la que se me informó, aunque me resultara imposible de creer, de que una persona que conocí ya no está más en esta vida, en ocasiones, corta, extraña y cruel.

Aunque no puedo decir que fuese ya una amiga, Natalia era una colaboradora con la que me unía mucha simpatía y complicidad. De todas las personas ajenas a mi oficina de las que he conocido en los últimos meses, y os aseguro que han sido muchas, era con la que más había entrado en el terreno personal: a menudo nuestras conversaciones de trabajo terminaban convertidas en charlas terapéuticas de despotrique divertidísimas.

Si todo hubiera seguido su cauce normal, hoy habríamos comido juntas. Así lo habíamos planeado. Lo que no entraba en nuestros planes es que el pasado sábado un coche conducido por un octogenario acabaría impactando contra una joven pareja de moteros treintañeros y acabaría con sus ilusiones y sus planes de futuro. Una de esas injusticias inexplicables con las que tenemos que convivir y que, durante unos días, te hacen replantearte la forma en que sobrellevamos el día a día.

Teniendo en cuenta la sorprendente fugacidad de la vida, sólo os puedo desear que la viváis intensamente, sin rencores y con alegría. Porque cada minuto cuenta.

A Natalia: Nena, donde quiera que estés, seguro que le estás alegrando “la vida” a alguien. Espero que se lo merezca como tú.

Hasta siempre.