La pianista (Michael Haneke, 2001): Cualquier excusa es buena para teorizar sobre sexo…

La sexualidad de cada cual es un aspecto más de su personalidad. Dependiendo, no sólo de su experiencia, sino también de su carácter, gustos, educación… es posible tenerla alojada directamente en el vestíbulo de nuestro yo (a algunos es que solo les falta sacársela espontáneamente y meneársela all over the place… OH, WAIT!) o muchísimo más escondida, quizá hasta en algún oculto trastero en un desván,  semi tapiado y olvidado por el tiempo donde jamás entra nadie (pues tampoco lo veo plan…).

La salud mental y la sexual van de la mano, así que la cordura dicta que las personas razonablemente equilibradas mantengamos nuestras fantasías más o menos inconfesables fuera de la mirada de los curiosos, pero relativamente accesibles para cuando necesitemos utilizarlas (y compartirlas si se tercia…). Ya sabéis, en ese lugar donde guardamos nuestra intimidad cuando ésta no es tan vergonzosa que temamos que el hecho de que sea descubierta nos arroje al ostracismo de nuestros semejantes: la mesilla de noche.

Aún así siempre hay cosas que no le contaremos nunca ni a nuestra mejor amiga  (los siento infinito por los hombres heterosexuales que carecen de esta figura que hace las veces de madre, hermana y confesor y que sirve de desahogo de la conciencia así como de válvula de escape liberadora para ese sentimiento que es casi imposible de soportar: la incomprensión. Tener a alguien que no sólo no te juzga sino que además  te entiende y hasta comparte tu punto de vista, haciéndote sentir que no estás sólo en el mundo con tus “supuestamente” extrañas paranoias y comportamientos pseudo enfermizos es un alivio inenarrable). Pero aún así es probable que haya algunas facetas que sigas guardando para ti. Quizá porque son sentimientos demasiado sutiles en su perversión como para poder describirlos con palabras. Quizá porque incluso las mujeres (o precisamente más las mujeres) tenemos dobleces que preferimos no compartir…

Pues bien, todas esas dobleces mías, paranoias y comportamientos pseudo enfermizos, todas mis más inconfesables fantasías producto de las taras y traumas acumulados en mis 38 años de experiencia vital;  cualquier atisbo de degenerada desviación en mi comportamiento sexual (y no pienso dar la más mínima pista, no os frotéis las manos…) son de una blancura virginal y de una casta inocencia rayanas en lo místico comparadas con lo que tiene en la cabeza la protagonista de esta película.

Hija de la Deneuve de “Belle de Jour” y prima de la de “Repulsión” (con ese toque a “La extraña pasajera” pero sin remisión), esta mujer patológicamente incapaz de mantener una relación sana con su cuerpo y mucho menos con el de otras personas (parece una obviedad, pero el sexo implica permitir que otra persona traspase una barrera que va más allá de lo físico y permitirle que se asome a lugares de tu, vamos a llamarlo “alma” porque psique me hace pensar en Freud fumado en pipa, a los que, en fin, no todo el mundo tiene acceso y esa experiencia puede ser desde brutalmente íntima -cuando se hace bien ;p- hasta descorazonadoramente aséptica dependiendo del caso, así que conviene no frivolizar con ello) constituye el ejemplo de lo que, desgraciadamente, podría ser muy habitual en nuestros días: personas que en apariencia son absolutamente normales pero que esconden esas sombras que los sumen en lo asocial.

No sabemos, aunque podemos intuirlo (un padre ausente y enfermo mental, una madre excesivamente dominante y controladora, una carrera basada en la más férrea disciplina, cómo nos está recordando todo a “Black Swan”…), el porqué de su grave trastorno, pero escena a escena Haneke nos hace partícipes de su irrecuperabilidad y nos obliga a mirar con esa malsana fascinación que ejercen sobre nosotros las cosas que no podemos entender pero que adivinamos morbosamente humanas.

Las películas de este señor son casi siempre así. Por eso yo suelo tardar una eternidad en decidirme a verlas. Pero al final las veo. Y, si no se lo contáis a nadie os confesaré que, aunque sea con los ojos medio tapados, hasta las disfruto…

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3 Responses to La pianista (Michael Haneke, 2001): Cualquier excusa es buena para teorizar sobre sexo…

  1. alcorze says:

    El cartel llama la atención. Nunca he visto un baño tan limpio en el que dar un revolcón. Aunque tu pseudo confesión me ha interesado bastante más. Me las prometía muy felices leyendo tus inconfesables fantasías este viernes en el que estoy solo con otro compañero en una planta en la que trabajamos quince personas. Pero al final, como no podía ser de otra forma, has sido buena. Lo cierto es que los tíos no tenemos esa figura de amigo, o al menos no la usamos, al que contarles nuestros secretos más íntimos. ¡Besos!

  2. XDDD Mi exhibicionismo está debidamente domesticado, Al… Y en cuanto a mis fantasías, el hecho de tener no una, sino varias amigas (y algún amigo) íntimas me ha permitido saber que son prácticamente las mismas que tenemos las mayoría de las mujeres. Es casi una pena llegar a darse cuenta de que una no es tan perversa como le gustaría pensar….

    El hecho de que el baño esté tan limpio hace que la escena sea todavía más sórdida… Es una peli recomendable, aunque no es muy agradable!

    Que pases un buen día en esa solitaria oficina.

  3. Sonix says:

    Creo que me falta hablar más de sexo con mis amigas. Lo de las fantasías más secretas y perversas es un tema que nunca he comentado con ellas, ni siquiera demasiados detalles sexuales. Con lo que me gusta a mí hablar de eso… xD
    Pero bueno, total, que no he visto la peli porque en su día no me llamaba mucho. Pero ahora, que ya han pasado unos años y soy de otra manera, me llama mucho más la atención. Y a ver si es tan perversa…

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