Anna Karenina (Joe Wright, 2012)

Parece ser que James Joyce opinaba que Tolstoi nunca fue cansino (y él debía de saber bien de lo que hablaba…). Bueno, pues supongo que eso es algo muy subjetivo porque “Anna Karenina” es una novela de mil páginas en la que suceden cosas apasionantes, pero también hay eternos pasajes dedicados a la organización agrícola rusa de finales del XIX que, a ojos de cualquiera que no sea o pretenda ser perito agrónomo, no sé, cansino es poco lo que le puede llegar a resultar…

Lo que está claro es que cualquier tedio entre sus páginas se le perdona por el hecho de habernos dejado la trágica historia (entre otras muchas cosas) de esta mujer que se debate entre una pasión devoradora y el peso que le impone una sociedad machista, hipócrita y santurrona en la que a los hombres se les perdona todo (y su propio hermano es el ejemplo más claro de esa premisa), mientras que las mujeres son esclavas del comme il faut (no creo que sea casual que la primera vez que supe de esa expresión fuera leyendo “Infancia, adolescencia y juventud” del propio Tolstoi).

Precisamente por lo universal de la historia, ha sido llevada muchas veces a la pantalla. En esta ocasión, todo el boato y la magnificencia de un imperialismo ruso viviendo los últimos coletazos de esplendor se ha rendido a los excesos posmodernos tan en boga últimamente. No seré yo quien se queje siendo como soy fan de todo exceso, sobre todo en aquello que implique rupturismo con la realidad y esteticismo llevado a su climax, pero para que nos entendamos, es que la “Anna Karenina” de Joe Wright es lo más marica que se ha visto desde “Moulin Rouge”.

Anna Arkadyevna Karenina y su drama ferroviario.

Wright ya ha dado en otras ocasiones razones para pensar que apunta maneras. Aunque tanto “Orgullo y prejuicio” como “Expiación” pueden parecer ejemplos de contención, hay ya algo en ellas que demuestra esa especial querencia que tenemos algunos por un miriñaque on the dance floor, y aunque “Hanna” parezca lo opuesto a todo ello, es bastante videoclip en toda su puesta en escena. Pero ahora Wright ya se ha destapado el edredón nórdico y hay plumas everywhere

La escenografía no se conforma con ser teatral sino que LITERALMENTE todas las secuencias tienen lugar en un escenario o entre bambalinas, lo que a mí me parece de una originalidad desbordante, pero que entiendo que a otros pueda parecer rebuscado y gratuito. Su diseño de producción es deslumbrante (y se merecía el Oscar más que “Lincoln”) y su vestuario (aquí sí merecidamente premiado con la estatuilla aunque fuera en detrimento de nuestro Paco Delgado), indescriptible.

Hay varias jugadas muy arriesgadas (quizá demasiado) en esta Karenina, además de esa escenografía que, no nos engañemos, hace que cueste un poco entrar en acción. De todas, la que ha resultado más fallida es la elección (y posterior caracterización) del Conde Vronsky. Irónicamente Jude Law hubiera estado soberbio como Alekséi Kiríllovich hace diez años porque su espectacular belleza apolínea con trazas angelicales no estaba exenta de la morbosidad que esconden las personalidades complejas. Pero no estoy muy segura de si el problema de Aaron Johnson es su interpretación es la falta de química con Keira Knightley o ese pelucón querubínico combinado con los uniformes pastel, pero a mí no me ha enamorado nada y eso que yo venía ya enamorada de casa…

Era hermoso y rubio como la cerveza…

La otra es la elección de las coreografías para los bailes (habida cuenta de que el tema musical se había solventado tan bien con la partitura de Dario Marianelli). Hasta para mí, se deslizan sobre esa finísima línea entre lo desesperadamente sublime y lo ridículo, y entiendo que para todos aquellos para los que “el baile” no sea más que eso que va en las bodas después de la tarta, puede avergonzar hasta el sonrojo.

Pero a  pesar de (o puede que gracias a) la escenografía rebuscada, el Conde Vronsky alejado de la iconografía de apuesto canalla enamorado que me imaginé y las coreografías que hacen parecer “clásica” a Pina Bausch, a mí me ha super encantado esta nueva versión de “Anna Karenina” y sé que es una película que volveré a ver (quien sabe si una vez al año, cuando la nostalgia invernal devenga insostenible…)..

“Anna Karenina” se estrena en España el 15 de marzo.

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