Un amigo para Frank (Robot & Frank, Jake Schreier, 2012)

“Un amigo par Frank” es una bonita y entretenida película sobre la amistad y sobre la pérdida de los recuerdos. El Frank del título es un hombre que ha llegado a la vejez (mayorez, no sé, como quiera que se diga más eufemísticamente el estado de decrepitud irreparable alcanzado por el ser humano a partir de cierto momento) aquejado de severas pérdidas de memoria (la palabra Alzheimer no se pronuncia en ningún momento pero…). En su juventud fue ladrón. Sí, ya sabíamos que los ladrones también llegaban a viejos porque lo habíamos visto en otras películas; lo que además ocurre es que, como la mayoría de jubilados de otras profesiones, también sucumben ante las enfermedades mentales degenerativas…

Como vive solo por estar divorciado, sus hijos (Liv Tyler y James Marsden) se preocupan por su salud e integridad pero tampoco le pueden dedicar el tiempo necesario, uno de ellos (la hija de Steven Tyler no, Cíclope) decide enviarle un robot que le ayude a cuidarse y con las tareas de la casa. La acción se desarrolla en “un futuro cercano” así que la tecnología ha avanzado lo suficiente como para que estos cacharros desplieguen multitud de skills. Aunque a Frank el robot le parecerá al principio un incordio, pronto descubrirá su gran utilidad, e incluso entablará con él una relación de amistad que ya quisieran para sí muchos humanos que conozco.

“Dice que es mi hija pero yo sigo pensando que es el cantante de los Aerosmith…”

La película tiene un tono de comedia amable que quizá contra quien más satiriza es contra esos yuppies posmodernos a los que parece que aspiramos todos a convertirnos con sus casas de paredes de cristal y sus gadgets y tonterías varias (la frase “Frank, eres tan retro que casi eres avant-garde” pronunciada por uno de los peores especímenes de esa clase que se han visto últimamente es un gran ejemplo).

Me gusta especialmente como está tratado el tema de la memoria y como en la relación presente de Frank con sus hijos vamos descubriendo cómo fue su relación en el pasado. Además plantea la reflexión sobre la memoria como prueba de que hemos vivido, así como el propio pensamiento es la prueba de nuestra existencia. ¿Qué ocurre cuando perdemos la memoria? Que dejamos de haber sido. Ya no importan las experiencias que tuvimos, ni quienes fuimos ni a quien quisimos o nos quiso si no podemos recordarlo. De ahí que el propio Frank valore tanto la memoria de su robot.

“Papá, deja de llamarme X-Men de palo porque eso duele. ¡Ya te he dicho que soy tu hijo!”

También me parece una forma de reivindicar la experiencia, otro valor a la baja hoy día en que sólo lo joven y nueve parece tener cabida, y que no sólo está reflejada en Frank y su necesidad de demostrar que todavía mantiene su habilidad, sino en toda la subtrama relativa a la biblioteca “analógica” que regenta Susan Sarandon en la que los libros serán sustituidos por su formato electrónico y enviados a reciclar. Personalmente este tema me plantea un dilema moral: estoy a favor de la tecnología y el e-book me parece el presente-futuro necesario (es más ecológico, más práctico, más barato), pero el amor que sentimos hacia los libros como objeto (dejando a un lado el espinoso tema de los puestos de trabajo que desaparecen con el cambio de modelo) nos atormenta. Es el precio que se ha de pagar por un progreso que no espera a nadie en su implacable avance. Y el que no evolucione que con él estará abogado a convertirse en retro cool, me temo…

A destacar la labor interpretativa de Frank Langella, imprimiendo en el personaje a partes iguales laconismo y cascarrabismo, ironía y dignidad. Las réplicas entre él y el robot son lo más divertido de la película y dónde subyace otro de los temas de fondo del film: nuestra relación con las máquinas y como estas pueden ser más humanas que nosotros mismos, así como que el cerebro humano es la más sofisticada de todas ellas, hasta ahora no igualada por ordenador alguno.

También un placer, como siempre, ver a nuestra querida Abigail “llena eres de gracia” Tomalin en un papel que oscila entre lo encantador y lo adorable y que, como casi siempre en ella, no da puntadas sin hilo.

“Un amigo para Frank” se estrenará en España el 25 de mayo.

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