Días de pesca en Patagonia (Carlos Sorín, 2012): crítica y entrevista al director (Cayetana: tiembla, ¡voy a por tu puesto!)

Con “Días de pesca en Patagonia”, su octava película de ficción, el argentino Carlos Sorín vuelve por sus fueros tras ese paréntesis en su carrera que supuso el (buen) ejercicio estilístico y de suspense clásico de “El gato desaparece”: el salvaje y desolador paisaje de la Patagonia con esos cielos interminables y esa luz sobrecogedora, para enmarcar una historia sencilla (Sorín siempre estará ligado al concepto “historias mínimas”) pero conmovedora sobre buenas personas, interpretadas desde una naturalidad pasmosa.

En esa línea os recomiendo tanto “El camino de San Diego” (una road movie en la que un humilde feligrés de la religión de El Pive hace un periplo de 1.200 kilómetros desde Misiones a Buenos Aires para llevarle a Maradona una raíz de timbó que ha encontrado y que se parece al futbolista-dios) como “Bombón (El perro)” (en la que su protagonista -Juan Villegas- sólo con estar ahí ya transmite una enorme mezcla de sensaciones de desamparo, ilusión, humildad… y todo ello desde la mayor economía de gestos de la historia -bueno, igual me he pasado…;p-).

Hasta la naturaleza es fan de Diego Armando…

Lo que cuenta “Días de pesca en Patagonia” es muy breve de explicar: un hombre que acaba de entrar en la cincuentena (Alejandro Awada), y de salir de un proceso de desintoxicación, decide viajar a Patagonia a practicar la pesca y visitar a su hija (Vicky Almeida), a la que hace años que no ve. Lo importante en esta película no es, por tanto, lo que ocurre, sino lo que subyace detrás: la relación de este hombre con su pasado y con su hija que, aunque apenas se esboza, Sorín sí deja traslucir ese trasfondo que el espectador debe rellenar, según sus propias palabras:

“Las películas no ocurren en la pantalla sino en la mente del espectador. Por lo tanto es éste quien con su sensibilidad y su experiencia completa el film. El film en realidad es sólo un modelo para armar.”

El personaje perdido y solitario en la inmensidad azul.

Personalmente me parece que Sorín consigue emocionar con la sutileza con la que aborda las situaciones y con una puesta en escena más elaborada (creo que la experiencia de “El gato desaparece” puede haber tenido mucho que ver en esto) que en sus anteriores propuestas “patagónicas”, pero que sigue dando protagonismo a las intrepretaciones (en este caso Alejandro Awada y Vicky Almeida resultan muy verosímiles, pero quedan casi eclipsados por los entrañables personajes que les rodean) y no olvida el sentido del humor.

La carretera soriniana.

A destacar especialmente dos aspectos de colaboradores habituales de Sorín:  el bellísimo tratamiento de la luz por parte del director de fotografía Julián Apezteguía y la acertada música de Nicolás Sorín (su hijo).

Entrevista a Carlos Sorín: “Me gusta la dramática no enfática”

Carlos Sorín

Tanto la proyección como las entrevistas a Sorín tuvieron lugar en la Casa de América, un enclave de un lujo decadente. La entrevista fue compartida con otros dos compañeros: Susana de Cineralia y Fernando de TuPeli, y en una de esas salas detenidas en el tiempo recibimos a Carlos Sorín, un hombre pequeño pero gran conversador, de mirada penetrante y risa fácil que resulta tan acogedor como sus personajes.

Fernando: Llegas a España después de un largo proceso de promoción con la película, ¿cómo sueles vivir los procesos de promoción en general y este en particular?

Carlos Sorín: Esto empezó en Toronto, después San Sebastián, Buenos Aires, Francia, después varios festivales y ahora en España… ¡uno termina odiando la película! [Risas] Bueno, eso me pasa siempre… la empiezo a odiar y después de varios años vuelvo a verla y digo “no estaba tan mal” [risas]. Pero yo creo que el proceso de promoción forma parte del oficio, más en estas películas que son artesanales donde yo tengo que venir a hacerla. Además no son películas que tengan una fuerza en marketing tal que pueda prescindir de la prensa; es más, la prensa pasa a ser absolutamente esencial y  [la promoción] forma parte de mi trabajo. Pero además viajo y trabajo en el próximo proyecto. Trato de hacer una vida cotidiana a pesar de los viajes.

Susana: A mí me gustaría saber cómo ha sido el trabajo entre los actores protagonistas.

Carlos Sorín: Yo tuve una reunión con Alejandro en Buenos Aires donde hablamos en general de las características del personaje, otra reunión con Vicky y una reunión con los dos que nunca habían trabajado juntos. Y después nada más… allá llegamos y filmamos, sin mucho ensayo. Más ensayos mecánicos para el foco, para la luz… y filmamos. Yo primero porque soy bastante ansioso no ensayo, porque creo que esas cosas que salen en el ensayo nunca más se van a volver a repetir, cosa que no es cierto, pero bueno… Pero evidentemente ellos sí hicieron un trabajo a fondo. Ambos  tenían personajes muy bien construidos y son gente de mucho talento. Para mí fue fácil trabajar con ellos. Son actores de una sintonía muy fina, uno puede marcarles cosas y las incorporan a la siguiente toma, que construyen. Y más en una película así que no hay texto ni acciones para agarrarse…

Monidala: ¿Y el resto de personajes son profesionales? Da la impresión de que son ellos mismos…

Carlos Sorín: No, no… ninguno. Acá los dos únicos actores (no profesionales, actores), son ellos dos. El resto nunca hicieron nada. Pero es el resultado de una búsqueda larga, es el resultado de dos meses. Y yo termino el guión una vez que ya los tengo. Pero si tú los conoces, ellos son tal cual. Es más, las palabras son las suyas, yo no les doy el texto. Sí lo induzco para que digan lo que en general tienen que decir y tengo la ayuda del actor delante de cámara.

Fernando: Tu hijo vuelve a poner la música. ¿Él tiene total libertad o tú le marcas las pautas?

Carlos Sorín: Es la sexta película que hago con Nicolás. Al principio no tenía libertad, ahora el que no tengo libertad soy yo [risas] en el sentido de que él me dice “este es el tema” y allá vamos. Pero tiene un enorme talento para música de cine. Él aparte es un gran músico, es el músico de Miguel Bosé, ha hecho sus dos últimas producciones. Ya es un músico armado y yo mucho no intervengo. En general él se resiste hasta no ver imágenes… si hablamos en general de la música y el resultado luego es totalmente distinto de lo que habíamos hablado. Acá hablamos de una música con poca melodía y al final me manda un tema y me dice “me parece que este no es” y yo le dije “es este sin duda”. Yo ahora le tengo suficiente confianza como para darle el material y el tiene total libertad. Si no me gusta se lo diré, pero hasta ahora no pasó.

Susana: Me gustaría saber si el final ha sido siempre tal cual o si ha habido un cambio en el guión. PSUEDO SPOILER A PARTIR DE ESTE PUNTO

Carlos Sorín: El final ha sido siempre tal cual y el guión refleja perfectamente lo que es la película. Yo trabajo mucho tiempo en el guión porque es lo que te puede garantizar que la narración después funcione. Y que después se recupera en la edición para esa construcción narrativa. Si yo necesitaba un final, no podía ser un happy end. Tampoco haría un final deprimente para esta película, entonces hay un happy end dudoso. En todo caso queda para el espectador la decisión de para qué lado va el futuro. En cualquier caso sí que hay es un happy end porque en el aislamiento del personaje él sabe, y eso es algo, que en el caso extremo de muerte o enfermedad, no va a estar solo.

FIN DEL PSEUDO SPOILER

Monidala: A mí me ha llamado la atención la puesta en escena y además, el paisaje. ¿Qué te interesaba de ese tema? ¿Hay algo de metafísico?

Carlos Sorín: No… es mi sexta película en la Patagonia y creo que ruedo allí por costumbre, porque hay  una especie de reflejo pavloviano entre filmar y la Patagonia… De cualquier manera me parece que, si bien esta historia no es patagónica, podría suceder en cualquier lugar, esa presencia prescindente, casi una ausencia, esos espacios vacíos, esos cielos, esas distancias… como que dramatizan de alguna manera su aislamiento, la exclusión del personaje, su soledad. De cualquier manera trato de que la Patagonia esté relativamente presente porque uno lo puede transformar en un elemento dramático muy decorativo y para mí la película pasa por los rostros y los personajes más que por el contexto. Pero ahí está y aporta su cuota de espacio vacío.

Fernando: De la película llegaste a afirmar que estaba tomando un tono más de comedia que el que te imaginabas.

Carlos Sorín: En realidad yo estoy trabajando acá con dos temas que no son de comedia, son temas fuertemente dramáticos: la separación con la hija, el abandono, es un tema dramático para ambos… Y la adicción en sí. entonces mi tendencia es a alivianarlo. Eso está funcionando abajo, uno lo sospecha a través de las interpretaciones pero trato de no enfatizar. Es mi forma de narrar, eso hace que cuando aparece lo dramático sea mucho más dramático. Debe de se la influencia chejoviana, donde todo pasa muy liviano pero abajo sabes que hay una caldera que está a punto de estallar y que normalmente estalla al final. Me gusta esa dramática no enfática. Es un tema de dosificación.

Susana: Desde “La ventana” llevas trabajando con el mismo director de fotografía [Julián Apezteguía]. Aquí la luz es muy importante…

Carlos Sorín: Sí, sí… es un gran director de fotografía. Tengo un equipo de primera: un sonidista de primera… tengo un gran equipo… es un equipo pequeño pero de lo más cualificado que uno puede reunir en Argentina. Esta fue mi primera película digital, que para mí era un desafío aunque para él no. La idea era no intervenir, compensar la luz porque las cámaras no funcionan como el ojo, pero no intervenir, dejar que la luz sea la real eligiendo la hora, el ángulo, el lente… Para eso hace falta un director de fotografía especial porque en general les gusta poner luces, etc., ¡sino para qué son directores de fotografía! [Risas]. Esto lo hicimos primero por un principio de no intervención, de que no resulte artificioso, que sea una película fuertemente realista, y segundo por un problema presupuestario o de dimensiÓn de equipo: yo prefiero hacerlo con un equipo pequeño que tiene mayor movilidad y menor logística.

Monidala: Aún así trasladarse para rodar hasta Patagonia debe de ser complicado…

Carlos Sorín: Bueno… ¡tomas el avión! [Risas]

Monidala: ¿Cuánto tiempo duró el rodaje?

Carlos Sorín: Siete semanas de seis días cada una, porque si estás allá dos días sin hacer nada te mueres. Una de las cosas que hago en todas mis películas es, en general, seguir el orden del relato. Para los actores es muy importante, todo el mundo va encontrando el tono. Yo voy haciendo pequeños bocetitos de lo que estoy filmando, los domingos especialmente y entonces todo el mundo va escribiendo la película.

Fernando: ¿Se puede considerar esta película una vuelta a tu estilo más habitual, al que nos tienes acostumbrados, o simplemente te dejas llevar por tu impulso de contar historias sin importar el género?

Carlos Sorín: La idea original de esta película es la época de “Historias mínimas” pero yo ahora estoy haciendo películas más construidas. No sólo en el guión sino construidas en su puesta en escena. En las anteriores yo trabajaba como en un falso documental, con una cámara errática que le de realismo. Ahora trato de que quede de verdad pero con una puesta más pensada, con una cámara más estable, más construido todo. Aunque es probable que en la próxima vuelva un poco… depende, cada película uno también tiene sus códigos y uno debe de tener elasticidad.

Susana: ¿Próximos proyectos?

Carlos Sorín: El próximo proyecto se llama “Nueve”, porque no tengo título. Y es en el sur, en una región muy fea [risas], realmente me van a odiar el equipo, con pueblos petroleros desérticos,  ventosos y sucios. Una región ideal [risas].

Susana: Pero seguro que habrá una carretera…

Carlos Sorín: Sí, sí claro. Es lo único que existe: está el pueblo y la carretera. Y como hay muchos piquetes y mitines y conflictos sociales, siempre lo cortan y el pueblo queda aislado durante semanas.

Pues mira, nos ha dejado muchas ganas de conocer ese pueblito desértico con carretera… Mientras tanto nos quedamos con esta “Días de pesca en Patagonia”, que se estrena el viernes 15 de marzo en nuestro país.

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