Secuencias para la eternidad: el polvo polvoriento (o multipolvo croqueta) de “Zabriskie Point” de Antonioni

Como no tenemos nada que hacer este lunes (escribir sobre Documenta Madrid y el Nocturna, entre otros millones de cosas mucho más prosaicas), vamos a empezar nueva sección o excusa barata para actualizar el blog (pero para ser de las baratas es de las mejores…): el polvo piscinero de “Show Girls” (ahora que la han proyectado en la Filmoteca seguro que se le empieza a hacer justicia a esta película mítico-maravillosa, homenaje literal a “Eva al desnudo”,  de diálogos delirantes y situaciones vergonzosas, pero guilty pleasure donde los haya) ya no está solo en los altares del sexo incómodo.

En “Secuencias para la eternidad” me gustaría llamar la atención sobre determinados momentos del cine, quizá no tan conocidos para el común de los mortales, pero que bien valen una película, así que no esperéis que comente el momento Charles Foster Kane dejando caer una bola de nieve de su mano muerta con enfermera entrando al fondo en contrapicado y prodigiosa profundidad de campo (oh, wait…!). Aunque cualquier cosa es posible según como sople el viento.

En este caso se trata de un momento desconocido para mí hasta anoche mismo. Antonioni en general me suele gustar entre poco y nada, pero “Zabriskie Point” me la habían recomendado mucho. La verdad es que no me estaba seduciendo la cosa especialmente hasta este punto, que sin duda está llamado a engrosar la lista de Grandes Momentos Sexuales del Cine (como otros de los que ya hablé cuando comenté “9 Songs”)… [Como siempre, me reservo absolutamente mi derecho a cambiar de opinión sobre Antonioni, “Zabrieskie Point” e incluso sobre la supuesta incomodidad de follar en mitad del Valle de la Muerte, que nunca se sabe y ya decía Wilde que  “no somos jamás tan sinceros con nosotros mismos como cuando somos inconsecuentes”…].

Para el que no haya visto la película, por poner un poco en situación sin desvelar gran cosa, estos dos (inmersos en sus respectivas huidas hacia delante) han tenido un meet-cute  delirante, algo así como el colmo de los colmos del cruising de carretera, que son otros 200.000 puntos más para Antonioni, dicho sea de paso…  De entrada puede no pareceros gran cosa, pero a partir de 01:56 el delirio hippy entra en escena y la cosa alcanza tintes épicos, todo ello a golpe de Jerry Garcia (ojo con la banda sonora con más temas de Greatful Dead o Pink Floyd entre otros, porque es muy molona).

Como ocurre con cualquier momento simbólico del cine, cada uno lo interpretará a su manera, pero yo creo que para representar el hecho de que en esto, como en tantas otras facetas de a vida, somos uno y somos mil y que si hay algo que es libre (o debería serlo) es nuestra capacidad de imaginar el sexo como nos plazca, la metáfora funciona.

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