Primer (Shane Carruth, 2004): Low-budget roller coaster

Aun a riesgo de resultar hipstérica tengo que decir que, vistas “Primer” (2004) y “Upstream Color” (2013), me parece indudable que con Shane Carruth estamos ante un autor (en el más baziniano sentido del término) que tiene mucho que aportar al cine actual que pretende trascender el mero entretenimiento y la rentabilidad, y ello desde una visión personalísima que le lleva no sólo a dirigir, sino también a escribir, producir, interpretar e incluso componer la música de sus películas.

Su cine es necesario 100%, se esté o no de acuerdo con sus premisas y nos resulte o no inextricable. Es el relevo necesario para los Lynch, Cronenberg o Malick (el que hacía buenas películas, digo… ;p), como lo es el de Carax o Reygadas. Porque con sus películas, que nos ofrecen más preguntas que respuestas, ellos le aplican un desfibrilador a este arte que, a menudo, parece al borde del encefalograma plano.

El cine ha muerto: larga vida al cine.

La experiencia “Primer” se podría comparar con montar en una de esas montañas rusas indoors que hay en Disneyland. El primer tercio de la película es como cuando estás haciendo cola desde el exterior, donde sólo ves ante ti una nave gigante (industrial, no espacial…) y un montón de gente esperando como tú: si no estás suficientemente motivado se te hará largo, tedioso y empezarás a preguntarte si realmente merecerá la pena.

Son veinte minutos en los que apenas ocurre nada más allá de  cuatro ingenieros vestidos como mormones que realizan proyectos experimentales en el garaje de uno de ellos y sus conversaciones están llenas de una jerga nerdy parecida a la de Sheldon Cooper & Cia. pero sin punch lines ni referencias frikis, así que el espectador medio encontrará poco donde agarrarse. Parece como si estuviera diseñado a modo de filtro: sólo los que sean capaces de superar esta fase llegarán al corazón de la cuestión.

Y es que el segundo tercio se parece bastante a cuando por fin consigues acceder al interior de la nave donde se encuentra la atracción y toda esa tematización tan detallada te ponte en situación y notas un cosquilleo en la barriga porque sabes que algo bueno va a ocurrir y que culmina con la inevitable sensación de querer escapar pero no poder, cuando te sientas en el carro y las barras de seguridad se activan para sujetarte firmemente señalando el punto de no retorno.

Aaron y Abe han hecho, finalmente, un descubrimiento asombroso y se disponen  a explorarlo. Y tú con ellos, claro…

More details about Shane Carruth's next mind-bending film!

“…y ahora le ponemos el confeti y ya tenemos la fiesta pepera montada…”

Por último, lo que se siente durante el tercer tercio de “Primer” es muy similar a cuando la montaña rusa por fin se pone en marcha y te sientes totalmente fuera de control: caídas salvajes, giros, loopings. No sabes lo que te espera, no quieres cerrar los ojos para no perderte nada, pero a la vez estás sumido en una semi oscuridad en la que apenas se vislumbran luces, formas, un abismo que has de atravesar…

Y cuando el tren se detiene, el primer pensamiento consciente de tu cerebro empapado en adrenalina es: Quiero montar otra vez. Claro que siempre habrá algunos que dirán que no se han divertido y no volverán jamás.

Supongo que “Primer” no es para todos. En primer lugar es una lo-fi sci-fi así que con sus 7.000$ de presupuesto no esperéis un despliegue de imaginería. Sin embargo, parte de su encanto reside en su sencillez formal: en su imagen granulada e hiper expuesta rodada en 16 mm y en una única toma, en la repetición de sus escenarios básicos, en la música minimal, en los diálogos por un lado naturalistas, por otro sciency y herméticos a lo “Pi”…

La cara de poema que se les iba a quedar a los de “Cazadores de subastas” como se quedaran con este trastero…

La complejidad la reserva toda para la narración:  como buena peli puzzle que es (juega en la liga de “Memento”, de “Doce Monos” -que en realidad es decir la “La Jeteé”…-, de “The Eternal Sushine Of The Spotless Mind” -y no sigo para no dar pistas-), altera la temporalidad jugando con las elipsis y los flashbacks, nos escamotea información hasta el punto de no dejarnos ver sucesos clave en la historia, los de mayor tensión dramática y los que motivan las actuaciones de los personajes. Todo lo deja a nuestra imaginación y a nuestra interpretación. Y claro, es es algo que muchos espectadores no estarán dispuestos a tolerar. Si eres de esos, igual ni siquiera deberías estar en el parque de atracciones.

A los que sí les apetezca adentrarse en este pequeño laberinto, en primer lugar una advertencia: “Primer” puede llegar a obsesionar y querréis aclarar todos sus enigmas así que no os extrañe si acabáis viéndola dos o tres veces. Os dejo  este mapa que os ayudará a poner las cosas en su sitio. ¡Pero es sólo para después de ver la peli!

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One Response to Primer (Shane Carruth, 2004): Low-budget roller coaster

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