¡Vaya mieeeeeeeeerrrrrrrrrrda!

Mucho se habla sobre la doctrina Parot y muy poco sobre la necesidad de implantar la cadena perpetua para los mal nacidos que adornan las calles de nuestros pueblos y ciudades con la materia fecal o, como diría Suso, ¡¡¡¡¡ÑOOOORRRRRRDOOOOS!!!!! de sus putos chuchos entrañables mascotitas.

En estas fechas hay que estar especialmente alerta, ya que los ladinos truños pueden encontrarse agazapados bajo el bucólico manto de hojas otoñal, cual bombas antipersona dispuestas a alegraros el día. Justo como me ha ocurrido a mí esta misma mañana, a la crítica hora de entrar al colegio, cuando tanto mi hija como yo hemos pisado en dos tiempos la misma mierda King Size  (porque eso debía de ser de un Gran Danés, cuando menos), en óptimo estado de frescura.

Esto no sería noticia si no fuera porque es la segunda vez que me pasa en menos de un mes y, para más inri, con las mismas zapatillas de trekking con suela de tracción definitiva, if you know what I mean… Que conste que la primera vez, en un entorno lúdico de reunión de amigos en casa rural, la cosa tuvo mucha gracia y hasta me creí aquello de que traía buena suerte, mientras uno de mis más fornidos colegas me transportaba hasta la casa para que no me recorriera a la pata coja media provincia de Guadalajara…  Pero hoy no le he encontrado el lado bueno por ningún sitio.

Más al contrario, mientras rociaba la suela con KH7, después de haber eliminado los excrementos del perrito de algún incívico hijo de mil putas de los recovecos con unos palillos chinos, he roto con la jurista pro-reinserción que siempre ha vivido en mí: a todo aquel que sea descubierto en flagrante abandono de caca con alevosía y nocturnidad habría que quitarle la custodia de su perro ipso facto. Ya, ya sé que pensaréis “el animal no tiene la culpa”. Pero la que sí que no tiene la culpa, definitivamente, soy yo.

La verdad es que para ser sincera lo primero que he pensado, mientras restregaba el  pie por todos los bordillos que me encontraba (extendiendo así la epidemia) antes de dejar la repugnante zapatilla en el maletero y volver a casa conduciendo semi descalza (menos mal que era el pie derecho…), es que había que prohibir los perros en las ciudades; así entenderéis que mi doctrina jurídica se ha dulcificado algo en media hora, pero no lo suficiente.

Por todo esto, si sois los orgullosos amos de un cánido, no me habléis en unos días que estoy muy sensible y para mí todos vosotros sois como los políticos: sospechosos de habernos salpicado con vuestra mierda.

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2 Responses to ¡Vaya mieeeeeeeeerrrrrrrrrrda!

  1. Jurjur cómo estamos!! Pero te entiendo, ni puñetera gracia hace eso. Los incívicos no son los perros (que muchos tienen más conocimiento que sus dueños), son los dueños, que hay gente muy guarra por el mundo. Alguna vez cuando veo a algún cerdo o cerda que no recoge lo que dejan sus perros en mitad de la acera me dan ganas de estamparles la cara contra el suelo y restregársela por el regalo de su mascota. Pero bueno, como en botica de todo hay, que también hay gente que es muy responsable.

  2. Jose says:

    No puedo estar más de acuerdo. Los perros para el campo y si no al menos recoge los tordos aunque no te quepan en una bolsa!!!

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