Qué les pasa a los hombres (Ken Kwapis, 2009)

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A los hombres no les pasa nada especial (lo de tener alojada la parte del cerebro desde la que toman las decisiones en las mismísimas gónadas forma parte de su normalidad viril… ;p). A las que nos pasa algo es a nosotras, que como ya os he dicho varias veces estamos por lo general enfermas de romanticismo y padecemos el síndrome del cuento de hadas en fase muy terminal y no conseguimos ser felices hasta que no nos amputamos a lo vivo al príncipe azul que se nos lleva gangrenando desde segundo de E.G.B…

Nena!

“Nena, te está supurando Una Gran Historia de Amor Imposible absolutamente repugnante del oído izquierdo…”

Y por eso todavía necesitamos pequeños manuales de autoayuda como este. Porque aunque todo esto sea, en gran parte (vale, en su mayoría…), una simplificación barata, puede que haya algo de cierto en las premisas que plantea esta peli de 2009 que, la verdad, había olvidado hasta tal extremo que la he vuelto a ver creyendo que me la había saltado:

[Pero la inclusión de esta canción de Keane en su banda sonora la hace, de alguna manera memorable, así que he decidido dedicarle unas líneas…]

A él no le importas si…

  • …no te llama: ¿Por qué las chicas siguen cimentando los pilares de su autoestima en si le interesan o no a tíos mediocres que no tienen nada que aportar a sus vidas sólo porque salieron una noche juntos o se acostaron con ellos o lo que sea, especialmente cuando esos tíos ya las han olvidado??? Es hora de que nos liberemos del patético miedo al rechazo que acaba siendo una profecía auto-incumplida cuando nos empeñamos en que nos importen más aquellos que nos desprecian. Patético.

Creo que la peli acierta cuando dice que si un tío no te vuelve a llamar es que no le interesas lo más mínimo. Los Hombres de Verdad superan su timidez, sus traumas o todos los malentendidos que un guionista malévolo pueda pergeñar y luchan por lo que les importa. Ellos (y en esto deberíamos imitarles, o al menos intentarlo) no se enamoran cada 10 minutos como si fuera la primera vez. Pero cuando se enamoran suele ser de verdad y para siempre. Lo difícil es encontrar un Hombre de Verdad, así que cuando lo encontréis, no le dejéis escapar porque tenga un “demasiado personal concepto de la moda” (o paparruchas semejantes) u os arrepentiréis!!

Y ¿qué me decís del tema de las señales??? Por el amor de Dios, si las mujeres parecemos zahoríes videntes en una peli de Shyamalan! Que no digo yo que no tengamos un sexto sentido, el problema es saber distinguir donde acaba nuestra intuición y donde empieza nuestra imaginación…

No means no!

“…Y cuando un tío dice “no”, en realidad quiere decir “no”. Alucinante, verdad?”

  • …si se acuesta con otra: Soy muy consciente de las singularidades de cada individuo y situación. Nada humano me es ajeno y todo lo que queráis, pero sea como fuere, muy buena señal no es… ;p

Ah, y otra cosa: Si un tío casado está llevando una doble vida manteniendo una relación paralela con una de vosotras, es bastante improbable que una mañana se convierta en un Hombre de Verdad y deje a su mujer (o que si lo hace no os lo acabe reprochando).

  • …no se acuesta contigo: Aquí no hay lugar a dudas. No le interesas en absoluto. Si te hayas en esa situación, pregúntate si eres un pernocta sin sexo o si estás en el anzuelo de algún/a listillo/a…

  • …si no se casa contigo: Aquí debo discrepar. Personalmente no creo en el matrimonio ni estoy obsesionada con el tema de las bodas, los vestidos blancos y las tartas nupciales. Por otra parte también estoy de acuerdo con la peli en que ningún hombre quiere casarse (ni entiendo porqué habrían de quererlo) y me consta que el hecho de ponerte un anillo en el dedo no significa que la relación será mejor ni más auténtica.

Un marido es ese hombre que está a las duras y a las maduras. Ese hombre con el que puedes contar y sí, ese hombre que friega los platos o te hace la cena cuando has tenido un día horrible. Un marido no se fabrica en un día con la firma de un papel sino que es algo que se forja poco a poco y se demuestra día a día.

A los Hombres y Maridos de Verdad.

Di que sí (Juan Calvo, 2004)

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Poner dinero para filmar (rodar, grabar, que a saber en qué formato se habrá realizado esto) truños ignominiosos como este sí que debería estar perseguido por la Ley Sinde, porque esto es atentar contra la cultura con todas las letras. Y contra el buen gusto. Y contra la humanidad si me apuras (por el retroceso que supone a la evolución homínida). A la Corte Penal Internacional llevaba yo (pero a empujones a golpe de taser, claro) al tal Juan Calvo, a los productores, al elenco en pleno y a Telecinco porque aunque no estuvieran en el ajo, que lo están, se lo merecen también por tantas otras razones. Si encima nos ponemos a pensar que lo más probable es que este intento de astracanada (se han quedado tan abajo en el ránking que desde donde están se le ven los wevos a Esteso) habrá recibido dinero público (o sea, vuestro y mío) en forma de subvención, pues es como para levantarse en armas…

Podemos suponer que esta mierda en bote se engendró para mayor gloria de la todavía-por-comprobar vis cómica de Santi Millán y de las turgentes cachas de esta actriz del método Porque-Yo-Lo-Valgo (¿soy la única que cuando dice “mi pelo mediterráneo se encrespa” en realidad entiende “mi chocho moreno”? Nevermind…). Intentaban hacer una comedia romántica de corte clásico, que bebiera en las fuentes de Blake Edwards (los títulos de crédito, que son lo mejor de la peli, lo dicen todo), de la screwball comedy (una protagonista femenina extrovertida, acelerada y muy romántica que tiene su contrapunto en un partenaire conservador, tímido y algo pazguato que además no cree en el amor: si es que es de libro…) y de otras comedias románticas sofisticadas (hasta hay una referencia expresa a lo que creo que es “Sortilegio de amor” con Kim Novak y James Steward, que no he visto pero que utilizaré para quitarme el mal sabor de boca que me ha dejado la cosa esta). El problema es que no basta con buenas intenciones.

Paz Vega y su cuerpo serrano

Mía la Paz Vega… A ver si se cree esta que cuando llegue a mis años va a seguir gastando ese tipito… “Cinturita de avispa” me llamaban a mí en el pueblo y mírame ahora! Ains…”

Para empezar, el guión (dentro de que tampoco es que sea de un original que asusta) está sin desarrollar con lo principal en una película de este tipo que son unos diálogos con ritmo y chispa, sobre todo entre los protagonistas. En lugar de eso se ve que los han debido de copiar de la etiqueta trasera de un champú porque no he visto en mi vida cosa más aburrida. Todo acaba siendo más ñoño y predecible que en un capítulo de “Ana y los siete”. Con deciros que lo único que me hizo gracia es que ganen en un concurso una estancia en Marina D’Or (tu ciudad de vacaciones y este año la de la familia Pickwick…).

Las interpretaciones son pésimas: Paz Vega en su peor registro televisivo y con to’ su acento; Santi Millán que parece que está haciendo una obra de teatro en el instituto; Santiago Segura da vergüenza ajena… Es que ni Chus Lampreave (que no sé qué le han hecho que sale clavadita a Pilar Rahola) ni Luis Cuenca están bien, y mira que les debió costar a los pobres actuar mal… Para colmo me incluyen a la muerta-viviente Ornela Muti (Diocito, a santo de qué???) y a Constantino Romero con peluquín. Ah sí, que me olvidaba de Pepe Viyuela, que a mí me cae muy bien en “Aida” pero que aquí está fatal. Joder, es que vaya palmarés!

Constantino y Santiago

“Santiago, macho, recuérdame lo que nos pagan por esto porque estoy al borde del colapso nervioso…”

Resumiendo: Un rollazo totalmente fallido que si lo llegan a ver los de la Columbia antes de que seleccionaran a Paz Vega para “Spanglish” iba a haber hecho pelis en Hollywood su chocho moreno.

Perdona si te llamo amor (Federico Moccia, 2008)

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¿Perdona si te llamo amor? No, no, perdona tú si te vomito en los zapatos… Porque este nivel de azúcar en sangre mi metabolismo no lo tolera. De hecho creo que tragarme esta chorrada cursi (pero cursi de pelotas) e infantiloide, me ha dañado el páncreas de forma irreversible.

Diréis que no hablo yo, que son las hormonas de mi síndrome premenstrual. Quizá tengáis razón: reconozco que estoy reteniendo más líquidos que la Presa de Asuán y claro, eso no ayuda. Pero en este preciso instante me siento justo como el personaje de Edward Norton en “El Club de la Lucha”: me apetece destruir algo hermoso.

Para los que no lo sepáis (espero que no todo el universo conocido de treintañer@s en crisis haya sucumbido a los encantos de este escritor-director-guionista-torturador italiano y sus historias supuestamente conectadas con la más absoluta contemporaneidad), esta peliculilla está basada en la novela homónima escrita por el mismísimo director (este tío es la Barbra Streisand calva italiana) y narra una historia de amor [absurda] entre un ejecutivo de publicidad de 37 años recién abandonado por su pareja y una chica de 17 supermadura y extrainsoportable. Bueno, en la sinopsis no pondrá eso, pondrá algo como (pone, de hecho lo estoy copiando): “Niki, con toda su alegría inocente y su extraordinaria sabiduría”. Puaghhhhhhhh! [Sí, eso ha sido una arcada. Ahora es que tenemos presupuesto hasta para efectos especiales].

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La nauseabunda parejita en su momento Celine Dion.

Para empezar, la niñata ésta es un soberano coñazo comenzando por su pinta de híbrida entre Mari Cielo Pajares y Ashley Judd en el anuario del instituto y terminando por esa pretendida espontaneidad que me ha resultado aborrecible. ¿Por qué en las pelis y series para la muchachada pretenden colarnos que las crías hablan como si tuvieran cuarenta años, follan como si tuvieran cuarenta años, pero siguen manteniendo esa inocencia cautivadora que embriaga a los incipientes cuarentones con los que tenemos que lidiar las mujeres de verdad? Sí, eso ha sido bilis. Es lo que suele salir después de vomitar todo lo que uno tiene en el estómago. Culpad al tal Moccia.

¿Y él? Es que no hay quien se crea a este tipo que parece que se ha escapado de un anuncio de loción para después del afeitado que está a las puertas de la depresión clínica porque le ha dejado la típica arpía de película (me gustaría saber lo que ha tenido que aguantar la tipa ésta para convertirse en lo que es hoy…, pero no, esa historia no se cuenta ¡viva el maniqueísmo!) y empieza como el que no quiere la cosa una relación con una menor de edad. No es que lo encuentre inmoral, es que lo veo más ciencia ficción que si se hubiera montado una orgía con una pandillita de moradores de las arenas transexuales.

Y ya la guinda del pastel ha sido presenciar, con una vergüenza ajena insuperable, la escena de cama más relamida (y no porque hubiera sexo oral, ¿eh?), artificial, repipi, mojabragas de niñatas y meapilas que se ha rodado en el cine jamás. Os la pongo aquí porque no doy crédito.

Esto es lo que yo llamaría un buen purgante. Hasta la próxima, que creo que voy a arrojar!

Si la cosa funciona (Woody Allen, 2009)

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Perdonad que empiece con un topicazo, pero parafraseando la propia peli sobre la que quiero hablar, “a veces un tópico es la mejor manera de explicar algo”.

Sí, queridos, sí. Por fin Woody Allen ha vuelto a hacer una de “sus películas”. Una de las que me gustan. Y realmente no me había dado cuenta de lo mucho que lo echaba de menos… Por fin nos permite volver a su Manhattan del alma, con su personaje hipocondríaco, neurótico, depresivo, corrosivo, sarcástico y misántropo. Obsesionado con la enfermedad, la muerte, la fugacidad de la vida y del amor, la religión, el sexo… Sí, y ya sé que esto es lo que hace que muchos detesten su cine, bueno, qué le vamos a hacer: yo lo siento por ellos!

Esta vez su alter ego es Larry David, el cómico co-creador de la inimaginablemente perfecta “Seindfeld”. Interpreta a Boris Yelnikoff, un brillante físico sesentón que lo ha abandonado todo y que posee una particular filosofía de la vida: todo sirve si nos funciona, es decir, si nos aporta un poco de felicidad y alegría, teniendo en cuenta el sinsentido que supone la vida misma y el hecho de que todos dejaremos de existir tarde o temprano y con ello, nuestros anhelos y frustraciones.

Larry David en bata

La bata: el uniforme de aquellos a los que todo les da igual. Sólo hay que preocuparse cuando pretendan ir con ella puesta a la ópera…

El azar (me cago en su puta madre, por cierto…) le hace conocer a Melodie (Evan Rachel Wood, que no sabía yo que es la ex de Marilyn Manson y que protagonizaron juntos este polémico video…), una jovencita sureña tan atractiva como simplona, con la que entabla una relación típica de las pelis del neoyorquino (muy Allen todo, como diría Caótico). Los padres de la joven (Patricia Clarkson en el papel de la madre parece que ha nacido para ser un personaje de Allen) acabarán llegando a Nueva York en su busca pero en realidad se encontrarán a ellos mismos.

Allen

Por suerte para las mujeres como yo, no faltan los hombres como él…

No me ha sorprendido descubrir que el guión de esta película estaba escrito desde 1977 porque está totalmente en la onda de “Annie Hall” o “Manhattan” (pero sin la pesada de Diane Keaton, lo que es muy de agradecer…): esos parlamentos a cámara (habrá quien los encuentre cargantes pero a mí me encantan), las relaciones asimétricas, los personajes siempre relacionados con la intelectualidad, las galerías de arte, las situaciones improbables a ritmo de jazz… Pero sobre todo los hilarantes diálogos. Especialmente las frases que Allen le reserva un Larry David que me ha matado de la risa levantándose de madrugada al grito de: “¡Horror, horror!”. Y esa forma de insultar… desde luego es muy inspirador.

Y ¿el mensaje? Pues que ser un genio con una visión global suele dar muchas ganas de suicidarse así que somos afortunados de no ser tan listos y que hagamos todo cuanto podamos mientras podamos si la cosa funciona…

Sígueme el rollo (Dennis Dugan, 2011)

Sígueme el rollo

Lo mismo que te digo una cosa, te digo otra: con esta me he reído. Venga, caretas off: el Adam Sandler me pone. Me cae bien, me divierte y eso hace que le consienta más de la cuenta. Por otra parte está Siempre Rachel, o sea, la Aniston, que para mí como si fuera una prima mía (aunque como actriz deja mucho que desear y debería dejar de tocarse tanto el pelito, que se lo debe de poner perdido…).

En ésta él es Danny, un cirujano plástico que liga mogollón por el Método Fake, vamos, el de hacerse pasar por lo que no es (esto más que tendencia es pandemia nowadays, verbigracia: friki-pollas hikikomori de palo posteando a discreción desde sus dieciocho redes sociales favoritas, un dos tres, responda otra vez…) gracias a un anillo de boda reciclado, símbolo de la insustancialidad más femenina y de la mamarrachez más cabría.

En esto que pasan los años y el Anormal cree haber encontrado a la mujer de su vida, la que le hará ponerse el anillo definitivo, en las carnes de esta rubiaca indecentemente cañón.

La Rubiaca

“Bua, pues las he visto mejores…” (Sí, en las pajas de Larry Flynt, no te jode…)

Pero hete aquí que La Rubiaca descubre el anillo, y el Anormal tendrá que fingir que se está divorciando para justificar su imbecilidad crónica. Aquí entra en juego Katherine (Aniston), su ayudante, que se hará pasar por su ex y hasta le prestará a sus hijos (un par de hijoputillas mu salaos) para la pantomima.

Lo demás os lo podéis imaginar, es bastante predecible… Chistes de cacas por doquier, situaciones absurdas, mucha prótesis deformante y Sandler haciendo de Sandler enamorándose de Aniston haciendo de Aniston (uy, ¿os he hecho spoiler? Cuanto lo siento…).

Sandler narizotas

“Hola, soy Adam Sandler y si al principio de una peli no salgo hecho un cromo y con este pelo polla supongo que luego cuando ya voy con mi cara no parezco nada atractivo…”

Y hasta ahí podía llegar este post si no fuera por algo que me ha dejado helada madrina (esto último, por cortesía de mi amigo Koldo): sale la Nicole Kidman!!!! Sí, amigos y fulanos que han llegado aquí buscando porno. La divina, la etérea, la toxinabotulimizada Kidman! Y además, burlándose de sí misma sin atisbo de ridículo en su espectacular cuerpo de tres metros de alto (no, en serio, roza lo monstruoso esta mujer) y encarnando a la attention whore más whore de los últimos tiempos.

Nunca la había visto así, y la verdad es que no termino de creérmelo, pero la verdad es que merece pasar a la historia aunque sólo sea por ese momento duelo hula-hula con Aniston que es lo máximo que hemos vislumbrado de su cuerpo desde la coñaza “Eyes Wide Shut” (está mucho más buena ahora, entonces estaba más seca que un bacalao). Nicole, my dear, esto te reconcilia con el mundo real, del que tanto te habías apartado.

Coco loco

“Y aprovecho esta oportunidad que me da Internet para decir desde lo más profundo de mi alma: Viva la madre que te parió!”

Devolvemos la conexión a los estudios centrales.

Sin reservas (Scott Hicks, 2007)

Sin reservas

No sé muy bien la razón por la que unas pelis me motivan a escribir y otras no: supongo que algunas por ser muy buenas, y otras por ser tan rematadamente malas que me puedo explayar con ellas y sacar todo lo malo que una lleva dentro (que es mucho, para qué nos vamos a engañar…).

Pero en este caso no estamos ni en un caso ni en el otro. Bueno, sí, la historia es una moñez totalmente desprovista de verdadero interés en la que la señora de Douglas y el señor éste que unas veces huele bien y otras va en bici, digo…, que unas veces me encanta y en otras le detesto, hacen lo que pueden (o no) con unos diálogos insulsos y plastíferos mientras transitan por unos territorios bastante poco “de la comedia romántica”. En realidad es una cansinada romántica, un nuevo género a tener en cuenta, mayormente porque no paran de crecerle ejemplos, válgame Dios.

Sosos, mu sosos

“Prueba, que yo creo que está soso” (Sí, añade la bloguera, pero de cojones, no te digo más…)

Cate Amstrong (Zeta-Jones) es una chef workaholic slash muertecita por dentro slash más esaboría que la Merkel arrancándose por bulerías, en un restaurante fachon. Como la vida es asín, la muchacha se tendrá que hacer cargo de una sobrina de 9 años que vendrá (sí amigos, como ya os imaginaréis), a trastocar todo su mundo y cambiarla para siempre.

Luego está el chico este, Nick Palmer y a la sazón el nuevo sub-chef, que no para de meterle fichas a la cocinera desde el minuto menos diez (pero de corazón, ¿eh?. Porque claro, esas cosas pasan). Dos cosas sobre Aaron Eckhart además de lo que ya he dicho, a saber:

1. Este tío está que cruje. No, lo digo por si algun@ no se había percatado… Es que desde aquí también me gusta hacer labor social. Llamadme filántropa, si queréis…. ;p

2. En esta peli está mal no, peor y vuelta a empezar. Todo hay que decir, que el papel es tan mierdón que yo lo llamaría papel higiénico. Pero es que además creo que se ha debido de inspirar en el más repelente Pacino de “Esencia de Mujer”, peli abominable os pongáis como os pongáis.

3. ¿Pero qué coño de pelo es ese que lleva la criatura? Encargada de peluquería: shame on you (hijadebitch). Me parece de pecado coger a un tío macizorro (con hoyuelo barbillil incluido) y colocarle una melenita repugnante con unas mechas de lo que le sobró de teñir a Jeniffer Aniston. Una cagada.

[Al final han sido tres cosas: es que hago lo que me sale de la penca, you know…]

Si toda la peli se sostiene en el vacío más absoluto aunque pretenda reflejar el dramatismo de la vida misma, la historia de amor ya es que está cogida con pinzas invisibles (qué horror me dan las películas en las que las cosas se cuentan en lugar de mostrarse, es el anticine…) y es tan poco sugerente que lo único que da, es hambre.

En la nevera

“Chico, me dejas fría.” (¿Qué pasa? ¿Que no habíais oído un estúpido chiste de neveras??)

No perdáis el tiempo, que para eso ya estoy yo, que se ve que no tengo otra cosa que hacer que flagelarme con estos espantos cinematográficos. En este caso ni siquiera ha llegado a ser doloroso: solo mortalmente aburrido. Adiós.

P.D.: Parece ser que es un remake de una peli alemana titulada “Deliciosa Martha” que dicen que está muy bien. Ya os contaré…

Indiscreta (Stanley Donen, 1958)

Indiscreet

Cary Grant e Ingrid Bergman hicieron dos películas juntos. La primera no hace falta que os diga que es “Encadenados” (“Notorious”, 1946), una de las obras maestras del cine de todos los tiempos en general y de Alfred Hitchcock en particular. Y es justo que por ella pasara a la historia esta pareja.

Esta otra película realizada doce años después por el director y coreógrafo Stanley Donen no ha trascendido demasiado, aunque es una de las pelis favoritas de Grant. Quizá porque la rodó con su amiga Ingrid, quizá porque disfrutó mucho haciéndola y eso, en algunas escenas, se nota.

Cold cream meet cute

“Buenas, soy el hombre de tu vida”. “Sssstupendo, y yo con el Oil of Ulai all over my face, ¡destino, te burlas de mí!”

Adaptación de una obra teatral, lo que lastra desde el principio su puesta en escena, “Indiscreet” no es una gran película. No me extraña que sea poco conocida. Yo he llegado a ella por mi investigación sobre la comedia romántica: algo que pretendía ser un entretenimiento veraniego que me diera pie a unos cuantos post y que se está convirtiendo en una de las tareas más apasionantes de mis últimos tiempos. No sé si algún día me sentiré capacitada para escribir públicamente sobre el tema, me quedan aún muchas pelis que ver, pero por el camino estoy disfrutando muchísimo…

La historia comienza en Londres cuando una famosa actriz teatral inglesa (supongo…), Anna Kalman, que todavía no ha encontrado al hombre de su vida, conoce a Philip Adams, un señor estupendo, economista y americano al que la OTAN (y su cuñado) están tratando de convencer para entrar en la organización. Desde el primer momento es notorio que ha saltado la chispa entre ellos y, como Anna no está ya para perder el tiempo, le deja las cosas bastante claritas al yanqui, que, en un alarde de sinceridad sin par, el confiesa que está casado, aunque en trámites de divorcio.

Arrime

“No arrimes tanto, mozo, que en el pueblo me conocen…”

La película está, en ese sentido, muy condicionada por su época y es demasiado coyuntural. Pero aunque me gustaría pensar que ese argumento ya no tendría sentido en este momento, no sé hasta qué punto sería así… Los protagonistas continúan su romance (algo soso aunque con algunos momentos destacables como la forma en que se relata su amor a distancia, sin que olvidemos que estos temas de pantalla partida fueron, un año más tarde con “Confidencias a medianoche”, el leit motiv de un romance entre la virginal Doris Day y La Señora, Rock Hudson) a pesar de todo, y los acontecimientos empiezan a sucederse sin demasiada emoción aunque con una tendencia que parece abocada al melodrama lacrimógeno (las alusiones a “Romeo y Julieta” o “La Dama de las Camelias” ya me hacían prever lo peor…).

Phone doing it

“Venga tonta, ¿conectamos el Skype o qué? Si te va a gustar…” “No, no, que luego me grabas y me cuelgas en Youtube…”

Sin embargo el último tercio del film se inicia con una revelación inesperada que hace que el tono de la película vire de nuevo hacia la comedia. No os cuento nada pero nuestra pobre Anna se pilla un cabreo monumental con su amado y a partir de ahí la cosa mejora horrores. De hecho, os diré que la película tiene una secuencia que ha pasado a mi Top de favoritas de la historia del cine: momento actoral glorioso en el que la Bergman demuestra porque es quien es y mi querido Archibald da un auténtico recital de comedia física, de elegancia y de gracia sin igual. Para mí, dos de los mejores actores de la historia del cine. No os perdáis este momentazo, yo me he reído a carcajadas (claro que sin ver el resto de la película igual no os hace tanta gracia….).

Cary Grant dances

“¡Mira y aprende, Natalie Portman!”

Al servicio de las damas (Gregory La Cava, 1936)

Al servicio de las damas poster

Es de locura que haya que coger la máquina del tiempo y trasladarse nada menos que al año 1936 para poder congraciarse con el cine, y especialmente con ese género que conjuga comedia y romance.

En el caso de este film de La Cava cuyo título original es “My Man Godfrey”, la comedia sofisticada (sí, otra screwball de las que tanto os hablo últimamente pero sobre las que no me atrevo todavía a profundizar por las terribles lagunas de mi desastroso background cinéfilo) se convierte asombrosamente en una crítica social descarnada. Sí, amigos. Resulta que se puede hablar de la desigualdad social sin recrearse en los aspectos más sórdidos y deprimentes del arrabalismo y todo ello sin salir apenas de los esplendorosos decorados de la burguesía neoyorquina y sin aburrir ni un segundo.

Ya desde los ultra modernos (para la época, claro, todo en su contexto…) títulos de crédito en luces de neón que enlazan con el comienzo de la acción en un vertedero de basuras a orillas del East River, lugar improbable para las diletantes hermanas Bullock que han llegado hasta allí a la caza de un mendigo que les permita ganar el premio de una disparatada gincana para ricachos vacuos y casquivanos (hay que recuperar términos como este, os insto a uniros a mi cruzada…).

al servicio de las damas créditos

Me diréis que esto lo habéis visto hasta la saciedad, pero os recuerdo que es del ‘36. En España sin ir más lejos empezamos ese año a cagarnos en la democracia y no paramos hasta 1975, así que ni se os ocurra ser condescendientes…

Las hermanitas en cuestión son la fría y sarcástica Cordelia (Gail Patrick, una actriz poco conocida para el gran público porque casi no protagonizó ninguna película pero que era absolutamente formidable haciendo de “la rival” –y a mí no me gustaría cruzármela en una pelea de gatas, francamente…-) y la alocada, romántica e histérica Irene (Carole Lombard, una estrella cuyo brillo no se apaga a pesar de que su fatídica muerte en un accidente de avión nos privara de ella cuando contaba sólo 33 años de edad y se encontraba en lo más alto de su carrera; me temo que no sólo Gable enviudó con su fallecimiento, imaginaos lo que significaría la desaparición de una Julia Roberts a día de hoy y os acercaríais a lo que pudo suponer…).

El mendigo en cuestión y el Godfrey del título está encarnado por William Powell, el tipo con menos pinta de vagabundo de la historia de la humanidad (y ex-marido de Lombard, by the way…) y del que muy pronto descubriremos que no es lo que parece y que además es uno de esos señores que una se llevaría a casa. Así lo hace Irene que, sorprendida por su personalidad (su manera de tratar a la impetuosa y arrogante Cordelia es casi una declaración de principios de la lucha de clases) y su clase (valga la “repugnancia”), lo contrata como mayordomo y pretende adoptarlo como “su protegido”.

Patrick, Lombard y Powell

Cordelia y esa mirada capaz de encogerle los huevos a un hombre. Pero lo siento, pequeña, aquí has pinchado en hueso…

En el hogar de los Bullock en la Quinta Avenida podremos disfrutar de lo peorcito de la alta sociedad de esa época en la que la crisis del ‘29 había dejado una desigualdad tan cruel como la que vivimos actualmente: mientras que muchos habitantes de la ciudad subsisten de lo que recogen de las basuras incapaces de encontrar un empleo, los ricos pasan el tiempo en clubs nocturnos haciendo cosas tan productivas como emborracharse y romper escaparates o subir las escaleras de sus mansiones a caballo. Absurdamente caprichosos, ridículamente ignorantes de los problemas de la sociedad más allá de Park Avenue y alimentando a gorrones sin escrúpulos, está familia es el espejo en el que se miran (y en el que deberían seguir mirándose, aunque intenten no darse por aludidos) los privilegiados de este mundo (entre los que, por cierto, nos encontramos sin nos comparamos con gran parte de la población del planeta…).

En aquellos años de Depresión, y como después durante la II Guerra Mundial, se estilaba un cine de evasión en el que la gente pudiera disfrutar del humor y del lujo del que carecían sus vidas. Pero eso no era óbice para que las películas estuvieran cargadas de crítica y tuvieran un poso que perdura a través de las décadas. La sofisticación y la clase la ponían los escenarios, las situaciones disparatadas, los diálogos chispeantes llenos de ironía (pero también de cargas de profundidad: “Lo único que distingue a un hombre de un mendigo es un empleo”.) y el maravilloso vestuario de las protagonistas (aunque en ese sentido os recomiendo otra que he visto hace poco “La pícara puritana (The Awful Thruth)” en la que Irene Dunne luce unos modelos absolutamente fabulosos.

Carole Lombard

Pues no sé cuántos avestruces se habrán sacrificado para confeccionar este salto de cama. Pero espero que cuando dices “irrisorio” en realidad quieras decir “un primor”.

Como película, “Al servicio de las damas” no es que sea recomendable, es que debería ser obligatoria. Es deliciosa e inteligente. Como historia de amor, no me la termino de creer, pero sobre todo por el papel de Lombard, que dista mucho de ser una mujer de verdad y es demasiado niñata e histérica hasta el paroxismo. Me identifico más con su hermana Cordelia, qué se le va a hacer…

Gigli (Martin Brest, 2003)

Gigli

Parental Advisory

Warning: Este post contiene un montón de lenguaje obsceno y mal sonante. Lo siento, he tratado de evitarlo pero me temo que no ha sido posible ya que esta peli es una PUTA MIERDA…

Y es que si se trata de ver comedias románticas malas, vamos a ahorrarnos el via crucis y lleguemos directamente a la peor: es tan mala que la he tenido que ver tres veces; y no porque no no me lo creyera, sino porque me aburría tanto y era tal el sinsentido y la vergüenza ajena, que me evadía y perdía el hilo (de los cojones…)

Pertenece, como he leído por ahí y me ha encantado, a la categoría de “mira a quien me follo”, es decir, pelis que hacen parejitas de Hollywood para presumir de su amor y de lo buenos que están y que los demás gilipollas del planeta nos muramos de envidia pensando en cómo se lo montan. En este caso el cara de culo de Ben Affleck y la culo de cara de Jennifer Lopez, que, no contentos con perpetrar esta patética chufa (considerada la peor película de 2003 y también la peor comedia romántica de la historia según una encuesta que se hizo el día de San Valentín, menos mal que pilló a la gente con el espíritu amoroso activado, que sino los linchan…), al año siguiente compartieron cartel también en “Una chica de Jersey” de Kevin Smith (otro que tengo en mi lista negra de directores que últimamente no hacen nada que sirva junto con Tim Burton y los hermanos Cohen).

Pa matarlos

Dios el día del juicio final: “No sé como castigaros después de esto, francamente, así que, por de pronto, a J-Lo no dejará de crecerle el pandero y a Cara de Culo, la cabeza. Por toda la eternidad… Amén. ¡El siguiente! Joder, es Kevin Smith por ese truño de “Jay y Bob”. Me piro a comer…”

Un cotilleo: a pesar de haber roto hace cantidad de años se llevan muy bien y parece ser que Ben está ayudando mucho a Jenny superar su ruptura con el grimoso Anthony. No sé que tal le sentará eso a Jennifer Garner (¿es que este patán no sabe echarse novias con otro nombre???) pero hay rumores de reconciliación. A mí me da igual, mientras no se les ocurra hacer otra película juntos…

Él es el Gigli del título, un mafiosillo de tres al cuarto con pinta chulo-putas (vamos, como suele vestir Affleck en sus pelis, que no sé porque tiene este tío esa querencia por las chaquetas de cuero de padre de los noventa y los chándal de jubileta tunero) al que le han encargado un trabajito secuestrando a un retrasado mental (no sé cómo se dice esto en plan políticamente correcto pero conformaros con que no haya dicho “un tonto la polla”…), interpretado burdamente por Justin Bartha. Ella es otra mafiosa, una tía muy misteriosa y como imbuida de una sabiduría cósmica (apuesto a que ponía esto en las notas del guión…) con la que tendrá que compartir el encargo, lesbiana para más señas. Pero no lesbiana lesbiana, no. Lesbiana de esas que “necesitan un buen pollazo” (también en las notas del guión, por lo que se ve…).

El polvo vestido (sí, es por El almuerzo desnudo...)

“Me van los chichis pero ya se sabe que las lesbianas somos unas descerebradas y no sabemos lo que hacemos…”

Para rematar la faena tenemos a Christopher Walken y Al Pacino, llevando a cabo, sin lugar a dudas, las peores interpretaciones de sus carreras: pasados de rosca y caricaturizados (por sí mismos, que no parezca que le echo la culpa al director…). En el caso de Walken, todavía no sé que coño pinta su papel en toda esta historia (¡y la he pseudo-visto tres veces!).

Si no es que lo diga yo… Juzgar vosotros mismos si esto es de recibo. (Y no os perdáis el video siguiente, que es lo que me gustaría hacerle a mí a Pacino).

Además de que la historia es una soplapollez como un camión cisterna lleno de orín, los diálogos dan risa, pero de la mala. Todos se dedican a soltar unas parrafadas supuestamente profundas pero tope ridículas, por no hablar de que pretende sentar cátedra sobre temas de sexo y después tiene la escena de cama más insípida jamás vista y la actriz/cantante/bailarina/productora/diseñadora parece que tiene el batín ese pegado al cuerpo con Loctite…

Es penosa. Pero yo os diría que la vierais porque una cosa tan cutre y tan mal hecha no hay que perdérsela! Os dejo la crítica de un tío llamado Luke Lewis que me ha hecho bastante más gracia que la peli en sí…

Exposados (Andy Tennant, 2010)

Exposados

No sé si esta sobredosis de comedia romántica no me estará convirtiendo en una cínica recalcitrante, como si tanta noñez y mensajes de “el amor verdadero puede con cualquier adversidad” me estuvieran vacunando, o si simplemente se llega a un momento en la vida en que las experiencias te hacen perder la fe para siempre…

Sea como sea, y después de este momento íntimo entre vosotros y yo, os diré que esta película tampoco ha encendido la llama de la esperanza nueva y eterna en lo que a Hollywood se refiere: no hay manera humana de ver una comedia nueva, original, con chispa. Ya no se hacen comedias como las de antes, algo que trascienda la pura comedia y el mero romance, algo como “Las tres noches de Eva” o “Mi desconfiada esposa”…

La Jenni

“Sí, tengo más de 40 años, pero cada vez que envidiéis mi cintura o mis piernas, os ruego recordéis que no me he comido una buena hamburguesa con queso desde 1991.”

Aquí con lo que nos encontramos es con una cierta química entre Gerard Butler y Jennifer Aniston (aunque tampoco sé yo si es química o el cariño que le tengo a la Siempre Rachel y al efecto que tiene sobre mí esa media sonrisa embriagadora con la que el escocés adorna (y cómo) esa cara de bestia parda y que insinúa su capacidad para levantar a una mujer y echarle un polvo épico contra la tapia de un callejón oscuro…) y con un pastiche de cosas sacadas de (o al menos yo las vi por primera vez en) “Los 39 escalones” de Hitchcock (sólo que allí los protagonistas estaba esposados literalmente el uno al otro y había más tensión sexual en un fotograma que en toda la filmografía de Tennant -aunque tengo que decir que este director especializado en comedia romántica tiene algún título que está entre mis favoritos como “Sólo los tontos se enamoran” con el Siempre Chandler, o “Hitch”, que es ligeramente original…- ) o en la ochentera “Dos pájaros a tiro”, en las que se mezclaba la comedia romántica con el thriller y había interesantes cantidades de acción para mantener a los protagonistas en peligro constante, que ya se sabe que es la cosa que pone más cachonda del mundo a la gente…

Beso, atrevimiento o verdad

“¿No hueles a gas? ¡Pero no pares hombre, que creo que estoy a punto…!”

Lo que me escama es que me parece que en el fondo no se trata más que de otra remarriage comedy (si algún día consigo terminar el tercer post de mi tesis sobre la comedia romántica os hablaré de este asunto) y me pregunto si no estaremos viviendo otra era de represión y nos intentan lobotomizar de nuevo con aquello de que “el divorcio es malo” o si ese género ya tiene su propia entidad independientemente de la coyuntura social.

El resultado, sin embargo (me refiero a pesar de los interesantes referentes), es que se ha desaprovechado tanto a los actores como las situaciones que se podrían haber creado. La parte thriller es aburrida y no tiene interés. La parte cómica carece de gracia y en cuanto al romance, es bastante plano, con escenas previsibles y falta mucha electricidad. Resumiendo: es un “sí, pero no”.