Se acerca el invierno “(¿Tú también, Monidala, jamía?)”

Pues sí, queridos sí, yo también me uno al famoso lema de los Stark (aunque ahora mismo me sienta más de la sangre del Dragón…), que, aunque suena a previsión meteorológica surrealista dadas las fechas en las que estamos, no tengo muy claro todavía si es premonición o amenaza…

Para los que no me entendáis, lo que pasa es que he sobrevivido a la lectura completa de “Juego de Tronos”, la primera novela de la saga de George R. R. Martin “Canción de Hielo y Fuego”, y no podía por menos que dedicarle un post, aunque estoy sacando el tiempo de escribirlo de mis horas de sueño en estos momentos de actividad frenética que estoy viviendo por culpa del IMSERSO y sus deliciosas vacaciones subvencionadas a la Manhattan de la Costa Blanca.

Trono de Hierro

Ese oscuro objeto de deseo: El Trono de Hierro. Lo primero que haré cuando aposente mis turgentes nalgas en él será contratar un diseñador de interiores. ¿Es que en Westeros no habéis oído hablar de la ergonomía? Lo siguiente: imponer las patillas por decreto entre mis vasallos.

Hasta hace unos meses yo vivía ajena (y podríamos decir que hasta feliz) a la existencia de esta obra de fantasía épica de la que pronto verá la luz el quinto libro de un total de siete. “Me la presentaron” precisamente dos amigos blogueros muy fans (en Sonia Unleashed o en Guardia Oscura encontraréis TODO lo que se refiere a este tema, especialmente lo relacionado con la serie de TV que se estrena próximamente. De hecho, estoy segura de que tienen materiales promocionales que ni las lumbreras de Marketing de la HBO saben que existen. Sí, dan un poco de miedo, pero hay que ver qué a gusto me he sentido yo siempre entre la gente que lleva su entusiasmo a lo patológico…) a los que nunca se lo podré agradecer como merecen (más que nada porque casi estoy resignada a no volver a “oír su rugido” en persona; hay que ver los Lannister como son, antes muertas que sencillas… ¿y lo que les va un dorao, que parecen gitanos?), aunque seguro que ellos ya saben que les tengo presentes en mis oraciones…

A pesar de sus fervientes recomendaciones, yo me adentré en la novela con cierto escepticismo, como siempre hago cuando me asomo a estos universos potencialmente frikis: de Star Wars, y a pesar de haber visto las 6 películas, ya sabéis que sólo hay un momento que salvo de la quema del tedio y la grandilocuencia y es el famoso morreo en la Luna de Endor (llamadme romántica y melancólica, que yo sé que lo que soy en realidad es cursi y sentimental…); Star Treck me ha parecido siempre, sin ánimo de ofender, ¿eh?, una sandez con jerseys de colores y ni en esas tardes veraniegas de tierna juventud, de vagancia y reposiciones he sido yo capaz de ver ni un episodio, que me daban más pereza que “Jara y Sedal”. Aunque, como en la vida no se puede decir de este agua no beberé ni a esa convención trecki no iré vestida de teniente Uhura, no os toméis este comentario como un escupitajo al cielo, que no hay que tentar a la suerte…; con “El Señor de los Anillos”, la que más se puede parecer a lo que hoy os comento, tuve unos inicios fatales: “El Hobbit” me lo habré empezado a leer como trescientas veces pero siempre acabo de enanos hasta las narices y me rilo, y a punto estuve también varias veces de rendirme con “La Comunidad del Anillo” porque, francamente, no se puede ser tan pesado describiendo paisajes, coño, que una piedra es una piedra, lo mires como lo mires… Pero a partir de “Las Dos Torres” la cosa se empezó a poner emocionante y al final me tuve que rendir a la evidencia: es una historia maravillosa. Tampoco soy tan fan como para haber podido con “El Silmarillion” o manifestarme en la puerta de la casa de Peter Jackson exigiendo que rehaga la versión extendida para meter a Tom Bombadil, pero sí soy de las que consideran que el final de “El Retorno del Rey” no es, ni de lejos, demasiado largo y lloro a moco tendido cada vez que veo [OJO, SPOILER MORTÍFERO] al pobre Frodo despedirse de su amada Comarca para irse, Dios sabe donde, con los lánguidos y paliduchos elfos…

Daenerys Targaryen

Daenerys de la Tormenta: “Si vuelvo la vista atrás, estoy perdida”. Pues nada, hija, tú siempre hacia delante y sobre todo, que no te toquen los huevos.

El escepticismo inicial me duró poco: “Juego de Tronos” es de esas historias que atrapan bastante pronto, a pesar de la dificultad que entraña la profusión de personajes. Aviso para navegantes: si os animáis a leerla, que sea en una edición que contenga glosario de personajes (que suelen ser todas, hasta la mía aunque yo me haya dado cuenta al acabar, que soy así de lerda…) porque los hay a miles y, para colmo, a varios de ellos se les llama por su nombre, por su diminutivo, por su apodo o por su cargo de manera indistinta y os podéis hacer un jari tremendo, sobre todo al principio cuando uno todavía no se ha hecho con ese “algo” que individualiza a cada personaje, no sé si me explico…

Lo que a mí me ha pasado (y creo que todos los que lo leen), y por lo que he tardado tantísimo en leerme este libro (es largo, pero ¿más de tres meses? No es propio de mí, desde luego…) es que uno se involucra tanto en las peripecias de los personajes que acaba tomándoselo todo de forma demasiado personal (y que R. R. Martin sea un sádico tampoco ayuda, nena…). El caso es que en cuanto te encariñas con los personajes y te identificas con su causa, pasan cosas que te cabrean y te sublevan (pero hasta límites insospechados) y ya no sabes qué pensar, y claro, yo ese descoloque permanente lo llevo fatal. En más de una ocasión he cogido mi e-book y lo he metido en el congelador al grito de “¡Ahí te quedas!” y han tenido que pasar a veces hasta semanas para volver a sumergirme, con mucho miedo, en la lectura de sus páginas.

Jon Nieve en el Trono de Hierro

Aquí Jon Nieve, aquí una admiradora, una esclava, una amiga, una sierva: le perdonaré cualquier cosa que haga en el futuro incierto que se nos avecina sin importarme lo más mínimo sus orígenes (que ya me voy yo oliendo la tostada…)

Es una historia llena de pasiones, ambición y ansia de poder, rencores y venganzas, la corrupción más abyecta vs. la inocencia más pura (y viceversa…), traiciones, intrigas, batallas sangrientas y amores truculentos. Y mucha, mucha muerte y destrucción. Dura y cruel como la vida misma. Todo ello escrito en un estilo sencillo pero emocionante, con escenas bestiales y diálogos brillantes llenos de frases para el recuerdo (yo las estoy recopilando, igual un día os las pongo por aquí…) Vamos, una joya que no os podéis perder.

Ya sé que todavía apesto a verano, que no sé nada y que estoy tan verde que meo hierba pero, aunque tenía planeado seguir con mi vida como si tal cosa al acabar “Juego de Tronos” (empeñada en terminarla a pesar de lo orgánica que se estaba volviendo su lectura sólo por el mero hecho de que no soporto dejar cosas a medias), me temo que “Choque de Reyes” es la próxima parada de mi destino. Confiaremos en que los Dioses nos sean favorables…

Sherlock

Sherlock

Últimamente estoy muy inglesa y tal (…and such). Debe de ser que del catarrazo interminable que he pasado se me ha quedado algo de la flema Británica (sí, es un chiste francamente asqueroso, pero peor es el final de “Pink Flamingos”, si no recuerdo mal, que acaba con Divine zampándose la famosa caca de perro aquella, y a John Waters no le decís nada…).

Digresiones absurdas aparte (hoy estoy un poco bestia y terriblemente dispersa, seguro que me sabréis perdonar…), os voy a contar lo que me está pareciendo esta serie británica (pues menudo día les ha ido a tocar…).

Para empezar, ¿qué cosa es esta de llamar al detective privado (o detective asesor) más famoso de todos los tiempos por su nombre de pila, como si fuera un mozo de cuadra? Llamadme antigua, pero como decía La Faraona, “las cosas conforme son”… Y Holmes, siempre ha sido Holmes.

Fuera aparte de esto, la serie producida para la BBC es de una gran calidad (en todos los aspectos: por ejemplo son un gustazo su fotografía, su diseño de producción o su banda sonora) . Actualizan el personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle y sus peripecias en un formato un poco especial: son tres capítulos por temporada de 90 minutos de duración cada uno, lo que hace que debiéramos abordarlos casi como una película en sí mismos, ya que de lo contrario se te hacen largos y te puedes dispersar (yo desde luego hoy me disperso hasta con un haiku, pero bueno…).

Sonrisita

“Mira que sonrisita se me pone cuando caigo en la cuenta del meollo de la cuestión. Elemental…”

Estoy viendo la primera temporada y tengo que decir que el primer episodio, “A Study in Pink”, me parece absolutamente brillante. En él conocemos (y se conocen entre sí) a los personajes principales: Holmes está interpretado por Beneditc Cumberbatch, un actor con una cara inquietante y que la verdad, me gusta bastante como interpreta al sociópata más perspicaz de la literatura; y Watson por Martin Freeman, que directamente me encanta: está contenido, irónico, misterioso de puro desconcierto, sutilmente tierno… y me pone mogollón (vamos, que me declaro fan total y fatal, con ese trastorno obsesivo compulsivo que me caracteriza…). Además la trama del capítulo es muy ingeniosa y morbosa y está muy bien desarrollada y dosificada la información para mantener la intriga.

Watson

Al Doctor Watson lo adoptaba yo…

Aquí también se sientan las bases de la relación entre los dos personajes principales y sus respectivas idiosincrasias, con sus pullitas hacia la homosexualidad latente, los traumas del uno y el autismo del otro, etc. No me gusta nada que todo sea tan políticamente correcto (y no me refiero a que no podamos disfrutar de una escena de ducha compartida en Baker Street, que tampoco estaría mal…) y que se hayan eliminado ciertos aspectos del detective que a mi siempre me han encantado, porque de alguna manera le hacen más humanos.

Holmes y Watson

“No, no somos maricas, pero gracias por preguntar…”

Aparecen también otros personajes clásicos del entorno del detective como la Sra. Hudson (Una Stubbs), el Inspector Lestrade (interpretado por Rupert Graves, un señor que me recuerda a Mourihno, fíjate tú…), y ya se va intuyendo la presencia de Moriarty, y otras cosas que no cuento para no desvelar nada.

El segundo episodio, “The Blind Banker”, también está muy bien, aunque reconozco que me empecé a resentir por su duración y lo tuve que ver en dos tandas, lo que le quitó algo de emoción. En el tercero, “The Great Game”, directamente me quedé dormida y lo tengo que retomar porque creo que lo merece (además creo que se pone muy interesante de cara a la espera de la segunda temporada…).

En definitiva es un serie muy recomendable, pero hay que tener la precaución de cambiar el chip porque no es de las que te puedes tragar varios episodios de una sentada.

Ah, me olvidaba, no hay que comparar con la peli del Dios del Sexo, digo, Guy Ritchie, porque son dos mundos totalmente diferentes. Pero vamos, que ahora que caigo, a Jude Law tampoco lo echaba yo a puntapiés de mi cama (jo, como estamos…)

Spaced

spaced

Con la profusión de series de última generación de que podemos disfrutar últimamente, parece algo extraño irse a buscar algo que se emitió en UK hace ya más de 10 años… Pero si la calidad lo merece (y cuando hablamos de comedia no es tan fácil encontrar algo que de verdad contenga la necesaria combinación de ingenio sarcástico, surrealismo desquiciado y referencias a la cultura pop que me entusiasman) nunca he tenido complejos por disfrutar de algo que está bastante lejos de ser the latest

Además no descubro nada nuevo al decir que, aunque sea incuestionable la calidad de determinadas comedias americanas, hay un punto de crueldad y desencanto en el humor británico que lo hace más cercano a nuestra mentalidad mucho´más cruda y decadente (o a lo mejor es sólo a la mía, who knows…)

Spaced cartoon

El caso es que lo estoy pasando muy bien con esta sitcom (como ya me pasó con la absolutamente hilarante “Black Books”, a la que hace tiempo quiero dedicar un post como merece) que estuvo en antena en 1999 y en 2001 en la tele inglesa por cortesía de Channel 4.

timLa trama es bastante sencilla: Tim Bisley (el ya mundialmente conocido Simon Pegg por obra y gracia de la peli de zombies más divertida que he visto –hasta que llegó “Zombieland”, claro- “Shaun of the Dead”) es un aspirante a artista gráfico que se gana la vida en una tienda de cómics y que acaba de ser plantado por su novia, una arpía que le engañaba y que le ha dejado hecho polvo, además de en la fucking street. Como necesita un sitio donde poder conectar su PlayStation para poder sobrevivir, empieza a buscar piso, cosa que no parece nada fácil en el Londres de finales del siglo pasado.

daisysteinerEn esto que conoce a Daisy Steiner (Jessica Hynes, para mi gusto una excelente actriz capaz de representar como he visto a pocas el exceso de entusiasmo que raya en la ridiculez, tan necesario en la comedia, y que no entiendo como no se prodiga más) una periodista freelance de poco éxito que pretende (tanto en su acepción en castellano como en inglés) ser escritora pero que en realidad es la Reina de la Procrastinación (que es aquello del dejar para mañana lo que no te apetece hacer hoy, sustituyéndolo por cualquier actividad que te resulte mucho más gratificante) con tal de no enfrentarse a la espeluznante página en blanco; no sé de qué me suena eso…

Como Daisy también está buscando alojamiento, deciden fingir que tienen una relación para poder acceder a un pisito muy majo que sólo se alquila a parejas de profesionales (estos también son unos profesionales, pero de lo patético…).

El resto del elenco lo forman Marsha, la casera con pinta de haber tenido una juventud muy pasada de ácido y con una forma de hablar que me recuerda a Riff Raff de RHPS, madre de una adolescente con la que se pelea a muerte; Mike, el inenarrable mejor amigo de Tim que es un militar frustrado y un flipado de las armas y de todo lo castrense, además de un tarugo tarado carne de psiquiatra; Brian, el vecino artista conceptual, por decir algo, porque no sé cómo describir a este híbrido entre Norman Bates y Jackson Pollock; y Twist, la mejor amiga de Daisy, cuya mejor descripción viene de una frase de Tim: “sweet, but stupid, or an evil genius”…

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Las situaciones habituales en la vida de unos jóvenes que se acercan irremediablemente a los 30, tales como la búsqueda de su sitio en un mercado laboral hostil, especialmente cuando se tienen ciertas inquietudes; las relaciones romántico-sexuales (esto es lo que antes se llamaba “amor”, pero parece que en los últimos tiempos esta palabra suena a #ranciofacts twitterianos) : ese jardín en el que uno quisiera no haberse metido cuando se da cuenta de que se está convirtiendo en un pantano; o la amistad y las dificultades para sobrellevarla cuando a veces se parece bastante a una enfermedad congénita… Vamos, los temas de siempre, pero contados de una forma divertida y carente de complejos y aderezada con su correspondiente frikismo generacional.

Hay algo en la serie que te hace pensar que es un proyecto muy personal, real como la vida misma y que te hace identificarte con ella. No en vano está escrita por la pareja de actores protagonistas y dirigida por Edward Right, que se encargó también de “Shaun of the Dead”, “Hot Fuzz” y “Scott Pilgrim vs. the World”, que ya os comenté aquí.

Si se cruza en vuestro camino dadle una oportunidad y no os defraudará…

Misfits (Oh… yeah!)

Misfits
No sabéis lo que me alegra poder decir, antes de terminar el año, que estoy disfrutando de la serie dramática definitiva (o más bien que no es comedia pura y dura, que para eso ya tengo “The Big Bang Theory”) cuando ya estaba por desesperar…
Creo que fue Jm Rod quien me habló de ella por primera vez hace unos meses ya, aunque después de aquello y antes de empezar a verla, había recibido la misma recomendación de otras mentes preclaras que pululan por mi vida (tanto 1.0 como 2.0).
Me daba pereza empezar a verla a pesar de que hace tiempo que tenía los primeros episodios en casa gracias al olfato infalible del Hombre Tecnológico (ahora me arrepiento así que en cuanto pueda empiezo con “Sons of Anarchy” y “The Walking Dead”, que no es que me den pereza, es que me dan lo siguiente, sin embargo sé que luego merecerá la pena…), pero el entusiasmo de cierto amigo (llamémosle Eric, porque me da la gana…) al que vi la semana pasada hizo mella, y el otro día empecé con ella (pareado involuntario…).
Todo comienza con un grupo de ninis ingleses condenados por su comportamiento desastroso a realizar trabajos comunitarios que, durante una extraña tormenta, reciben la descarga de un rayo y a partir de ese momento empiezan a tener ciertos poderes.
Y a pesar de que el punto de partida pueda sonar poco original (la sombra de “Héroes” es alargada…), el desarrollo de cada capítulo lo hace tan único como una pequeña película, los guiones (llenos de suspense) son brillantes (evidentemente relajándose en cuanto a la verosimilitud –y no me refiero a lo paranormal…-) y tiene un sentido del humor negro y corrosivo que se sale completamente del estándar de lo convencional.
De lo mejor que he visto nunca, te atrapa desde el primer momento, tiene una estupenda banda sonora y me entusiasman hasta los títulos de crédito.

Sin embargo lo mejor que tiene son los personajes que conforman este particular “Club de los cinco” (me vais a permitir que esta entrada no esté documentada, pero es que en cuanto lo he intentado me he comido un spoiler de los gordos y ahora mismo estoy todavía en shock…) :
[Los que no la hayáis visto dejad de leer e id a buscarla (bueno, hoy no que es Nochevieja, pero en cuanto podáis…) que a partir de aquí hay spoilers del primer capítulo].
NathanNathan es, de momento, mi personaje favorito. Es un gamba de libro, como corresponde a un cani proveniente de un hogar desestructurado y que por lo tanto, no puede evitar el tratar de llamar la atención haciendo cualquier cosa estúpida y metiendo la pata con sus gracias y salidas de tono.
Tiene mucha gracia el hecho de que, al menos en los primeros episodios que son los que he visto, no haya descubierto si también ha adquirido algún tipo de poder.
AlishaAlisha es una Yeni buenorrísima acostumbrada a salirse con la suya a golpe de teta, y cuyo atractivo sexual es, a la vez, su mayor handicap (demostrando claramente hasta que punto la apariencia física condiciona nuestra vida…) y que, para colmo, gracias al rayo de marras tiene la capacidad de inducir el más irresistible frenesí lujurioso a todo aquel que la toca.
CurtisCurtis es un deportista de físico imponente y, definitivamente, un buen chico que va a pagar muy caro un error.
Veremos como se las apaña para utilizar una capacidad para manejar el tiempo que, estoy segura, va a dar muchísimo juego a lo largo de la serie…
KellyKelly es la Eliza Doolitle de “Pygmalion” (antes de pasar por el pulido fonético del Profesor Higgings) vestida de pokera y con más mala leche que Monidala de SPM.
Su poder es leer la mente (hombre, éste no podía faltar), cosa que a mí personalmente me parece una maldición (ya sé que peor es que te puedan leer la mente a ti, pero vamos, que en muchas ocasiones es muy de agradecer un poco de sincera hipocresía…).
SimonY Simon es el bicho más raro de todos. Callado y retraído, no para de gravarlo todo al estilo del Wes Bentley de “American Beauty”. Tiene toda la pinta de dos cosas: de ser virgen y de tener el congelador lleno de vísceras humanas.
Su poder es el de la invisibilidad (otro clásico) y, desde luego, muy útil para para un aspirante a psicópata ;p.
Con semejante plantel de personajes las situaciones que se plantean son interesantísimas y muy muy muy divertidas.
Lo peor de la serie: que, al menos la primera temporada, sólo tiene 6 episodios. Otra vez vamos a estar como con la gloriosa “The IT Crowd”: always asking for more!!

Totalmente enganchada a The Big Bang Theory…

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Cuando a las 23:30 de la noche te pones a escribir una entrada en el blog para hacer tiempo hasta que pasen los 54 minutos que seriesyonkis te exige esperar hasta poder disfrutar de tu serie durante otros 72 minutos, es que tienes un problema (o demasiado tiempo libre…)

También puede ser que el espíritu de Sheldon Cooper se haya hecho fuerte en ti y que ya no te saques de la cabeza la dichosa “teoría de cuerdas” en lo que te queda de vida (bueno, eso suponiendo que entendiese para qué puñetas sirve o qué es lo que demuestra…)

Es desde luego este Sheldon (Jim Parsons) un personaje peculiar (y tronchante), con su CI de 187, sus dos doctorados y su máster (te da tiempo a todo eso si entras en la Universidad con 11 años, claro), su idolatría por todo aquello que huela remotamente a geek o a freaky, su incapacidad para detectar el sarcasmo o para relacionarse de manera funcional con otros seres de su especie (vamos, lo que viene siendo el síndrome de Asperguer o cierto grado de autismo), su asexualidad (que no deja de ser una variante de lo anterior), su egolatría, su hipocondria y sus millones de fobias, manías, tics y tocs (entre otros muchos trastornos del comportamiento y complejos de todo tipo).

Por tanto uno de los reclamos de la serie es el de poner al Doctor Cooper en situaciones en las que su análisis siempre científico y aséptico se contrapone a la realidad o al sentido común, casi siempre a través del contrapunto cómico encarnado en Penny, la vecina-camarera, una chica sensata y algo frívola pero con grandes habilidades sociales y con una estructura ósea (y su correspondiente envoltorio) bastante bien formada (esto último es un eufemismo bestial para no decir que la chica está buenísima hasta para mí).

La serie es muy divertida y me encantan el resto de personajes principales (Leonard, Walowitz o Koothrappali), pero otro de sus principales encantos para mí es el hecho de devolvernos a algunos de los actores de series míticas de la televisión de mi época de adolescencia:

Como ya sabéis, el propio Leonard está interpretado por Johnny Galecki, el David de “Roseanne” (una de las mejores sitcom que se han emitido jamás, capaz de tocar los temas más polémicos y seguir siendo ingeniosa y divertida, y que además nos permitió disfrutar de la lozana juventud de un George Clooney en todo su esplendor-con-vaqueros-ajustados).

george clooney en roseanne

Roseanne y yo ya nos habíamos percatado del “talento interpretativo” de este chico tan majo…

Y no es el único “reciclado” de la exitosa serie emitida entre 1988 y 1997, ya que incluso la que fuera Darleen (la, ya más fuera del armario que el Golosina, actriz Sara Gilbert) interpreta a Leslie Winkle, científico y némesis de Sheldon. También podemos disfrutar de Laurie Metcalf (Jackie, hermana de Roseanne) como la devota y texana madre de de Cooper.

Pero el remate del tomate es la aparición de Mayim Bialik, nombre que no os dirá mucho, pero que os sonará más si os digo que es “Blossom”, y que interpreta a Amy Farrah Fowler, una versión femenina de Sheldon con la que entabla una relación que no puedo definir, no ya para evitar spoilers, sino porque me siento incapaz…

Aunque no pueda evitar preguntarme qué habrá estado haciendo toda esta gente durante todos estos años, me alegro francamente de volver a verles en “The Big Bang Theory”.

Por cierto, aunque lo he buscado en Internet no he logrado averiguar qué puñetas significa “Bazinga!”, así que si alguien me lo puede explicar, quedaré muy agradecida…

Sexo en Nueva York II: Divino exceso

poster sex and the city


[Puede contener spoilers!]


Queridísimas Carrie Bradshaw, Miranda Hobbes, Samantha Jones y Charlotte Goldenblatt-York:


Como tantas y tantas mujeres (y hombres, pero ¿que discriminación es esta?) del mundo, soy una fan incondicional de la serie (aunque no se hicieran más temporadas más allá de la 6ª, las reposiciones permanentes en Cosmopolitan TV me permiten revivir los episodios como si el tiempo no hubiera transcurrido), de los modelazos de la ahora Sra. Preston (aunque opino que enseñas demasiado el sostén, querida, que ya tienes una edad; y por cierto ¡¿qué son esas bragas enormes que llevas?!) y de los comentarios descarados y totalmente “desprejuiciaos” de Sam (tú no cambies, aunque a tu lado parezcamos todas unas institutrices remilgadas y estrechas) .

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Esto me lo pongo yo en mi pueblo y me apedrean fijo.


Además de haber visto todas las temporadas de Sex and the City varias veces (tanto en versión original como doblada, conozco tan bien vuestros diálogos que podría veros en chino y entendería perfectamente lo que estaba pasando…), hace tiempo que decidí con cual de vosotras me identifico yo (sin lugar a dudas soy Miranda) y con cual mis amigas (manda huevos que, aunque entre ellas haya varias Carries, Charlottes y Mirandas, sólo haya una e indiscutible Samantha, y ¡que ésta sea un tío! –señal de que la liberación de la mujer todavía no está completa, al menos en nuestra generación-), y hasta me estoy planteando seriamente realizar vuestro tour por Manhattan cuando vaya a la ciudad (sí, es una horterada, pero peor es subir a la Estatua de la Libertad).

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¿Ves? Soy Miranda, el azul es mi color…


Esperé con ilusión la llegada del primer largometraje tratando de no creer lo que se decía acerca de las irreconciliables diferencias entre las actrices que os dan vida, concretamente Sarah Jessica Parker y Kim Cattrall (bitches!!), y cuando finalmente llegó el estreno, no pude ir al cine… Pero en cuanto conseguí una copia (pirata, ups!) de la peli, decidí que se merecía lo mejor y la vi con el proyector, aunque tuve que mover los sofás (bueno, en realidad fue el Hombre Tecnológico antes de huir despavorido a la cocina, doble ups!) para recrear una minisala y disfrutar la experiencia como se merecía: no me defraudó lo más mínimo, sino todo lo contrario. Me pareció glamourosa, divertida, conmovedora, y narraba sucesos cruciales de vuestras vidas: Carrie plantada en el altar (Dios mío Mr. Big, ¿cómo pudiste hacernos esto?), Miranda cornuda (que dilema para la cínica abogada), Samantha enfrentada a la monogamia (cuando todos sabemos que sobrellevaría mucho mejor la mononucleosis) y Charlotte… ¡Charlotte se cagó! ¿Qué más se puede pedir?

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Los ochenta: el que esté libre de pecado…


Pero chicas, para ver vuestra segunda película me he tenido que dejar a la sesuda crítico de cine que finjo ser porque sino no me lo iba a poder pasar bien: la historia es insustancial y escapista y todas las situaciones y gran parte de los diálogos son exageradamente paródicos. Habéis (bueno, a vosotras no creo que os hayan dejado meter mucha baza, me refiero a vuestros amigos gays productores) hecho una peli sólo para fans, y así se lo tomó la crítica: escuchar que la franquicia estaba muerta aterroriza a todos aquellos que no queremos que esta fiesta se acabe nunca.

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Pero que cómodas y que fresquitas vamos…


Aun así la he disfrutado muchísimo porque vuestra sola presencia nos hace sonreír, porque el vestuario era más disparatado que nunca (esos modelazos para ir en camello no pueden ser mas “heavies”); porque la boda de Stanford y Anthony es lo más marica que ha parido madre (Liza Minelli interpretando “All the single ladies”, no creo que haya que decir nada más); porque no nos quedamos con las ganas de ver el vestidor nuevo de Carrie; porque Samantha no defrauda en su faceta de depredadora sexual con encanto, ni siquiera con la llegada de la menopausia; por ese lujo asiático que la mayoría de nosotros no podremos palpar jamás (aunque yo no desespero); porque la cantidad de botox por fotograma que vemos en acción no puede ser sana; por ver a Penélope Cruz divina de la muerte fingiendo ser una directora de banco que flirtea con Mr. Big (será perraca!); y porque sale Aidan, el bueno de Aidan, que me encanta desde los tiempos en que era locutor de radio en Alaska…

En este vestidor podrían vivir 50 refugiados ruandeses.


Y desde luego, confío plenamente en que llegaré a veros en la tercera parte Sex and the City (me encantaría que fuera cierto lo que he leído por ahí de que se trataría de una precuela anterior a la época de la serie, más que nada porque si no lo hacéis ahora no lo podréis hacer nunca, que ya se van descolgando las cosicas, chicas) independientemente de que los críticos se os echen encima. ¿Quién necesita una buena crítica cuando puede tener una buena taquilla? (Negaré haber dicho esto ante un tribunal). Guiño

Vuestra siempre,


Monidala

Kath & Kim: Otra serie mala (vs. las que me gustan)

kath_kim¿Soy yo, o a algunos productores de televisión habría que castrarlos sin piedad con unas tijeras de podar? Igual os parece un poco extremo, pero las lumbreras de la NBC que decidieron remakear la serie australiana Kath & Kim no se merecen esparcir su semilla (si son mujeres se merecen también un castigo horrible como una regla perpetua, no se me ocurre nada peor…)

No conozco la serie australiana que lleva cuatro temporadas en antena, pero yo me he tragado dos episodios de la versión americana y me siento tan aburrida como la momia de Tutancamón.

Esta supuesta comedia está protagonizaba por Molly Shannon (una tipa que os sonará pero no sabréis de qué -ha trabajado en bastantes películas reguleras y en los Estates es famosa por salir en el programa Saturday Night Live, que sólo por eso se merece la guillotina, no, mejor el garrote vil, que es más nuestro y hoy paso de gabachadas…-) y por Selma Blair (esperaba mucho más de tí, Selma, aunque para tener dos años más que yo conservas un tipín de veinteañera que quién lo pillara…) que ¿interpretan? a una madre y una hija respectivamente que son una especie de “chicas Gilmore” 10 o 15 años después, si Lorelai hubiera criado a Rory en un camping de caravanas.

La madre es una peluquera más hortera que la mujer de Al Bundy (eso sí que era una comedia), pero sin la mala leche reconcentrada y la hija me ha recordado a Joy la de “Me llamo Earl”, pero sin pizca de la gracia natural y los huevazos que gasta la rubia.

Las tramas pretenden ser tan absurdas como las de Sarah Silverman, pero carecen por completo de la subversiva irreverencia y el sarcasmo brutal de Big S.

Y los gags, por llamarlos de alguna manera, parece que los ha planeado Pepín Blanco, vamos que dan más pena que otra cosa…..

Total, a seguir buscando porque mis intentos de encontrar una serie que me enganche están siendo infructuosos…

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El muro del sonido

phil-spector-gun Me ha fascinado el documental emitido esta noche en La 2 “El tormento y el éxtasis de Phil Spector”, dirigido por Vikram Jayanti. Con un montaje en paralelo, mientras el ya septuagenario genio de la producción musical nos cuenta anécdotas sobre la creación de grandes éxitos de la historia como “Be my Baby” o ”The Long and Winding Road”, podemos ser testigos del juicio por homicidio en el que se le condenó en mayo del año pasado.

Para los que, como yo, vivíais ajenos a la existencia de este estrafalario personaje (aunque sin lugar a dudas su trabajo ha formado parte de nuestras vidas) con nombre de villano “jamesbondiano”, os diré que este descendiente de inmigrantes rusos nacido en 1940 y criado en el Bronx es el creador de la técnica de producción conocida como “Wall of Sound” que consiste en ir añadiendo capas de sonido a través de diferentes pistas hasta conseguir un sonido denso, en ocasiones muy orquestado.

Spector comenzó su carrera musical con el grupo Teddy Bears con el que consiguió su primer éxito “To Know Him Is To Love Him” (el título lo sacó del epitafio de su padre que se suicidó en 1949) , canción que quizá os suene si seguís a la insigne petarda Amy Winehouse.

Esta aventura como cantante y compositor duró poco tiempo y Phil se pasó a la producción, especializándose en los ‘60 en grupos vocalistas como The Crystals, The Ronettes (con cuya cantante principal estuvo casado) o los Righteous Brothers cosechando grandísimos éxitos como todos sabéis.

Él mismo considera que la producción del álbum “River Deep – Mountain High” para Ike y Tina Turner fue su mejor trabajo, y es innegable que es espléndido. En el documental confiesa que toda su vida estuvo esperando tener una cantante como Tina con la que colaborar, tonto que era el pájaro…

Tras unos años de retiro, vuelve a la carga a petición de Lennon y produce la exitosa barrocada de “Let it be” (que McCartney volvió a editar en 2003 en su versión limpia de “arreglos”) y otros trabajos tanto de los cuatro de Liverpool como de Lennon y la china fea.

yoko Sadako antes de salir del pozo.

En 19830 produjo el “End of the Century” de los Ramones, que incluye alguno de sus singles más populares. Spector tenía cierta atracción fatal por las armas de fuego y desde aquel entonces se escucha el rumor de que durante las grabaciones llegó a amenazar a Dee Dee con una pistola para que repitiera un riff y que en una ocasión llego a secuestrar a los de Queens en su mansión (cosa que ellos niegan, aunque supongo que no queda nada bien admitir que este judío pequeñajo y algo chalado los tuvo acojonados un par de días…).

Prácticamente retirado desde entonces, Phil Spector volvió a ser actualidad (a su pesar) el 3 de febrero de 2003 al aparecer en su casa el cadáver de la actriz de serie B en horas bajas Lana Clarkson, muerta de un disparo en la boca. Se llevó a cabo un primer juicio televisado que fue declarado nulo y en el segundo juicio, se le declaró culpable de homicidio en segundo grado y se le aplicó una condena de prisión de 19 años, por lo que no podrá pedir la condicional hasta los 88 años.

Aunque este sórdido episodio ha empañado para siempre el nombre de Phil Spector (él sigue jurando y perjurando que Clarkson, a la que conoció aquella noche, se suicidó) y hay que reconocer que es muy difícil abstraerse de su morbosidad, su música debe permanecer limpia de polvo y paja y pasar a la historia como la gran obra de un auténtico visionario (el tío, que además de no tener pelo tampoco tenía abuela, se llega a comparar con da Vinci) del pop rock.

True Blood? True Bluff!!

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No sabéis la rabia que me da tener que decir que los dos primeros capítulos de la serie “True Blood” me han decepcionado totalmente.

He tardado mucho tiempo en hincarle el diente a este enésimo acercamiento al mundo vampiril que tanto me atrae, precisamente porque quería poder verla (y creía yo, disfrutarla) desde el primer capítulo y en su versión original, debido al buen feedback recibido de ella por parte de gente “de buen criterio”. Pues bien, cada vez me queda más claro que las opiniones ajenas me son poco útiles y que no hay nada como el empirismo en el campo de la crítica.

Y eso que el comienzo de la nueva creación de Alan Ball es de lo más prometedor: la primera secuencia tiene su gracia, y la cabecera es fantástica con unas imágenes que evocan el decadente sur de los ‘60 y una música soberbia e inquietante que parecen presagiar la antesala del infierno.

Pero en cuanto acaban los créditos empiezan los despropósitos:

La protagonista, Sookie Stackhouse, es una camarera white trash telépata(na) con la linda carita de Anna Paquin. Pero ¿qué coño le ha pasado a esta chica que parece que está involucionando como actriz? De niña prodigo en “El Piano”, que le llevó a ganar un Óscar con 11 años (vale, es verdad que eso ya no significa nada, pero…) a prodigiosa X-Woman, siempre me había parecido que improntaba a sus personajes de “un algo más”, de una madurez con un trasfondo similar al que destilaba la propia Natalie Portman… Aquí no. Aquí sólo parece lerda hasta cuando se la supone interesantísima debido a su “habilidad”.

Tiene un hermanito, Jason, interpretado por un tal Ryan Kwanten (un australiano criado a los pechos de la telenovela, mira como la Kylie…) al que hay que reconocerle un cuerpo de escándalo (los guionistas también se han debido de dar cuenta porque rara es la secuencia en la que aparece con algo de ropa encima…). El hermano de marras es otro oligofrénico de no te menees y más obseso sexual que Pajares.

trueblood1 Hay que reconocer que su publicidad es muy chula!!

Luego está la “amigaparasiempre”, Tara (con la cara de una actriz llamada Rutina Wesley, que manda huevos…), que es un cliché con patas: es la típica negra con muy mala leche que habla cabeceando como una gallina clueca y que se supone va dando a los tíos un cortes que los vuelve transexuales, pero a mí lo que me provoca es un aburrimiento mortífero y cada vez que sale en pantalla me entran unas ganas irreprimibles de leerme algún libro de Sánchez Dragó, cómo será la cosa… Para ser más patética, la negra está enamorada del hermanísimo, que parece no percatarse de que la moza está también de toma pan y moja (estos acaban pegándole, y sino al tiempo…).

Como los hermanos Simplones son huerfanitos (los padres seguro que no murieron, sino que pusieron tierra de por medio al descubrir el estrepitoso fracaso de su herencia genética), viven con su abuela, una vieja chocha que parece que se acaba de caer de la última nave espacial que la abdujo, porque tiene toda la pinta de ser titular del Abono Tercera Edad de Ovnis de la zona B3…

Hay algún personaje principal más (en los dos capítulos que he visto todavía no ha salido Alexander Skarsgard, al que conozco por “Paparazzi” y que estoy deseando ver en acción), pero tan anodinos y estereotipados o directamente absurdos que no hay por donde cogerlos (lo del cocinero gay taleguero no lo voy a comentar, que se me enciende la sangre…)

Este elenco de personas tan apasionante y atractivo tienen su hábitat natural en Luisiana, pero no en una Luisiana cualquiera con su rollito cajún y su vudú y tal, no, en la Luisiana en la que los vampiros acaban de salir del armario e intentan integrarse en la sociedad a base de chutes de sangre sintética, mientras que la propia sangre vampírica se ha conviertido en droga de culto por sus propiedades, digamos, “vigorizantes”.

Hasta aquí todo es muy aburrido, pero por lo menos tiene una ligera originalidad y coherencia. Hete aquí que aparece el vampiro protagonista, un sieso llamado Bill Compton (el actor inglés Stephen Moyer, a la sazón, legítimo de la Paquin) que además es un escarnio para los de su clase porque desde el primer momento cae de la forma más tonta en las garras de dos malotes (de esos que cantan por soleares) y le tiene que salvar la camarera emulando a Pícara en una escena que es de vergüenza ajena.

trueblood2_2“ More pathetic TV moment ever”

El guión todo parece estar escrito en un “rato tonto” y no me extraña nada leer que la creación de la serie coincidió con la huelga de guionistas de Hollywood, porque la gente que pergeñó este engendro tenía que estar muy descontenta con su sueldo o algo de eso…

Como el vampiro sieso sólo tiene como 150 años (y ha vivido hasta la Guerra Civil americana), no ha caído en que los malos malísimos se van a vengar de la camarera lerda (ella no lo ve venir porque ya hemos dicho que es muy, pero que muy lerda), así que la apalizan pero a base de bien y el lumbrera ha de salvarla con su propia sangre (pero la pánfila no se convierte, sólo se intensifican sus sentidos y su líbido; no, si a todos los tontos les da por lo mismo…)

A partir de ese momento, se establece un vínculo entre ellos, aunque yo lo que creo es que van los dos muy calientes (ella es virgen, porque su habilidad telepática le ha provocado unas taras emocionales tremendas, además de darse cuenta enseguida de que todos los tíos van a lo que van –cosa que todas sabemos, pero nos podemos hacer las tontas si nos conviene- y él…, él no sé que excusa tendrá pero con lo soso que es, pues cualquier cosa es posible).

“True Blood” está basada en la serie de novelas de Charlaine Harris, “The Southern Vampire Mysteries”, publicadas por primera vez en 2001. Como no las he leído, no sé si el aburrimiento procede ya de la versión literaria o lo ha añadido Alan Ball (no en vano es autor de la también soporífera, pretenciosa y sobrestimada “A dos metros bajo tierra”, que es como los documentales de la 2, que todos decimos que la veíamos y nos encantaba, pero que nos quedábamos sobaos a los 10 minutos porque había capítulos en los que el tiempo se ralentizaba hasta casi detenerse; sí que le reconozco el mérito de escribir “American Beauty”, que me parece una de las grandes películas americanas, que ya es decir).

images -“Pero tío, ¿qué rollo es este?”

-“Tú calla que ya queda menos para que acabe… Por cierto, ¿tú no eres Dexter?”

Tampoco sé si ya estaba toda la trama amorosa y todo ese rollo de que la tía lea la mente de todo el mundo pero que no pueda hacerlo con los vampiros, que es algo que es muy parecido en la saga Crepúsculo (que curiosamente es como el “Gran Hermano”, que todos dicen que no lo ven y que es espantoso, pero después no se lo pierde nadie, aunque sólo sea para criticarlo, lo que me parece de un snobismo pedante que ya no engaña a nadie…).

La historia del bello Cullen y la bestia Bella puede ser muy moñas y romanticona, pero al menos no se esconde tras un disfraz de porno softcore (sólo un poquito de “heavy peating aquí y allá para mantener la tensión sexual no resuelta) y sangre en bote sensacionalista…

Y, por cierto, si al sieso Compton le cogen los Vulturis por banda lo hacen tiras.

[No me apetece mucho, pero es probable que continúe viendo la serie, aunque sólo sea porque hice al Hombre Tecnológico localizarla. Si cambio de idea sobre el True Sopor que me provoca, seréis los primeros en saberlo.]

Más dibujos que molan!

Ayer en una terracita la mar de agradable salió el tema de los dibujos y a día de hoy está claro que hay tres series más que tenéis que conocer si no queréis ser el hazmerreir en el patio de Educación Primaria.

Super Hero Squad

La serie, que se estrenó en septiembre de 2009, está basada en una línea de figuras de acción de Hasbro a la venta desde 2006. Las figuritas son réplicas a escala de personajes de Marvel al estilo super deformed (es el estilo japones de “personajes cabezones” o chibis).



En la serie podemos disfrutar de las aventuras preadolescentes de Hulk, Thor, Lobezno o Iron Man para contener los planes de dominar el mundo del Doctor Muerte. El tono de la serie es de comedia desenfadada y, aunque está enfocado al público infantil, es muy entretenida para los papis que pueden jugar a descubrir todos los personajes que aparecen.

Desde luego, muy recomendable, y una buena manera de iniciar a los más pequeños en el enorme universo Marvel.

Pocoyó

Tierna, divertida, original, moderna… y a la vez didáctica, tiene un estilo tan chulo que su merchandising es irresistible. No nos olvidemos del gran éxito del Pocoyize (el creador de avatares) entre los “sesudos” usuarios adultos de las redes sociales…



Si tenéis niños no dejéis de pasaros por http://www.mundopocoyo.com. Estarán entretenidos un buen rato si queréis disfrutar de unos momentos de relax (y Dios sabe que a veces es necesario).

Una de las mejores series de animación del panorama mundial se hace en España. Bien por los chicos de Zinkia!

Lazy Town

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Esta serie creada por el gimnasta Magnus Scheving (protagonista también de la serie en el papel del energético héroe Sportacus) que combina personajes humanos y marionetas y trata de fomentar la vida sana y el deporte entre los peques.

A pesar de su estilo colorista bastante conseguido, las tramas son un poco sosas y cursilonas, la verdad sea dicha, pero el gran hallazgo es el personaje Robbie Rotten, un villano al que todo le sale mal muy al estilo del coyote, que merecería su spin off.

De ésta no os recomiendo más de un capítulo seguido si no tenéis insulina cerca.