La Femme Fatale en el Cine (IV)

Pequeños míos:

Creo (la certeza es un don que brilla por su ausencia últimamente, así que…) que ésta será la penúltima entrega de esta gloriosa recopilación sobre mujeres fatales y malas, malas, más malas que el veneno. Parece ser que con ella he destapado algún rincón del subconsciente de más de uno (y de alguna otra, ains, cómo estamos de lesbianas últimamente, hijasmías…) así que ahora me toca cumplir y, como vuestros deseos son órdenes, intentar no dejarme ninguna de vuestras perversiones inconfesables.

Oye ¿por qué al releer este párrafo me parece que o: a) está escrito para que lo pronuncie Sam Elliot; o: b) lo he escrito bajo los efectos de enormes cantidades de Jack Daniels? Ah, ya sé, es porque mientras lo escribía estaba escuchando “Black Mud” de The Black Keys, mi último flechazo musical. Mirad, si dais al play y volvéis a leer el párrafo anterior notaréis ese cambio de tono que os decía… No lo haréis, es por eso que no triunfará el Experimental Blogging… (cuando queráis me podéis dar en la cabeza con el ladrillo que venía de regalo con este post, eh?)

No os olvidéis de que a partir de aquí os puede apuñalar un spoiler a traición.

Lola Lola en “El Ángel Azul” (“Der Blaue Engel”, Josef von Sternberg, 1930)

Qué la hace fatal: Tener la cara (y los muslos) de Marlene Dietrich ya fataliza bastante de por sí, pero esta cabaretera de extraordinario nombre (Lola es per se un gran nombre, pero dos veces ya raya lo divino; Monidala Monidala no queda igual, de hecho, resulta ligeramente oligofrénico) no estaba satisfecha con ello y, para demostrar lo tóxica que puede llegar a ser, se casa con el Profesor Rath (Emmil Jannings), obsesionado con ella. Lo arruina, lo humilla y finalmente lo abandona.

Cómo acaba: Pues tan ricamente. El Profesor no, él acaba muriendo miserablemente, pero ella sigue su vida sin inmutarse, que para eso es “Die fesche Lola” (la “salada” Lola).

Lola Lola “¿Tú ves esta pose enseñando cachamen con ligueros y sombrero de copa, Compañera Fea y Bigotuda? Pues esto no lo van a superar en 100 años, y si no, al tiempo…”

Dolores Haze (Lolita) en “Lolita” (Stanley Kubrick –uy mirad que cosa graciosilla he encontrado sobre sus pelis-, 1962)

Qué la hace fatal: Otra con nombre estupendo (Monidalita ya sí que suena a boba sin remedio…) que consiguió además que pasase a la historia como el apelativo genérico para estas adolescentes sexys y un poco frescas que gustan tanto a los hombres, sobre todo a partir de cierto rijoso momento de sus vidas (bueno, o por lo menos a partir de ese momento no se cortan en decirlo…). Aunque el personaje original de Nabokov tenía 12 años, en la peli lo subieron a 14 y Sue Lyon tenía 16 (así que os podéis relajar, que no sois tan pervertidos XDD).

Lo que la hace fatal es seducir a James Mason (interpretando al novelista Humbert Humbert, otro con nombre doble pero este no queda tan guay) y volverle loco de remate de celos y lujuria. Se casa con su madre para estar cerca de ella y casi la mata. Al final acaba liquidando al tipo con el que Lolita se escapa y acaba siendo condenado a muerte (la pena de muerte me parece atroz, pero hay que reconocer que como final para una peli es bastante impactante…) pero muere antes de trombosis coronaria, irónicamente.

Cómo acaba: Embarazada de un tercero pero con 13.000 dólares en el bolsillo que le da su “padrastro” Humbert (bis), que quizá la ayuden a esquivar un destino de white trash como una casa…

Lolita “Mira que es aburrida la adolescencia en los ‘60 sin móvil, Tuenti ni una mísera Nuevo Vale…”

Matty Walker (a.k.a. Mary Ann Simpson) en “Fuego en el Cuerpo” (“Body Heat”, Lawrence Kasdan, 1981)

Qué la hace fatal: Kathleen Turner es la Mantis Definitiva en este thriller altamente erótico (madre mía, esto es un calentón y los demás somos putos aficionados…) en el que seduce al abogado Ned Racine (un William Hurt con unos biceps más que aceptables ;p) para que asesine a su rico esposo y la ayude con ciertos problemas con el testamento.

Cómo acaba: Al final se sale con la suya y deja al tonto de Ned con un palmo de narices y cargando con la culpa mientras a ella la dan por muerta y se escapa con todo el pastizal a algún lugar exótico, lo que siempre soñó desde que era la “vamp” del instituto.

Matty Walker“No deberías llevar esa ropa.” “¿Por qué? Sólo es una blusa y una falda.” “Entonces no deberías llevar ese cuerpo”. El mejor cumplido de la historia de la humanidad.

La Femme Fatale en el cine (III)

Otra tanda de mujercísimas mientras nos vamos acercando al final de la serie.

Alerta: Spoilers a tope!

Rose Loomis en Niágara (“Niagara”, Henry Hathaway, 1953)

Qué la hace fatal: Pues os va a sonar a déjà vu, pero esta mujer con el impresionante cuerpo, la magnética cara y la sensualísima voz de Norma Jeane planea el asesinato de su marido (Joseph Cotten) neurasténico y celoso (que digo yo, ¿no era más fácil dejarle? Porque éste no tiene restaurante, ni es rico ni nada que se pudiera sacar de él, -a no ser que no me enterara yo bien, que la he vuelto a ver hace poco y el DVD no tenía subtítulos en castellano y tuve que ponerlos en inglés para sordos o como se diga de forma políticamente correcta: lo que tiene comprar pelis en países extranjeros…- Es que ya es matar por matar…). Y celoso con razón, porque Rose tiene un amante, un chulo cascadas, que ha sido agraciado con el dudoso honor de ser el encargado de dar matarile al esposo.

Cómo acaba: Fatalmente. El plan de asesinato fracasa cuando el marido se carga al amante. Entonces le entra un sed de venganza que no cesa hasta acabar estrangulando a Rose en una siniestra torre para, finalmente, terminar muriendo (bueno, se supone…) al caer por la espeluznante cascada del título al intentar huir en un barco.

Norma

Esta mirada de soslayo con boca entreabierta está siendo analizada por científicos de la UCLA Prostate University como potencial causante de eyaculación espontánea.

BTW: Niagara Falls me parece un lugar espantoso para pasar una luna de miel, un Congreso de vendedores rapaces o el puente de la Constitución. Todo el día con unos chubasqueros amarillos horrorosos y botas de agua que ya se han puesto antes la mitad de la población occidental del planeta y la cara siempre mojada (para los que lleváis gafas debe de ser el acabose). Yo soy de secano.

Jessica Rabbit en “¿Quién engañó a Roger Rabbit?” (“Who Framed Roger Rabbit”, Robert Zemeckis, 1988)

Qué la hace fatal: Que la han dibujado así (y tener la voz de Kathleen Turner). Porque la verdad es que a este “dibu” de infarto, a pesar de su comportamiento extremadamente sexy y tentador y de ser sospechosa de asesinato, lo único que se le puede reprochar es haber estado jugando a “patty-cake” con el magnate Marvin Acme (y si la infidelidad hiciera “fatal”, yo no acabaría esta serie en los días de mi vida…).

Cómo acaba: Pues justo así, volviendo a casa con su maridito a seguir su vida de pareja asimétrica. Un happy ending, por fin!

Jessica Rabbit

Ver esto y sentirse un critter es todo uno. Pero tampoco la envidio porque para tener esa cintura habría que llevar los riñones en el bolso…

Gilda (Mundson Farrell) en “Gilda” (Charles Vidor, 1946)

Qué la hace fatal: Pues en realidad a esta mujer, indisolublemente unida a la melena pelirroja de Rita Hayworth, le pasa como a Jessica: que es todo fachada pero luego es una mujer decente que sólo ha cometido el pecado de enamorarse de Johnny Farrell (Glen Ford) al que puedo definir utilizando una canción de la Más Grande: “Es un gran necio, un estúpido engreído, egoísta y caprichoso, un payaso vanidoso, inconsciente y presumido, falso enano rencoroso que no tiene corazón. Lleno de celos sin razones ni motivos, como el viento, impetuoso, pocas veces cariñoso, inseguro de sí mismo, soportable como amigo, insufrible como amor.” Ofú, qué a gusto se queda una…

El caso es que el “enano rencoroso” siempre ha pensado que ella le fue infiel, así que mantienen una relación de amor-odio cuando vuelven a encontrarse siendo Gilda la nueva esposa del jefe de él.

Cómo acaba: Dando a Munson por muerto, se casan, pero Johnny sigue en sus trece hasta que un amigo común le hace ver que Gilda es irreprochable. El marido no estaba muerto (que estaba de parranda), e intenta matarles pero al final se libran de él y se van del país. Siempre pensaré que Gilda es mucho arroz pa’ tan poco pollo…

Como en su día ya puse el famoso “Put the Blame on Mame” (con bofetada incluida…-léase con indignación-), os pongo este otro número en el que se ve cacha y six pack.

Ya aviso que a Rita la tendremos en otro papel en el que sí que es Femme Fatale al uso, pero eso será otro día…

La Femme Fatale en el cine (II)

Mae West

“El sexo es como el bridge: si no tienes una buena pareja, más te vale tener una buena mano.” Si no la menciono en lista es porque Mae West se sale de la tabla. Ella era fatale inside, por encima de cualquier papel que interpretara.
Continuamos con las mujeres más fatales de la historia del cine y ojo, que no sólo de años ‘40 y ‘50 se alimenta este sociedad secreta a la que, eso sí, sólo las más destructoras féminas tienen acceso.
Antes de empezar, contaros algo que olvidé en la anterior entrega: también existe el hombre fatal. Aunque no es habitual, queridas amigas (y amigos gays), si alguna vez se cruza en vuestras vidas un Heathcliff [los que no hayáis leído todavía “Wuthering Heights” (“Cumbres Borrascosas”) no tenéis perdón de Dios, anda que ya os vale, ¿eh? No os quito el carnet del Club, pero considerad éste el primer straight], lo único que se me ocurre que podéis hacer es huir, huir sin mirar atrás, antes de que os devore con su arrolladora fuerza atormentada y aniquilante.
Heathcliff in the storm
“A mí es que, cuando hay tormenta en el páramo, me gusta meterme debajo de un árbol. Soy así de chulo…”
Reitero la advertencia de spoilers a cascoporro.
 
Cora Smith en “El cartero siempre llama dos veces” (“The Postman Always Rings Twice”, Tay Garnett, 1946)
 
Aunque muchos recordaréis mejor la versión que hizo en 1981 Bob Rafelson con Nicholson y Lange (sí, sí, la de la mesa de la cocina…), a mí la que me gusta es ésta con Lana Turner (con su aparición deslumbrante) y John Garfield.
Qué la hace fatal: Hombre, si asesinar a tu marido en complicidad con tu amante para quedarte su restaurante no es fatal, que venga Dios y lo vea…
Cómo acaba: Pues siguiendo la moralidad imperante, bastante mal. Aunque se libra en un juicio, termina muriendo en un accidente de coche. Ironías de la vida, su amante acaba siendo acusado de su muerte y él y sus pulmones disfrutando de la cámara de gas.
La frase: “A mí no me gusta mi apariencia, pero nunca encontré un hombre desde los 14 años que no quisiera convencerme de lo contrario.”
Esto me ha recordado la aguda reflexión que Sonia proponía en su comentario de la anterior entrega: ¿La mujer fatal nace o se hace? Yo ya contesté que, en mi opinión, se hace. Por lo general son mujeres con una pasado de abusos o, cuando menos, su experiencia con los hombres no ha sido nada positiva. Condicionadas por su físico, han aprendido a utilizar en su favor el efecto que provocan en cuantos varones se cruzan en sus vidas.

Turner y Garfield

“En cuanto nos libremos de mi marido, lo siguiente que hago es comprarme una Thermomix. Me han dicho que sale un gazpacho buenísimo.”
Madeleine Elster en “Vértigo” (“Vertigo”, Alfred Hitchcock, 1958)
 
Qué la hace fatal: Judy Barton (Kim Novak) es una muchacha sencilla que se presta por dinero a hacerse pasar por la esposa poseída de un asesino que ha tramado un elaborado plan para eliminarla, utilizando para ello sus encantos para seducir al detective con acrofobia Scottie Ferguson (James Stewart).
[Que conste que la pobre Judy es una víctima, pero en la primera parte de la película, en su caracterización como Madeleine, paradigma de la mujer enigmática por excelencia, es una auténtica mujer fatal.]
Cómo acaba: Tras engañar a Scottie y, por ende, a las autoridades, se enamora del detective que ve en ella a la difunta Madeleine. Cuando éste la descubre, en la catarsis del momento acaba teniendo el mismo final que la difunta a la que encarnaba, precipitándose desde el campanario de la Misión de San Juan Bautista. El pobre Scottie se cura de la acrofobia, pero sólo años de terapia le recuperarán de su necrofilia.
Vertigo
Nena, cuando tu hombre está enamorado de un fantasma, nada de lo que hagas te ayudará a recuperarlo de forma tan eficaz como morirte.
Catherine Tramell en “Instinto Básico” (“Basic Instinct”, Paul Verhoeven, 1992)
 
Qué la hace fatal: A mí me gusta mucho más esta película si pienso que el picahielos de la escena final es la prueba de que la astuta escritora se ha cargado (o inducido a otros con su fatalidad para cargarse, que para el caso es lo mismo) a 11 personas según mis cuentas… Para todo ello, y como no podía ser menos, Catherine Tramell (Sharon Stone) no sólo seduce al detective Nick Curran (Michael Douglas), no, eso sería demasiado fácil… La tía se pasa por la piedra a media peli (vamos, que a los/las que no se cepilla de una manera se los/las cepilla de otra, o de las dos).
No he visto la segunda parte, pero me da que debe de ser como “Matrix Reloaded” (de “Revolution” ni hablemos…), algo que nunca debió hacerse…
Cómo acaba: Como en los ‘90 la moralidad había cambiado bastante, la Femme Fatale consigue librarse de todo y la dejamos en la cama con Nick, proporcionándonos uno de los finales abiertos más famosos de la historia del cine.
Sharon Stone
“¿A qué adivino lo que estáis pensando? ;p”