Pearl Jam y mi juventud perdida


Esta semana Rock Reaktor (Radio 3) ha dedicado su programa a esta banda que, como a muchos de los que estamos más cerca de los 40 que de los 30, nos está acompañando a modo de score a través de nuestras peripecias vitales (o esta cagada con momentos de brillantez que llamamos vida…)

El descubrimiento de Pearl Jam me pilló en ese pequeño infierno lleno de inseguridades y esperanza conocido como Secundaria. Mi primo David, que es tres años mayor (cúanto se notaban a veces esos tres años y poco otras…), nos trajo a casa el “Ten” en vinilo y mi hermano se lo grabó en una TDK que tenía por la otra cara Alice in Chain (de los que siempre me atrajo esa oscuridad sin límites). Son incontables los viajes en coche y las “post raves” (o mañanas de bajón) que habrá amenizado esa cassette en años sucesivos.

Si Nirvana se adaptaban como un guante al lado más depresivo de finales de mi adolescencia, Pear Jam eran la rabia, la rebeldía y el grito de batalla encarnado en la voz de Eddie Vedder. Era una época en la que todo estaba por escribir, donde cada experiencia era “la primera vez”, donde te sentías atrapado entre la multitud de opciones porque TODO ERA POSIBLE.

Entonces había que tomar decisiones, aceptar desengaños, asumir los errores, pedir perdón, ya sabéis… madurar. Y este es el camino que han seguido también en paralelo Pearl Jam, negándose a permanecer anclados a un estilo a medida que sus propias vidas les llevaban por diferentes caminos.

Yieldcoincidió con la llegada de una nueva esperanza una vez alcanzado ese punto en que, tras sucesivas crisis de identidad, acabas por reconocerte a ti mismo y empezar a querer (vale, sí, siempre con algún toque de autocompasión) a esa persona bastante perdida y que, como Walt Whitman, alberga multitudes, que eres tú mismo.

Pero esos momentos de lucidez se vuelven a ver enmarañados entre la multitud de sucesos de finales de los 20 y principios de los 30, periodo en el que te acaban pasando las cosas que definen lo que será el resto de tu vida: trabajos que acaban por dibujar qué será tu carrera; relaciones (cortas, largas, one off; tormentosas, felices, carentes de sentido) que te marcan emocionalmente; amistades que pasan y amistades que perduran; viajes y experiencias que te enriquecen o que te llevan hasta límites inesperados…

De esa forma cuando en los 30 echas la vista atrás, descubres que además de tus grandes éxitos tienes una colección de rarezas y caras B dignas de un recopilatorio, algo así como tu “Lost Dogs” particular.

 


Y la vida sigue, y el mundo cambia, y la movida en el nuevo siglo está en Internet, y los Pearl Jam que son muy cucos, editan allí sus discos; y yo, que siempre llego un poco tarde a todo (pero hay que saber llegar, como dice la Ranchera) he empezado a dejar de ser sólo usuaria para tratar de aportar algo y de paso seguir rayando a mis amigos, ahora en formato digital.

Una nueva reinvención de mí misma, una nueva etapa, un nuevo comienzo (“back again and back again“) y por supuesto, una nueva esperanza para seguir soñando y para creer que la vida será aquello que queramos que sea(o que la juventud, como época de aprendizaje) puede durar aquello que queramos que dure.

[Sé que me he puesto un poco nostálgica y oscura (casi Emo) así que rezo porque no se topen en mi camino Radiohead…]

Si os interesa hacer este viaje por vosotros mismos (y echar alguna lágrima en memoria de vuestra inocencia perdida), aquí tenéis el programa listo para escuchar.

P de Pearl Jam (Rock Reaktor)