Django Unchained (Quentin Tarantino, 2012): Idolatría irreverente

Me las prometía muy felices pensando que ya no tendría que romperme los sesos para redactar una crítica de “Django Desencadenado”.  Tarantino es una de mis debilidades pero me resulta muy difícil explicar qué me gusta (y qué no) de sus películas de una manera racional. El destino ha querido que tenga que hacerlo y en las condiciones más restrictivas posibles: un ejercicio del curso de crítica en el que debía evitar los adjetivos orgásmicos pero en realidad vacíos de significado (vamos, lo que viene siendo mi sello autoral), aportar argumentos cinematográficos teniendo en cuenta la dimensión plástica y sonora de la película y no sólo la narrativa y elaborar el texto a partir de una premisa que se fuera desarrollando. Eso sí, todo ello sin olvidar el sentido del humor, cuidando la escritura y, lo que es peor, reducido al espacio de 3.500 caracteres con espacios. En espera del veredicto de mis profesores, me someto al vuestro.

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